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Blog de Juan Carlos Suñén

Escuela De Letras

Sobre las rosas se puede poetizar,
tratándose de patatas hay que comer.
Johann W. Goethe

Enlace permanente Carlos Álvarez-Ude


Por: Juan Carlos Suñén
Categoría: Diario | Comentarios Comentarios [] | 10 Feb 2010   03:06:33
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He estado en el homenaje a Carlos Álvarez-Ude, el día ocho, en el Círculo, creyendo que se presentaba su libro de poemas y que lo de homenajearle iba a ser una sorpresa. Nadie me advirtió que era todo lo contrario, así que para gran regocijo de algunos de los presentes a punto estuve de meter la pata. Son divertidos estos actos en los que, con independencia del motivo, nos juntamos los habitantes de esa especie de piscina pública elitista que es la cultura de la tribu.

- Hola José Luis, me saluda una señora de buen ver y juvenil vestimenta.
- Hola Rosa.
- Juana. Me llamo Juana.
- Perdona, Juana, estoy tonto.
- No te preocupes José Luis.

No me preocupo. En el fondo disfruto del hecho cada vez más constatable de que la vejez nos ha ido dulcificando a todos por igual hasta el punto de que, realmente, ser reconocidos se nos antoja ya mucho menos importante que ser saludados.

- ¡Cuánto tiempo!, quien quiera que seas...
- Mucho, tú.

El homenajeado no tiene buena cara, pero tiene cara de bueno. Inmediatamente sé que estamos ahí por eso (lo primero) pero sobre todo por eso (lo segundo). Han venido algunas celebridades a las que nadie conoce y algunas celebridades a las que nadie conocerá nunca y que somos nosotros, los que hicimos esto y aquello por una poesía permanentemente caída en desgracia. También ha venido muchísimo público si consideramos que se trata de un acto cultural. No había visto tanta gente desde que Alberti volvió del exilio con aquella melena rubia platino. Me toca hablar el primero. Don Víctor García de la Concha será el último ya que los últimos serán los primeros, etc...

Me toca hablar el primero porque soy el que vive más lejos, digo yo, y como lo que dice el primero es lo primero que se olvida puedo ser sincero: a veces pienso que aquello no pasó, que en realidad nunca estuvimos allí, que éramos (y esto viene a cuento de que el ocho de febrero de 2010 se celebran precisamente los cien años de su fundación) una especie de Boy Scouts algo herejes (y de buena familia) empeñados en ayudar a nuestros maestros mayores a cruzar la peligrosa autopista de la modernidad, con más miedo que vergüenza y sin advertir, ingenuos, que íbamos a ser los primeros atropellados por el inclemente e irreverente tráfico de lo posible.

Seguramente -y pienso ahora en trabajadores como don José Luis Cano, no sólo en Carlos Álvarez-Ude- el prestigio universitario y la cultura en tiempo real nunca estuvieron tan cerca, nunca se mostraron tan amistosamente cómplices como en esa época de juventud democrática y osada praxis. El alma de aquellos trabajadores, por cierto, nunca albergó ni honores ni prelaciones. Lo suyo era responsabilidad y buen gusto. Ya no es tan fácil toparse con esas dos cualidades (y menos aún verlas juntas), pero no importa. En serio, no importa.

No importa porque al final lo que recuerdo, lo que me sirve aún, es la proximidad de algunos interlocutores sólidamente instalados en mi corazón como en los trasiegos de la cultura. Y entre esos interlocutores Carlos (que jugaba de media punta invisible) ocupa un lugar de honor. Eso es: de honor.

Vale. Puede que a estas alturas nuestra memoria parezca un campo de fútbol, pero tontos no somos (a la vista está) y ya teníamos previsto esto de homenajearnos unos a otros en cuanto hubiese la menor oportunidad. Carlos, con su libro, nos ha dado una muy buena, sin duda, pero no quería yo hablar de su libro (tiempo habrá) como no quería tampoco hacerle un homenaje más allá de comernos un botillo bien regado, y seguramente no fue otra la primera intención pero las cosas una vez más se nos fueron de las manos y allí estaba yo, hablando el primero.

