blog literarioSoyLeyendo.com/EDL/BlogBlog literario de la Escuela De Letras

Blog de Juan Carlos Suñén

Escuela De Letras

Sobre las rosas se puede poetizar,
tratándose de patatas hay que comer.
Johann W. Goethe

Rasca y gana


Por: Juan Carlos Suñén
17 Jan 2010 05:22:34
Blog
He recomenzado mi libro; aunque ya no lo escribo, no en el sentido estricto del verbo y, quizás, tampoco en el literario. No sé exactamente cómo ha sido. Por alguna razón cercana al hecho de que tenía ganas de mostrárselo a mi señora sin provocarle secuelas indeseables, o sea seguramente más romántica que real, decidí imprimirlo y, lógicamente, releerlo en soporte clásico (papel) que es único soporte que soporta lo clásico. Mal. No acababa de gustarme y no pasé de la página seis. No es que desmereciese, al contrario, el libro se ceñía a lo visto en pantalla y con cierta naturalidad a mis deseos y su rareza no se alejaba de la que la premeditación le había dictado noche tras noche y corrección tras corrección. Tampoco su significado contradecía las expectativas de mi intención y parecía dispuesto a responder con eficacia a las intuiciones que me habían movido a comenzar su redacción hace ya ¿cuatro años? El libro era, a todas luces, un producto correcto, presentable e incluso brillante y, sin embargo, a penas comenzada su lectura me inundaba una sensación de extrañeza que me incomodaba sobremanera, como unos zapatos que me viniesen grandes, o pequeños. Simplemente no reconocía esas líneas como mías, no conseguía tenerles afecto y, en lógica respuesta a mi desinterés, no me dejaban (como he dicho) acompañarlas más allá de la página seis.

Dejé los folios sobre la mesa y me dediqué a otras labores de no menor compromiso; aunque no tan vocacionales. Pero cuando retomé su lectura el efecto fue el mismo, así que volví a dejar mi trabajo de años aparcado en el escritorio, un poco más a la derecha, un poco más alejado de mi vista, y me dediqué a podar las adelfas, cortar leña como un esclavo y ver películas españolas como un alienado cualquiera. Desgraciadamente la compañía telefónica nos ha acostumbrado a superarlo todo enseñándonos a soportar la arbitrariedad abusadora sin hacer preguntas y los bancos nos han ayudado a percibir la realidad como algo cuya manipulación nos está vetada por una letra pequeña anterior incluso al pecado original, de modo que sólo conseguí perder el tiempo sin sentirme por ello ni más ni menos culpable que cuando lo aprovechaba. Volví al poema y lo mismo: página seis, como mucho siete. ¿Estaba tal vez escribiendo para un lector que había desaparecido hasta el punto de que ya ni siquiera yo, el autor, podía representarlo? ¿La regalada vida en Magaz de Abajo me había incapacitado para una fruición intelectual de grado superior (de acuerdo) a la necesaria para plantar espárragos pero inferior claramente a la aconsejada para discutir sobre, por ejemplo, filosofía postmoderna, cosa que en Magaz de Abajo se hace mucho más a menudo que lo primero? Tonterías. Había escrito un texto equivocado, durante cuatro años me había empeñado en una falsa empresa, y debía admitirlo. Tomé el paquete de folios y me dispuse a tirarlo al cesto de los papeles. Eso hice.

Eso iba a hacer al menos. Pero los escritores somos gente pulcra y hasta maniática y, al echarle un último vistazo, advertí sobre la primera letra del título una manchita que me pareció un mosquito (o un excremento de mosca, a veces -como pasa con los aprendices y comentaristas de algunos autores canónicos- no es fácil distinguir los excrementos de los insectos de sus hijos) y no supe o no quise resistir la tentación de limpiarlo. No se fue al primer manotazo, ni al segundo. Entonces lo rasqué con la uña y, para mi sorpresa, una finísima capa de papel se desprendió como una escama mostrando bajo aquella letra otra, la misma, aunque extrañamente más nítida, más segura, más viva.

¿Había un texto detrás del texto? La única forma de saberlo era seguir rascando y, en efecto, otro texto fue, poco a poco, escama a escama, apareciendo tras el impersonal original que me había propuesto destruir. Lo asombroso es que se trataba del mismo texto, pero mejorado, brillante, más económico y exacto, más poético en su ausencia de verbosidad. Y digo bien al calificar el hecho de asombroso, ya que el texto desvelado a golpe de uña (caricia, en realidad, ya que el trabajo exigía una meticulosidad y paciencia casi de relojero, pues si intentaba usar más de una uña -o por ejemplo ayudarme con una moneda o con papel de lija- la página entera se emborronaba obligándome a imprimirla de nuevo) no difería en nada del original que, poco a poco, penosa y ya a esas alturas obsesivamente, iba siendo reducido a un cada vez más grande montoncito de escamas.

Pensarán ustedes que al decir que aquel nuevo texto bajo la fina membrana del primero no difería nada de éste quiero decir que era "en esencia" el mismo texto, se equivocan: era exactamente, palabra por palabra, frase por frase, el "mismo" texto. Ni una coma, ni un punto, ni siquiera una repetición resultaba suprimida o añadida, ninguna palabra quizás en exceso culta era sustituida por su hermana vulgar o viceversa. Tras el raspado, cuya frontera resultaba claramente perceptible, pues la operación no sólo redundaba en una mayor calidad de la obra y su progresión narrativa, sino en una mejor y más fina calidad del papel y de su impresión, el texto mejoraba sin modificarse, sencillamente se volvía más arriesgado e interesante hasta el punto de que empecé a sospechar que había escrito un clásico o, mejor dicho, que si seguía insistiendo acabaría por ganarle un clásico a aquel texto que, bajo la línea de lo raspado, continuaba siendo una especie de anónimo, arrogante y lamentablemente fracasado intento de perfección contemporánea.

Son las cinco de la mañana y calculo que tengo trabajo hasta las nueve o las diez, no quiero precipitarme; aunque ya he escrito a mi editor diciéndole que en breve le enviaré uno de mis mejores originales, si no el mejor. Tengo el índice en carne viva.

Categoría : Diario | © Juan Carlos Suñén

Comentarios


columnista
 Por: davit | Hora | 22 Jan 2010 21:38:49 :
Suñén, te has vuelto a superar. Se parece a algo de Millás, pero si rascas un poco la cosa cambia del todo. A ver cuando nos vemos. Abrazos.


Añade Tu Comentario
Comenta este blog  Haz CLIC aquí si deseas hacer un comentario


Resumen de noticias  Noticias
Actualidad Literaria
Novedades editoriales: "Siniestra", de Javier Arriero, y "Black, black, black", de Marta Sanz Noticia Índice
Biblioteca De Bagdad
Miseria xenófoba: Integración social y cultural a partir de una convivencia continuada + Índice
TÍTULOS DE POSTGRADO
Cursos presenciales
Cursos por Internet
Colaboradores
Instituto Cervantes
Premio de relatos
Escritura creativa
Máster Creación literaria
Categorías
Artículos recientes
RSS
Escuela De letras De Madrid s.l. no se hace responsable de las opiniones vertidas en este blog Soy Leyendo
Letras De Madrid (LEMA)  |  Lecturas aconsejadas  |  Literatura aplicada  |  ¿Ser escritor?  |  ¿Por qué un máster?  |  Cursos de Postgrados  |  Todo en PDFDirectorio  |  Confidencialidad  e  Información  |  Escuela De Letras:  
C. Noblejas 7 (28013 Madrid)  |  Tel.: 91 547 46 56  |  FAX: 91 547 46 96
  |  Aulas en línea

·
   |    |   EDL en Facebook  |    |   Compartir
Blogs  |   Avisos  |   Boletín  |  
  |    |