Fotones en almíbar
Por: Juan Carlos Suñén | Categoría: Diario |
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Todo esto viene a cuento de que últimamente he estado pensando en lo mal planteadas que están las grandes preguntas, cuyo horizonte resulta siempre demasiado estrecho. Pensaba en las cualidades emergentes mientras oía llover y he llegado a la poco original deducción (en realidad "inferencia") de que la vida y la muerte lo son. Ustedes podrían pensar que esto es algo autoevidente como la escasa salud mental de los participantes de Fama Revolution. Pero las cosas de la ciencia dejan de estar claras cuando se mezclan con la filosofía o la religión. Y conceptos como vida y muerte implican a todas estas disciplinas además de al resto de las conocidas. Un solo experimento mental puede dar al traste con paradigmas largamente aceptados. Recuerden si no como Schrödinger se cepilló de un plumazo los viejos principios de contradicción e identidad.
- Fue su gato.
- No, Pangur, fue él. El gato sólo hacía de conejillo de indias.
- Nunca he visto a un conejillo de indias, ¿puedes ser más preciso?
- Metió a su gato en una trampa mortífera para demostrar la posibilidad de estados intermedios o, mejor dicho, indeterminados.
- ¿Y por qué no metió a su novia?
- Es lo que sugirieron sus detractores.
Pangur, aunque no lo sabe, tiene razón. Hay cierta arrogancia en ese empeño científico por ceñirse a lo suyo, por usar siempre gatos de científico o conejillos de laboratorio para probar sus tesis. Les pongo un ejemplo: los agujeros negros.
A estas alturas no hay quien no sepa lo que es un agujero negro. A estas alturas es incluso probable que el más inculto de los seres humanos (incluso un aspirante a concursar en Fama Revolution) se dejase matar antes de negar una "evidencia" que, paradójicamente, ningún científico ha demostrado nunca realmente. No importa: la ciencia es ahora nuestra creencia, la ciencia es ahora nuestro paradigma. Por eso en lugar de ver hadas en los bosques vemos ovnis en los cielos.
Y sin embargo, curiosamente, aún nadie se ha preguntado por cuestiones fundamentales llegados a este punto. Sabemos lo que le ocurriría a un astronauta (que vale como decir un gato o un conejillo) que intentase acercarse a un agujero negro: su información, hasta entonces felizmente organizada en tres dimensiones se reduciría a las dos que la membrana del horizonte de sucesos permite y ahí se quedaría para siempre como un mosquito en un naipe de taberna. Ahí el tiempo se detendría para él (para siempre) a pesar de que el observador externo lo viese morir triturado por las poderosísimas ondas gravitatorias y tal y eternamente caer y caer en su infinita vorágine de vómito. No les he dicho nada que no supiesen.
Pero ¿qué ocurriría si el mismo astronauta tuviese una hipoteca a veinte años? Para él el plazo de pago no habría cumplido, de hecho nunca cumpliría, de modo que el banco jamás podría reclamarle nada (¿alcanzaría un requerimiento de pago a un astronauta moroso en las cercanías de un agujero negro?). Es lo que pasa cuando mezclas cualidades de categorías no afines: aparecen los verdaderos problemas, los problemas reales. La pregunta puede complicarse más: ¿Qué pasaría si un cristiano se aproximase a un agujero negro?, ¿podría su alma inmortal abandonar la insalvable influencia de su masa y elevarse (¿elevarse?) hacia Dios? Porque si los celiacos no pueden comulgar ¿por qué los astronautas víctimas de un agujero negro pueden ir al cielo? ¿Eh?
- Los celiacos pueden comulgar desde 1995
- Bajo la única forma del vino, lo cual les traumatiza. Es como si te invitan a una fiesta y no te dejan picar almendras con el cubata.
- Eso sí.
- Pero déjame seguir, gato del demonio.
Me preguntaba: ¿No quedaría atrapada como cualquier otra cosa en la obcecada incomprensión de la piedra ciega y negra y misteriosísima que alimenta al agujero el alma inmortal del pío astronauta? ¿Y si el Papa le envía su bendición?, ¿alcanzaría ésta al astronauta en las cercanías de un agujero negro? ¿Debemos enviar al agujero negro sólo a astronautas ateos, gatos o conejillos sin obligaciones económicas vinculantes?
¿Y si el que cae en el agujero negro es un judío? Hay quien dice que en el entorno de semejante singularidad el tiempo podría llegar a invertirse y devolverle a un estado anterior a su Berit Milá.
¿Y si el que cae bajo su irresistible influencia es un musulmán? ¿Hallará el musulmán a sus setenta y dos vírgenes (una de las cuales, en opinión de ciertos teóricos, podría ser la novia de Schrödinger) compactadas como granitos de azúcar en su nanomicromillonésimomilimetrito cuadrado de gloria? ¿Se puede disfrutar a distancias tan cortas? Ni lo demasiado grande ni lo demasiado pequeño genera cualidades emergentes, nada demasiado grande o demasiado pequeño puede ser cuadrado o saber a jamón. Y el amor es una cualidad emergente, como la vida y la muerte, la realidad o la escritura. Emergentes y demasiado grandes pero conteniendo sin fisura probada todas las cualidades esenciales (qué paradoja).
- O el sueño.
- ¿Tienes sueño?
- O el hambre.
- Hay fotones en almíbar en la nevera. ¿Quieres unos poquitos?
- Y luego a dormir.
- Luego a dormir.
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