No, digo. Lo que yo quería era hacerle un regalo a Carlos, y así se lo notifiqué a mis compañeros panelistas que se mostraron encantados. El regalo (de momento puramente mental) consistiría en lo siguiente: La EDLBB (Escuela De Letras Blues Band) de la que como sabéis soy batería, grabaría un disco compacto (CD, que todo hay que aclararlo) con algunos temas clásicos y no tan clásicos, a saber: "Mack the Knife" sería interpretado (obviamente al mejor y más puro estilo Boby Darin) por don Germán Gullón, "Cheek to cheek", dulcemente escobillado por un servidor, sería amorosamente susurrado por doña Ruth Toledano (nuestra particular Ginger Rogers); ambos a dúo (Toledano-Gullón o, si lo prefieren Ginger & Boby) cantarían a continuación el tango titulado "Las Ínsulas extrañas", escrito para la ocasión con gran esmero porteño por doña Noni Benegas. Para evitar el mercado pirata y dignificar el producto alejándolo del Top-Manta, éste se acompañaría de un pliego de cordel conteniendo un no por sesudo menos tierno prólogo de don Miguel Casado.

Y ustedes dirán que una cosa así nos iba a salir muy cara, carísima. Pues se equivocarían, porque el amigo don Víctor García de la Concha, generosísimamente, se ha ofrecido a pagarlo todo, copas incluidas, con una virutilla o esquirla, lasca o bledo (que de tantas formas puede decirse) de su recién estrenado y flamante Toisón de Oro.

- Y todo ello, Carlos, te sería servido en una carlinga de avión rebosante de huevo hilado.

Pero (pero) tardaremos aún un poco en tenerlo listo, así que paciencia. Hasta entonces tengo que conformarme con asistir al homenaje, darle un beso de corazón, y transmitirle mi agradecimiento de amigo a Carlos. Por todo. Tengo que conformarme con eso, y él también.

Así fuimos hablando uno tras otro (el último don Víctor, como manda el protocolo) encantados de celebrar al viejo amigo en tan rancia sala y quizás, quizás, faltó preguntarle al público si quería añadir algo. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor Ruth, maestra de ceremonias, lo hizo durante los breves instantes que aproveché para largarme al servicio a echar un pitillo a hurtadillas. Lo confieso, pero no fui el único. Allí estaba también mi buen amigo el poeta José Carlos Cataño, haciendo lo propio.

- Parece mentira Suñén, me dice. - Todos estos años y acabamos como empezamos: fumando a escondidas en los lavabos.

Amén.


Enlace permanente Es lo que hay


Por: Juan Carlos Suñén
Categoría: Diario | Comentarios Comentarios [] | 07 Mar 2010   14:39:20
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Leo en el periódico por antonomasia (que es el Diario de León) que los castellano y leoneses son los españoles que menos basura producen. Ya sé que no es justo, pero es lo que hay y se puede leer de varias maneras. Puede entenderse, en primer lugar, que los castellano y leoneses no tiran nada, lo cual es cierto. Un servidor, por no andar rebuscando ejemplos más fatigosos, reparó hace unos días la caldera de casa con un cordón huérfano, de zapato, que, por motivos por los que un servidor ya no se pregunta nunca, guardó en la caja de la herramientas en lugar de tirar a la basura, o al fuego, y eso que no lleva tanto tiempo empadronado. Pero el asunto de la caldera me deja de paso en la segunda lectura, que es esta: los castellano y leoneses no producen tanta basura como los españoles no castellano y leoneses porque la queman. Aquí hace un frío capaz de dejarle a uno ciego, así que la cosa no es tan rara, y además el combustible (que debería de ser tan gratuito como el agua) es caro, así que las bolsas del Carrefour y las mondas de membrillo van al fuego junto a las colillas y las hueveras. Dicho de otra manera: los castellano y leoneses producen menos basura que el resto de sus compatriotas porque lo compensan produciendo humo.

