Veo el número de mujeres muertas en España a manos de sus parejas durante
el pasado año: sesenta y nueve. En lo que llevamos de éste ya van quince. Triste récord si pensamos que son todos los que están: es decir, si esta recién apellidada violencia (aunque ya bien conocida) no ha dejado sin identidad a otras de las que la sociedad, ahora, se lavará las manos.
Un anciano ha matado a su mujer enferma de Alzheimer y luego ha intentado suicidarse. Y sin embargo los periodistas hablan de violencia de género, en lugar de sacar a la luz la falta de ayuda, el abandono, en el que viven tantos de nuestros ancianos. Un perturbado viola a una niña, y se habla de violencia de género antes de preguntar por qué la administración sanitaria ha terminado por despreocuparse, casi totalmente, por las enfermedades mentales. Un amante despechado, un hombre por lo demás sin un significativo historial de violencia, asesina a los amantes clandestinos: violencia de género. El defensor esgrimirá "trastorno mental transitorio", pero nadie mencionará aquella expresión tan en boca de las chicas de servir hace medio siglo y que ya hemos perdido: crimen pasional. Y una duda: ¿en cuántos de estos ochenta y cuatro casos los implicados eran inmigrantes? Y otra: ¿hay regiones más castigadas que otras? Por otra parte: un imbécil atropella varias veces a su vecina y se da a la fuga; pero como no se puede demostrar la existencia de una relación sentimental entre víctima y verdugo el tribunal desestima que se trate de violencia de género.
- Suñén, te aconsejo que te expliques cuanto antes. Creo que estás mosqueando a un montón de gente.
Tiene razón (siempre la tiene). Lo que quiero decir es que tras el asunto de la violencia de género (prefiero "violencia machista") se enmascaran otras discusiones igualmente necesarias. Si finalmente la cifra se reduce a cincuenta (por ejemplo) seguirá siendo un triste (y escalofriante) récord (punta mortal de un iceberg peligrosamente a la deriva); pero los casos quedarían catalogados según la particular responsabilidad en ellos de eso a lo que llamamos "el sistema" (policial, preventivo, sanitario, educativo, social o de integración). Eso limpiaría el debate y contribuiría, sin duda, a la búsqueda de soluciones. En este, como en otras tantas cuestiones, lo que deseo es poder decirle a los políticos que lo que más miedo me da es el miedo de ellos. El miedo de nuestros gobernantes (a judicializar el problema, por ejemplo) nos puede conducir a terminar habitando en una sociedad de víctimas...
- Modificar la ley, aplicar la ley con contundencia, fomentar la denuncia, seguir cada caso con toda seriedad y cuidar de la educación como el buen editor cuida su prólogo, resume Raquel. -
No basta levantar al débil, hay que sostenerlo después.
Me pregunto si éramos mejores cuando leíamos Otello y comprendíamos lo gratuito de la violencia del moro veneciano como una parte de todos que debemos aprender a erradicar, si éramos mejores cuando leíamos Edipo y comprendíamos la necesidad de los protocolos de circulación y paso, si éramos mejores cuando aprendíamos, con Segismundo, que la ética es la tercera persona de una trinidad cuyas otras dos son yo y los otros. Quizás no. Pero creo que olvidar que la capacidad didáctica del relato, del arte, es muy superior a la de la información, tampoco nos ayuda gran cosa. "El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos", dejó dicho el genial Shakespeare, "dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje".