
Menuda Nochebuena. Nos hemos juntado la suegra, el gato, Raquel, Lucas, Rubén, los cuñados, el perro y un servidor de ustedes, los amigos de Cacabelos que están como cabras y hasta Leopoldo ha venido con su amigo Ganímedes y el desilusionista, y ha sido un no parar de reír. Y eso que no estaba servidor para muchas bromas porque hasta última hora anduvo pegándose a brazo partido con Ubuntu, que no es un archimalvado que hubiese osado poner en duda los superpoderes de un servidor, sino un sistema operativo de esos. Conclusión: a los sistemas operativos y programas en general les falta una tecla "qué pasaría si...", e importantísimo en el caso de Ubuntu: aléjate de Grub, nada de Grub, fuera Grub, Grub es la muerte física y cerebral (o sea: más física todavía), muerte a Grub sin dignidad, muerte a Grub bajo los tilos, Grub rastrero y perverso, Grub cabrito, Grub hijo de mala madre y traicionero metesillas de segunda, Grub bajito y malo como un enano malo y otra vez cerebral. Grub: Chuki a tu lado es PocoYo. Vamos, que quería pasarme a Linux porque Windows no deja desinstalar los juegos (qué manía) y casi me cargo cuarenta años de trabajo. ¿O eso fue después? No importa. Dicho esto será un placer continuar con mi relato para los cuatro que hayan llegado hasta aquí.
- Qué graciosa está usted hoy suegra.
- ¿Perdón?
- Que está muy graciosa...
- No, antes.
- ¿Suegra?.
- Yo no soy su suegra, joven. ¡Qué más quisiera yo!
- ¿Pues quién es usted entonces? Se parece tanto a Chiquito de la Calzada...
- Ramuja, soy Ramuja la Cordera, he pasado a tomarme una copita, pero ya me iba. Usted siga con lo suyo, joven.
Ramuja se marcha como alma que lleva el diablo sin dejar de hablar por el móvil en una lengua extraña aunque familiar... Pero yo no acabo de estar del todo convencido así que le pregunto a Raquel si esa señora no es su madre.
- ¡No!, me responde amenazándome al mismo tiempo con un huesudo dedo índice, yo soy la huérfana Expósita de Filandórrez.
- ¡Qué miedo!
Hace poco vi que anunciaban una película de miedo que se llamaba "La huérfana", y decían en el título: "La Huuuuuuuuéeerfaaaana", como si por sí mismo ya diese miedo, como si uno no tuviese más remedio que responder entre grandes aspavientos de lo más clásicos:
- ¡Una huérfana, qué miedo más espantoso y explícito!
Resumiendo, como a un servidor las huérfanas nunca le han dado miedo (al contrario: le hubiese encantado casarse con una) le dijo a la del dedo huesudo que hiciese el favor de identificarse de inmediato y dejar de intentar imitar a su señora, pero había desaparecido: en su lugar había una chica delgaducha y con aspecto cansado.
- Soy una brocheta de mar, pero ya comida.
- ¿Y mi señora?
- Tan campante. Mire, me queda un poco de cecina en lo que es la margen.
A punto estuvieron de saltárseme las lágrimas. Así que ni la suegra era la suegra ni Raquel era Raquel, ni la brocheta era tan de mar como aseguraba. No debía haber dicho lo de la cecina, por cierto, porque lo ha oído el perro y ha salido detrás de ella con cara de determinación... ¿Sería Pangur un gato?
- Si quieres ser feliz, como me dices, no analices. En realidad soy tu escabroso pasado lleno de pulgas y con más hambre que vergüenza y más anticuado que las arenas movedizas.
- Yo seré anticuado, pero tú eres más cursi que Bach a la marimba.
- Pues a mí me gusta la marimba, dice el desilusionista.
Por el estilo poético, supe que él, Pangur, al menos, sí era él, Pangur. Afortunadamente, servidor está a la que salta cuando las cosas se tuercen y recordó, bien a propósito, que su pasado no es nada escabroso, sino prístino y lineal. Más de un famoso poeta puede verificarlo en su fichero particular reunido durante años. Servidor es el que es, no el que era, lo que no quiere decir nada, pero sí que a Pangur lo tiene calado.
- Eres más aburrido que el melón de la Metro.