Pero no son estas las únicas lecturas posibles de tan curioso record. Podría suponerse, torticera y rastreramente, pero podría suponerse que el servicio de recogida de basura no funciona todo lo bien que debiera. Podría ser. Y podría ser que incluso fuera así por oscuros intereses politico-crematísticos, no digo que lo sea, que no lo será, pero podría. Puede que resulte alarmante o alarmista, pero podría ser. ¿O no podría ser?

- Podría.
- Lo que yo digo.

Así que a la gente le saldría más rentable dejar de pagar y enterrar lo que estorba, lo lleva haciendo desde la Guerra Civil. Vale: Pangur me informa (aprovechando la interrupción) de que su no por breve menos intensa experiencia excursionista y noctívaga por los alrededores de la finca le lleva a sospechar, que no inferir, cierta propensión de los castellano y leoneses a tirar las cosas en el campo, y a ser posible no muy lejos de la puerta del vecino.

- No te creo.
- No lo he estudiado a fondo, pero a las pruebas me repito.
- Remito.
- Eso he dicho.

También cabe la posibilidad de que la estadística esté equivocada. Por si acaso he desagregado los datos, los he cruzado, los he enderezado y puesto del revés y del derecho y los he vuelto a agregar y los he impreso en mi nueva y flamante tostadora impresora para aprovechar el pan duro. Me sale todo correcto: los castellano y leoneses, por más que el enigma merezca menos líneas de las que le vamos dedicando, gastan poca basura. ¿Se puede decir eso: "gastar poca basura"?

- Se puede y se debe, pero suena a reproche.

Tiene razón Pangur: suena a reproche. Cuando tu gobierno te dice que "gastas poca basura" es como si te estuviese diciendo que pagas pocos impuestos. "Más basura, más basura", reclaman: "¿Cómo quiere que hagamos una política decente con esa mierda de basura que usted gasta?". Resulta paradójico porque en el fondo admiro lo ejemplar de la conducta castellano y leonesas en este punto. Castellano y leonés era el inventor del calamar-chopito (invento consistente en empanar los capuchones de los bolígrafos Bic y descorchar una botella del año, y sólo comparable a aquel babero de plástico que recogía en un doblez a propósito la papilla que escurría de la barbilla del bebé de modo que podía volver a introducírsela uno en la boca sin dificultad; aunque eso lo inventaron los fineses, pueblo admirable que genera, sin embargo, más que suficiente basura), o del trabuco-percha, o de la boñiga-ladrillo, o del botillo, o del espantapájaros-cerredón o del presupuesto ajustado (que es ese que te hacen con lo que hay, por ejemplo: quieres arreglar el tejado de la caseta de aperos para que quepa el coche bajo el soportal; pues el operario de turno piensa en lo que tiene a mano y te hace un presupuesto que incluye treinta metros cuadrados de chapa negra ondulada, 600 quilos de tierra, veinte arrobas de berzas, seis neumáticos, dos termostatos, media docena de pernios y un puñado de puntas por unos seis mil euros de nada). Yo mismo estoy terminando los últimos detallitos de una vaca-edredón que revolucionará la industria energética. Y todo con lo que hay.

(Así es, también servidor se ha sumado a esta filosofía de lo que hay y lleva ya casi un año a dieta de eso: ha comido higos durante dos meses, uvas durante tres, manzanas durante cuatro, castañas durante uno y medio, peras tardías durante quince días, setas durante veinte y huevos todos y vino cada seis horas y botillo en vigilia. Y últimamente naranjas a diestro y siniestro, pero esas son un regalo de Jorge, un vecino lejano. Es una dieta sucesiva pero completa si la pensamos en términos estadísticos: tiene de todo, pero a final de año. Es decir que hasta que el año no acaba no has ingerido la cantidad de vitaminas, calorías, sales minerales, etcétera, que el cuerpo humano necesita en un año. Luego con sacar la media asunto arreglado. Es lo bueno de la estadística.)

