blogSoyLeyendo/EDL/BlogBlog literario de la Escuela De Letras

Blog de Juan Carlos Suñén

Escuela De Letras

Sobre las rosas se puede poetizar,
tratándose de patatas hay que comer.
Johann W. Goethe

¿Qué hago aquí?


Por: Juan Carlos Suñén | 09 Nov 2009 05:40:58
Blog
Llevaba años temiendo la confirmación de una certeza en la que procuraba no pensar. Me gustan poco los cambios y, como a Zapatero, menos aún los estructurales. Por eso he venido hasta aquí, creo. Me sentaría fatal, por ejemplo, que existiesen los marcianos o que Iker Jiménez demostrase la existencia del Más Allá más allá de toda duda. Y es que uno de mis superpoderes consiste en que no sé pensar en lo que no quiero pensar y sí apoltronarme en lo conocido como un lagarto al sol dejando pasar el tiempo. Lo que nos sacará de la crisis es dejar pasar el tiempo (frase célebre), Zapatero lo sabe y un servidor también. Pero la noticia, casi perdida en una esquina de una página cualquiera del periódico confirma mis peores sospechas: el ser humano tiene la misma cantidad de genes que un melón. Es lo que compartimos con los periodistas, según se deduce.

- ¡Lo sabía!
- Y yo.

A uno le dan veinte cerillas y no puede escribir un número mayor que 9990 (¿es esto un teorema?) pero le dan veintiséis mil genes y puede escoger entre hacer un ser humano, un melón o un periodista.

- ¿Francés?, quiere saber Pangur.
- No, por lo visto el melón francés sólo tiene veinticinco mil genes: como tú.
- Lo sabía...
- Y yo.

Nadie se ha molestado nunca en hablar con un melón, y sin embargo comparte con nosotros (el melón, no su inexistente interlocutor) más información genética que la mosca del vinagre, con la que a menudo mantenemos amenas charlas. Breves, pero amenas.

- O los gorilas.

Nadie se ha arriesgado nunca a hablar con un gorila. Entre hablar con un melón o hablar con un gorila el ser humano prefiere a la mosca del vinagre.

- ¿Qué es un gorila?
- ¿Viste el otro día a mi cuñado animando al Real Madrid?
- ¡..oppppé!

No sé cómo pasó, pero Raquel y un servidor estábamos agotados por la mudanza y de pronto apareció a cenar todo el mundo. Rubén nos presentaba desde su gesto descansado y fiable al desilusionista, que sólo tenía ojos y oídos para la pieza que Napoleón interpretaba a la batería intentando seducir sin éxito a la novia de alguien, como si perteneciésemos a galaxias indescifrables. Ajeno, el cuñao tocaba la bocina en plan sinfónico-moderno, los primos cannabicultores buscaban una buena película (ella, y finalmente veremos la sueca "La sustituta", buena elección) o filtraban la realidad como una cámara fotográfica de las de antes (él) fingiendo hablar con una Raquel que inventaba comida a golpe de sonrisas (de las que se resuelven en cecina de la de chivo, redondos panes y más redondos vinos, costillas casi negras y casi blancas lechugas de amor y amor del dulce y espárragos trigueros), Javier colocaba las fichas del ajedrez salivando como una máquina y moviéndose al compás de la improvisada música, la sobrinita Martina escapaba de Pangur y Pangur escapaba de la sobrinita Martina cuya madre servía copas esmeradísimas mientras un servidor pensaba en los periodistas. La realidad se había vuelto tan veloz como la actualidad. Y eso no podía consentirlo. Alguien debía ponerle freno a todo esto. Aunque fuese un melón. No sé que hacen los periodistas con lo real, pero yo he venido a aprender el idioma, y eso lleva tiempo.

- La próxima vez os presentáis de uno en uno.

Ya sé a qué he venido: a reducir la velocidad. No quiero pensarlo.

Categoría : Diario | © Juan Carlos Suñén

Comentarios


Añade Tu Comentario
Haz CLIC aquí si deseas hacer un comentario

Informes de lectura · Seguimiento literario · Aula de escritores · Biblioteca de escritores · MCL · Blogs
Date de alta en nuestra lista de suscriptores y recibe en tu correo electrónico nuestro boletín semanal
Tu dirección de correo electrónico:          Alta:     Baja: