Mientras escribo esta nueva página del diario me encuentro escuchando Variations on a Theme of Chopin de Rachmaninov, obra interpretada por Idil Biret; y ahora por fin conozco la estrecha relación existente entre Chopin y Rachmaninov; si bien siempre sostendré que los mejores intérpretes de Chopin son los capaces de adivinar su fina ironía y ser capaces de reflejarla, aunque este no sea el caso de Rachmaninov, músico que presidió en compañía de Thaikowski las primeras etapas de mi vida. Y por cierto que ahora también durante estos días de delicioso verano meridional, para los que sepan prescindir de los sistemas de refrigeración y del aire acondicionado, para preferir acogerse a los viejos ventiladores y crear una temperatura fresca natural dentro de sus propios hogares, se cierra un ciclo, para empezar otro, desde mi lectura hace años de
Las olas de Virginia Woolf hasta la reciente de
La bondad de las mujeres de J G Ballard que recomiendo vehementemente. Pero también estoy desentrañando una de las publicaciones más divulgadas durante los últimos tiempos en Madrid, y que no es otra sino la que lleva por título
COLECCIÓN, y que constituye el catálogo del
MUSEO NACIONAL CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA, donde se afirma en uno de sus apartados, en concreto en el nº 104, titulado
FUERA DEL MARCO: ACCIÓN, TEATRALIDAD Y POESÍA:
"el precedente de Marcel Duchamp y su Green Box juega un papel fundamental al situar el acto específico de interpretación, ya sea por parte del artista o del espectador, como único elemento enmarcador de sentido en un universo absolutamente accidental (…)"
O lo que es lo mismo, que dependemos de la habilidad, o al menos de la sensibilidad del intérprete sobre
un universo absolutamente accidental según la teoría así expuesta, de lo cual me atreveré a poner un ejemplo muy próximo.
En fechas muy recientes la comunidad de vecinos de la que soy miembro, situada en pleno centro de Madrid, sufrió un aparatoso y repentino apagón de luz que fue la consecuencia de una elevación casi inaudita de la tensión eléctrica, en opinión de los técnicos de la Compañía cuando acudieron urgentemente a la primera llamada de averías, aludiendo misteriosamente a “algo ocurrido bajo tierra”, sin que nunca se pudiera llegar adesentrañar este misterio, por lo que sin haber sido posible conocer el origen del siniestro no tuvieron más remedio que ejecutar una instalación nueva algunos días más tarde.
Como consecuencia de la avería, fueron muchos los daños que pudieron contarse entre los ocasionados a los vecinos, algunos de los cuales aseguraron haber visto salir humo de sus aparatos de televisión a la hora de las noticias del mediodía, momento en el que ocurrieron los hechos; quedando inservibles, a partir de entonces, ordenadores, electrodomésticos de todas las clases, sistemas de ventilación, aires acondicionados, cargadores de teléfonos móviles, y hasta una cama ortopédica. (En mi caso, la única baja que tuve fue la de mi fax, aunque ya he sido indemnizada por mi seguro).
Al principio, la sensación general fue sin embargo la de haber quedado abandonados a nuestra propia suerte. La última instancia a la que se podía acudir era a la de conversar con una recepcionista del servicio de atención al cliente de la compañía eléctrica. ¿Pero a quién se podría responsabilizar de la situación adversa? ¿ A los accionistas o a los directivos de la entidad mercantil, a los empleados de la empresa, al “sistema”? No, el verdadero
enemigo oculto, aquel que creemos que dispone anónimamente de nuestras vidas, y mueve los hilos de nuestra existencia sin ninguna piedad, es nuestro propio estado de necesidad; y una ilusión, hasta cierto punto, pues no somos tan dependientes como tememos, al estar todavía integrados en culturas y tradiciones muy completas. Aunque nos parezca que no, si nos desenchufamos (por emplear una expresión muy extendida en algunos debates de la actualidad) aún hoy podemos mantenernos vivos y despiertos, y disponer de muchos recursos.
“Como es sabido, todo ser humano lleva representados en su subconsciente una serie de deseos, impulsos, temores, etc, que durante el sueño se manifiestan simbólicamente. El psicoanalista interpreta estos símbolos, descubre la naturaleza de sus motivaciones y los actualiza en la conciencia de su paciente, inutilizándolos, por así decirlo, como agentes perturbadores de su equilibrio mental y emocional. Los “persuasores ocultos”, empleando una técnica semejante, “disparan” los deseos adquisitivos que hay en la subconsciencia del presunto comprador, sobre unos objetos - automóviles, refrigeradores, televisores, etc. - que han sido revestidos simbólicamente, de forma que “prometen” a su subconsciencia la realización, al adquirirlos, de sus deseos, o la liberación de sus temores”,(PATOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD, M. Blanco Tobío).
En uno de los largos paseos cotidianos a los que acostumbro, pues para mí "callejear" (como las “mujeres de la vida”) es una de las formas que adopta el pensamiento, (y por cierto que tanto el impulso erótico como las ideas tienen en común el mismo órgano: el cerebro, y la instancia de la razón), tuve la oportunidad de asistir a una manifestación del subconsciente social, cuando escuché a una representante del sexo femenino animar a sus acompañantes, que se encontraban en las proximidades del Museo del Prado, para que entrasen a ver la exposición de
SOR-A-LLA…………