- ¡Suñén! ¡Que te duermes!
- ¿Eh? No, no. Es que me da rabia que nos saquel los colores. Que no me quedo tranquilo, que esa basura debe de estar en alguna parte, que no puede ser que Castilla y León se quede atrás en una cosa tan importante... Es humillante. Espero que de ahora en adelante hagamos un esfuerzo conjunto y alcancemos las cotas de basura patrias e incluso las subamos, y nos dejemos de producir humo.
- Suñén... tú estás gagá.


Enlace permanente Rasca y gana


Por: Juan Carlos Suñén
Categoría: Diario | Comentarios Comentarios [] | 17 Jan 2010   05:22:34
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He recomenzado mi libro; aunque ya no lo escribo, no en el sentido estricto del verbo y, quizás, tampoco en el literario. No sé exactamente cómo ha sido. Por alguna razón cercana al hecho de que tenía ganas de mostrárselo a mi señora sin provocarle secuelas indeseables, o sea seguramente más romántica que real, decidí imprimirlo y, lógicamente, releerlo en soporte clásico (papel) que es único soporte que soporta lo clásico. Mal. No acababa de gustarme y no pasé de la página seis. No es que desmereciese, al contrario, el libro se ceñía a lo visto en pantalla y con cierta naturalidad a mis deseos y su rareza no se alejaba de la que la premeditación le había dictado noche tras noche y corrección tras corrección. Tampoco su significado contradecía las expectativas de mi intención y parecía dispuesto a responder con eficacia a las intuiciones que me habían movido a comenzar su redacción hace ya ¿cuatro años? El libro era, a todas luces, un producto correcto, presentable e incluso brillante y, sin embargo, a penas comenzada su lectura me inundaba una sensación de extrañeza que me incomodaba sobremanera, como unos zapatos que me viniesen grandes, o pequeños. Simplemente no reconocía esas líneas como mías, no conseguía tenerles afecto y, en lógica respuesta a mi desinterés, no me dejaban (como he dicho) acompañarlas más allá de la página seis.

Dejé los folios sobre la mesa y me dediqué a otras labores de no menor compromiso; aunque no tan vocacionales. Pero cuando retomé su lectura el efecto fue el mismo, así que volví a dejar mi trabajo de años aparcado en el escritorio, un poco más a la derecha, un poco más alejado de mi vista, y me dediqué a podar las adelfas, cortar leña como un esclavo y ver películas españolas como un alienado cualquiera. Desgraciadamente la compañía telefónica nos ha acostumbrado a superarlo todo enseñándonos a soportar la arbitrariedad abusadora sin hacer preguntas y los bancos nos han ayudado a percibir la realidad como algo cuya manipulación nos está vetada por una letra pequeña anterior incluso al pecado original, de modo que sólo conseguí perder el tiempo sin sentirme por ello ni más ni menos culpable que cuando lo aprovechaba. Volví al poema y lo mismo: página seis, como mucho siete. ¿Estaba tal vez escribiendo para un lector que había desaparecido hasta el punto de que ya ni siquiera yo, el autor, podía representarlo? ¿La regalada vida en Magaz de Abajo me había incapacitado para una fruición intelectual de grado superior (de acuerdo) a la necesaria para plantar espárragos pero inferior claramente a la aconsejada para discutir sobre, por ejemplo, filosofía postmoderna, cosa que en Magaz de Abajo se hace mucho más a menudo que lo primero? Tonterías. Había escrito un texto equivocado, durante cuatro años me había empeñado en una falsa empresa, y debía admitirlo. Tomé el paquete de folios y me dispuse a tirarlo al cesto de los papeles. Eso hice.

Eso iba a hacer al menos. Pero los escritores somos gente pulcra y hasta maniática y, al echarle un último vistazo, advertí sobre la primera letra del título una manchita que me pareció un mosquito (o un excremento de mosca, a veces -como pasa con los aprendices y comentaristas de algunos autores canónicos- no es fácil distinguir los excrementos de los insectos de sus hijos) y no supe o no quise resistir la tentación de limpiarlo. No se fue al primer manotazo, ni al segundo. Entonces lo rasqué con la uña y, para mi sorpresa, una finísima capa de papel se desprendió como una escama mostrando bajo aquella letra otra, la misma, aunque extrañamente más nítida, más segura, más viva.