- León, le rectifica una tal Elisa, tocada de gorra negra y afrancesada (la gorra).
- ¿La conozco a usted?
- No sé. ¿Usted viene de parte del novio o de la novia?
- ...
- ¿Han repartido ya el roscón?, me pregunta un señor muy alto y con cara de silbato ferroviario aferrado a una botella de Losada. ¿Es usted el camarero?
- ¡Yo soy el que soy!, respondo sorprendiéndome a mí mismo y atragantándome con una uva.
- Y yo, pero no es por eso.
- ¿También se ha atragantado usted?
- Sí, pero de pena.
- Pues encantado.
- Pues igualmente.
- ¿Una copita?
- Para tragar...
El hombre me cuenta que murió hace años, pero que no se pierde una Nochebuena en Magaz así lo aspen.
- ¿Lo asparon a usted?
- No en el sentido estricto, pero sí poco a poco, ya sabe, en plan psicológico.
- Me hago cargo. ¿Y esa copita?
- Perdone, ¡venga, venga! Ya verá que buen caldo. ¿Ese gato es suyo?
- No es un gato, es mi mala conciencia, y sí señor, es mía.
- Por cierto... ¿No habrá visto por ahí a una señora con aspecto de Dama de Elche calva?
- ¿Rubia?
- Sí, rubia pero calva. ¿La ha visto o no la ha visto?
- Es que no estoy seguro, hoy nada es lo que parece. Esa señora es algo suyo, supongo...
- Mi mala conciencia.
- ¿Y para qué la quiere?
- No lo sé. Por eso pregunto. ¿Su mala conciencia cómo es?
- Ya se lo he dicho, un gato, pero recuerda mucho a esas toallitas para limpiar los cristales de las gafas que so pretexto higiénico los cubren de una capa de impecabilidad grasienta e indeleble que...
- Perdone, no le puedo ayudar, perdóneme, creo que la he visto por ahí... ¡hop!
- ....
De pronto me siento raro.
- ....
- ¿Echamos un tute?, pregunta la de la gorra que parece venir de otra fiesta en la que se lo ha estado pasando igual de bomba que en esta.
- Hecho.
- Y yo, dice Pangur.
- Y yo, dice el desilusionista, voy por mi abrigo.
- Y yo, dice la Dama de Elche calva.
- ¿Usted qué, se va o se apunta?
- Y yo, dice Grub, momento en que se hace un silencio total hasta que una pelirroja que parece salida de un programa de Antena 3 pregunta:
- ¿Alguien ha visto a mi marido? Lo he dejado con Leopoldo y Ganímedes, hablando de física cuántica y empireocriticismo, y no lo encuentro. ¡Y están a punto de repartir los roscones!
- ¿Pero qué día es hoy?
- Grub, grub, grub... ¡Qué cerveza más rica!
- Que digo que ¿qué día es hoy?
- Y yo qué sé, usted baraje buen hombre, baraje y dígame algo bonito.
- Albarán, dice Pangur.
- ¡Qué bonito! Se lo voy a contar a Ganímedes, se responde a sí mismo Pangur justo antes de amagar con echar a correr tras un travesti que echa a correr de inmediato.
- Hola y adios, dice el desilusionista.
- ¿Y la partida?
- No le haga usted caso, es un preludio el tío. ¡Preludio, más que preludio! Ya juego yo, ataja una gafosa exolftálmica y melancólica envuelta en una redecilla y con aspecto de ser la novia de Grub y ahijada de los Filandórrez.
- ¿Y la pelirroja?
- Grub, grub... Ha ido un momento al baño, con su gato de usted, un tal Lucas y las sobras del desayuno. Pero baraje, hombre, baraje.
- ¿Pero cuántos somos?
- ¿Para el tute? Los justos. Además este frigorífico es muy amplio.
- ¡Comarcal!
- Ahí le has "dao".
Al principio pensé que la cosa no pintaba bien pero luego empezó a pintar en copas y una gloria de noche, créanme. La mejor Nochebuena de mi vida. Al final hasta encontré a Raquel que había ido a llamar por teléfono y no había encontrado cobertura hasta la altura de la Sierra de la Culebra, pero he vuelto con ella a casa. La mejor Nochebuena, sí señores, y la más larga, así que si ven que no escribo nada en unos días es que me estoy recuperando. Feliz año.