¿Había un texto detrás del texto? La única forma de saberlo era seguir rascando y, en efecto, otro texto fue, poco a poco, escama a escama, apareciendo tras el impersonal original que me había propuesto destruir. Lo asombroso es que se trataba del mismo texto, pero mejorado, brillante, más económico y exacto, más poético en su ausencia de verbosidad. Y digo bien al calificar el hecho de asombroso, ya que el texto desvelado a golpe de uña (caricia, en realidad, ya que el trabajo exigía una meticulosidad y paciencia casi de relojero, pues si intentaba usar más de una uña -o por ejemplo ayudarme con una moneda o con papel de lija- la página entera se emborronaba obligándome a imprimirla de nuevo) no difería en nada del original que, poco a poco, penosa y ya a esas alturas obsesivamente, iba siendo reducido a un cada vez más grande montoncito de escamas.

Pensarán ustedes que al decir que aquel nuevo texto bajo la fina membrana del primero no difería nada de éste quiero decir que era "en esencia" el mismo texto, se equivocan: era exactamente, palabra por palabra, frase por frase, el "mismo" texto. Ni una coma, ni un punto, ni siquiera una repetición resultaba suprimida o añadida, ninguna palabra quizás en exceso culta era sustituida por su hermana vulgar o viceversa. Tras el raspado, cuya frontera resultaba claramente perceptible, pues la operación no sólo redundaba en una mayor calidad de la obra y su progresión narrativa, sino en una mejor y más fina calidad del papel y de su impresión, el texto mejoraba sin modificarse, sencillamente se volvía más arriesgado e interesante hasta el punto de que empecé a sospechar que había escrito un clásico o, mejor dicho, que si seguía insistiendo acabaría por ganarle un clásico a aquel texto que, bajo la línea de lo raspado, continuaba siendo una especie de anónimo, arrogante y lamentablemente fracasado intento de perfección contemporánea.

Son las cinco de la mañana y calculo que tengo trabajo hasta las nueve o las diez, no quiero precipitarme; aunque ya he escrito a mi editor diciéndole que en breve le enviaré uno de mis mejores originales, si no el mejor. Tengo el índice en carne viva.


Enlace permanente Entre amigos y tal


Por: Juan Carlos Suñén
Categoría: Diario | Comentarios Comentarios [] | 05 Jan 2010   06:44:22
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Menuda Nochebuena. Nos hemos juntado la suegra, el gato, Raquel, Lucas, Rubén, los cuñados, el perro y un servidor de ustedes, los amigos de Cacabelos que están como cabras y hasta Leopoldo ha venido con su amigo Ganímedes y el desilusionista, y ha sido un no parar de reír. Y eso que no estaba servidor para muchas bromas porque hasta última hora anduvo pegándose a brazo partido con Ubuntu, que no es un archimalvado que hubiese osado poner en duda los superpoderes de un servidor, sino un sistema operativo de esos. Conclusión: a los sistemas operativos y programas en general les falta una tecla "qué pasaría si...", e importantísimo en el caso de Ubuntu: aléjate de Grub, nada de Grub, fuera Grub, Grub es la muerte física y cerebral (o sea: más física todavía), muerte a Grub sin dignidad, muerte a Grub bajo los tilos, Grub rastrero y perverso, Grub cabrito, Grub hijo de mala madre y traicionero metesillas de segunda, Grub bajito y malo como un enano malo y otra vez cerebral. Grub: Chuki a tu lado es PocoYo. Vamos, que quería pasarme a Linux porque Windows no deja desinstalar los juegos (qué manía) y casi me cargo cuarenta años de trabajo. ¿O eso fue después? No importa. Dicho esto será un placer continuar con mi relato para los cuatro que hayan llegado hasta aquí.

- Qué graciosa está usted hoy suegra.
- ¿Perdón?
- Que está muy graciosa...
- No, antes.
- ¿Suegra?.
- Yo no soy su suegra, joven. ¡Qué más quisiera yo!
- ¿Pues quién es usted entonces? Se parece tanto a Chiquito de la Calzada...
- Ramuja, soy Ramuja la Cordera, he pasado a tomarme una copita, pero ya me iba. Usted siga con lo suyo, joven.

Ramuja se marcha como alma que lleva el diablo sin dejar de hablar por el móvil en una lengua extraña aunque familiar... Pero yo no acabo de estar del todo convencido así que le pregunto a Raquel si esa señora no es su madre.

- ¡No!, me responde amenazándome al mismo tiempo con un huesudo dedo índice, yo soy la huérfana Expósita de Filandórrez.
- ¡Qué miedo!

Hace poco vi que anunciaban una película de miedo que se llamaba "La huérfana", y decían en el título: "La Huuuuuuuuéeerfaaaana", como si por sí mismo ya diese miedo, como si uno no tuviese más remedio que responder entre grandes aspavientos de lo más clásicos:

- ¡Una huérfana, qué miedo más espantoso y explícito!

Resumiendo, como a un servidor las huérfanas nunca le han dado miedo (al contrario: le hubiese encantado casarse con una) le dijo a la del dedo huesudo que hiciese el favor de identificarse de inmediato y dejar de intentar imitar a su señora, pero había desaparecido: en su lugar había una chica delgaducha y con aspecto cansado.

- Soy una brocheta de mar, pero ya comida.
- ¿Y mi señora?
- Tan campante. Mire, me queda un poco de cecina en lo que es la margen.

A punto estuvieron de saltárseme las lágrimas. Así que ni la suegra era la suegra ni Raquel era Raquel, ni la brocheta era tan de mar como aseguraba. No debía haber dicho lo de la cecina, por cierto, porque lo ha oído el perro y ha salido detrás de ella con cara de determinación... ¿Sería Pangur un gato?

- Si quieres ser feliz, como me dices, no analices. En realidad soy tu escabroso pasado lleno de pulgas y con más hambre que vergüenza y más anticuado que las arenas movedizas.
- Yo seré anticuado, pero tú eres más cursi que Bach a la marimba.
- Pues a mí me gusta la marimba, dice el desilusionista.

Por el estilo poético, supe que él, Pangur, al menos, sí era él, Pangur. Afortunadamente, servidor está a la que salta cuando las cosas se tuercen y recordó, bien a propósito, que su pasado no es nada escabroso, sino prístino y lineal. Más de un famoso poeta puede verificarlo en su fichero particular reunido durante años. Servidor es el que es, no el que era, lo que no quiere decir nada, pero sí que a Pangur lo tiene calado.

- Eres más aburrido que el melón de la Metro.
- León, le rectifica una tal Elisa, tocada de gorra negra y afrancesada (la gorra).
- ¿La conozco a usted?
- No sé. ¿Usted viene de parte del novio o de la novia?
- ...
- ¿Han repartido ya el roscón?, me pregunta un señor muy alto y con cara de silbato ferroviario aferrado a una botella de Losada. ¿Es usted el camarero?
- ¡Yo soy el que soy!, respondo sorprendiéndome a mí mismo y atragantándome con una uva.
- Y yo, pero no es por eso.
- ¿También se ha atragantado usted?
- Sí, pero de pena.
- Pues encantado.
- Pues igualmente.
- ¿Una copita?
- Para tragar...

El hombre me cuenta que murió hace años, pero que no se pierde una Nochebuena en Magaz así lo aspen.
- ¿Lo asparon a usted?
- No en el sentido estricto, pero sí poco a poco, ya sabe, en plan psicológico.
- Me hago cargo. ¿Y esa copita?
- Perdone, ¡venga, venga! Ya verá que buen caldo. ¿Ese gato es suyo?
- No es un gato, es mi mala conciencia, y sí señor, es mía.
- Por cierto... ¿No habrá visto por ahí a una señora con aspecto de Dama de Elche calva?
- ¿Rubia?
- Sí, rubia pero calva. ¿La ha visto o no la ha visto?
- Es que no estoy seguro, hoy nada es lo que parece. Esa señora es algo suyo, supongo...
- Mi mala conciencia.
- ¿Y para qué la quiere?
- No lo sé. Por eso pregunto. ¿Su mala conciencia cómo es?
- Ya se lo he dicho, un gato, pero recuerda mucho a esas toallitas para limpiar los cristales de las gafas que so pretexto higiénico los cubren de una capa de impecabilidad grasienta e indeleble que...
- Perdone, no le puedo ayudar, perdóneme, creo que la he visto por ahí... ¡hop!
- ....

De pronto me siento raro.

- ....
- ¿Echamos un tute?, pregunta la de la gorra que parece venir de otra fiesta en la que se lo ha estado pasando igual de bomba que en esta.
- Hecho.
- Y yo, dice Pangur.
- Y yo, dice el desilusionista, voy por mi abrigo.
- Y yo, dice la Dama de Elche calva.
- ¿Usted qué, se va o se apunta?
- Y yo, dice Grub, momento en que se hace un silencio total hasta que una pelirroja que parece salida de un programa de Antena 3 pregunta:
- ¿Alguien ha visto a mi marido? Lo he dejado con Leopoldo y Ganímedes, hablando de física cuántica y empireocriticismo, y no lo encuentro. ¡Y están a punto de repartir los roscones!
- ¿Pero qué día es hoy?
- Grub, grub, grub... ¡Qué cerveza más rica!
- Que digo que ¿qué día es hoy?
- Y yo qué sé, usted baraje buen hombre, baraje y dígame algo bonito.
- Albarán, dice Pangur.
- ¡Qué bonito! Se lo voy a contar a Ganímedes, se responde a sí mismo Pangur justo antes de amagar con echar a correr tras un travesti que echa a correr de inmediato.
- Hola y adios, dice el desilusionista.
- ¿Y la partida?
- No le haga usted caso, es un preludio el tío. ¡Preludio, más que preludio! Ya juego yo, ataja una gafosa exolftálmica y melancólica envuelta en una redecilla y con aspecto de ser la novia de Grub y ahijada de los Filandórrez.
- ¿Y la pelirroja?
- Grub, grub... Ha ido un momento al baño, con su gato de usted, un tal Lucas y las sobras del desayuno. Pero baraje, hombre, baraje.
- ¿Pero cuántos somos?
- ¿Para el tute? Los justos. Además este frigorífico es muy amplio.
- ¡Comarcal!
- Ahí le has "dao".

Al principio pensé que la cosa no pintaba bien pero luego empezó a pintar en copas y una gloria de noche, créanme. La mejor Nochebuena de mi vida. Al final hasta encontré a Raquel que había ido a llamar por teléfono y no había encontrado cobertura hasta la altura de la Sierra de la Culebra, pero he vuelto con ella a casa. La mejor Nochebuena, sí señores, y la más larga, así que si ven que no escribo nada en unos días es que me estoy recuperando. Feliz año.


Enlace permanente Manifiesto en una tostada


Por: Juan Carlos Suñén
Categoría: Diario | Comentarios Comentarios [] | 09 Dec 2009   21:20:43
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Por una vez y sin que sirva de precedente va a abandonar un servidor el tono habitual de estas páginas (léase quodlibeto), para ponerse serio y, ante la presentación del Anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible, adherirse al manifiesto presentado por periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet. Lo que no significa que le caiga bien ninguno de los mencionados colectivos (que conste), ni que no condene a quienes utilizan las libertades propias de la Internet de sus entretelas para negocios de tostadora, ganancia fácil y tacaña ética (por cierto: recuérdenme que les hable, otro día, del gran invento del siglo: la tostadora impresora).

Así reza la cosa:

"Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia."





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