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Concurso de relato breve ~ Escuela De Letras

Escuela De Letras: Concurso "Literatura y cambio climático"

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Imprevisible naturaleza


Por: Patricia Nadal Roses

La meteoróloga de Cuatro anunciaba lluvia pero las nubes no llegaban, los supermercados iban quedándose sin existencias de agua y debido al calor, la atmósfera era sofocante e irrespirable. Cinco de julio y en mi cabeza sólo existía una idea: marcharme a Betanzos. Llamé a mi jefa y le dije que me marchaba no sin antes invitarla a pasar un fin de semana para terminar los flecos que nos quedaban del proyecto a entregar en septiembre.
Después de una hora de tren descubrí que el paraje nada tenía que ver con épocas pasadas en las que el verde era el color predominante. Nada más llegar, descubrí que el lavadero municipal había vuelto a funcionar, que el agua se recogía de la fuente y los horarios para regadío eran cada vez más estrictos. Deshice la bolsa, saludé a las vecinas y partí camino del ayuntamiento para hablar con la Alcaldesa, amiga mía de la infancia. Estaba ocupada, tenía a su secretaría y a otra mujer, hasta ahora desconocida, organizando libros; como la curiosidad me mata le pregunté entre risas si había decidido montar una biblioteca y como descubriría horas después, lo que hacía era regalar libros si plantaban un árbol en un lugar específico, a una hora y un día determinado. Recogí mi paquete, planté la semilla y empezó a llover.
14 Apr 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
LECTOR EN EL JUICIO FINAL


Por: Salvador Robles Miras

La Tierra había naufragado definitivamente, ahogada en su propia podredumbre, y, en el otro mundo, se celebraba el Juicio Final. Muy pocas almas quedaban por juzgar. ¡Santo Dios, qué escabechina!
-A ver, tú.
El presidente del tribunal celeste, San Pedro, señaló a un alma cuyo cuerpo se había dedicado sobre todo a vagabundear por la tierra.
El aludido, que estaba imaginándose el final de la novela que leía cuando la muerte le sorprendió con un fulminante infarto de miocardio, tuvo que ser zarandeado en su espíritu por un colega para atender el requerimiento de San Pedro.
-Dígame, Señor.
-Defiende con argumentos tu actuación en la tierra. Y date prisa, que la eternidad apremia.
-Poco tengo que decir, Señor. Procuré cuidar el planeta lo mejor que pude.
-Sé más preciso. ¿Cómo cuidaste la tierra?
-Manteniendo limpios los lugares que visitaba, a los que acudía siempre andando o en transporte público; asimismo, procuré no matar a ningún ser vivo y... y...
-¿Sólo eso? Aunque es mucho más de lo que han hecho centenares de millones de tus congéneres, se me antoja insuficiente para merecer la gloria eterna.
-Bueno, en todos los sitios en los que estuve, que fueron incontables mientras el clima se mantuvo en sus cabales, llevé algún libro conmigo. Mis principales ocupaciones en la vida consistieron en viajar y, sobre todo, en leer -declaró el alma del vagabundo.
-¡Leer!
-Y lo que leía, si era bueno, lo compartía con la gente que quería escucharme.
San Pedro iba a ordenarle al vagabundo que se marchara por donde había venido, cuando una voz solemne retumbó en los cielos.
-Pasa, hijo, tuyo es mi Reino.
10 Apr 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
Sin título
Por: Mª Carmen Centeno Tello

Tenían que mantener frío, a toda costa, el hielo que los separaba.

El día que decidieron separarse construyeron un muro de hielo, entre los dos. Tardaron poco en poder mirarse a los ojos; luego se tocaron y se amaron, derritiéndose, otra vez. Se inundaron de nuevo el uno del otro. Fue refrescante mientras duró el verano.

Pero llegó el invierno. El agua empezó a endurecer, a atrapar los recuerdos de tardes estivales.

Y se hizo el silencio.

¡Un grito explotó el silencio! Libertad. Por suerte el agua empieza a congelarse desde arriba, y aún tenían los pies libres. Libres. Libres para romper a patadas "el puto amor que ahoga y atrapa". Y salieron corriendo.

Ella corrió a registrar las páginas de su diario como Copyleft, por si alguien le inventaba un final más feliz, o un final. Él, aconsejado por un miembro de la SGAE, amigo suyo, levantó un muro entre los dos con los millones de notas que ella le había escrito y él había registrado, como Copyright, por supuesto a su nombre.

Ella fue brutalmente suicidada por un escritor tan incapaz de empezar como capaz de acabar "Made in Hollywood", o acabar. Él, decidió volver con ella. Ganó el Primer Premio al Monumento Fallero 2009. ¡Qué sorpresa se llevaría al descubrir que detrás de la antigua torre no quedaban ni las cenizas de su amor!

Ella había muerto.

De haber sabido leer... Habría sabido, si no escribirle a tiempo que la quería, sí leer aquella vieja torre de poesías que la SGAE juraba que él mismo había escrito.
10 Apr 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
Sin título


Por: Toño Mayor

Desalmado. La pernera del pantalón desabrochada y los hombros encogidos mientras la señora de reojo busca una salida; mira al cielo, suspira y se lamenta. Discretamente la insto a que lo grite a todo el mundo pero no consigo nada a cambio. Mientras, la lluvia tiñe cada planta y cada esquina de un dulce color ocre que parece desprenderse de la luz de las farolas. No será porque no lo intento, no será porque no me esfuerzo. La gente pasa sin apenas percibir el sonido metálico de las gotas o el olor de cañería y en la acera sentado como un indio la ciudad me resbala por las mejillas cansadas. El autobús no llega y la señora se impacienta. Se moja los tobillos cuando cambia la dirección del viento y se solivianta y se preocupa demasiado. A duras penas puede controlar su paraguas. ¡Sólo es agua cariño! Grito desesperado pero mi voz no llega y se pierde entre el fluido de vehículos mojados. Un transeunte con sombrero me tiende una moneda, estúpida puerta abierta al mundo y en un movimiento innato en mi me siento junto a ella en la parada. El autobús no llega y la señora cansada de esperar se marcha maldiciendo la lluvia incomprensible. Sentado como un indio la soledad me resbala por las mejillas coloradas.
09 Apr 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
Vaya cambio


Por: Francisco S. Ramírez Bullón

Hace meses que en la ciudad no llueve. En contrapartida, la temperatura ha aumentado tanto que se diría que vivo en una zona tropical. El calor ha llegado a ser compañero habitual (y molesto) de nuestra vida, nosotros, los habitantes de X., que estamos habituados a un clima mucho más templado e, incluso, frío en ocasiones. Pero no podemos hacer nada por evitarlo; el dichoso cambio climático debe de ser el responsable de tamaño desaguisado.
Menos mal que, dentro de lo malo, me gusta leer o, para ser más preciso, lo que más me agrada es el libro, digamos, práctico. Sí, el libro útil, el que puede servir para algo, el que te puede sacar de un apuro y está ahí para cuando lo necesitas. Ese volumen que te presta su ayuda y no te pide nada a cambio; es maravilloso, ¿no creen?
El otro día, deambulando por el paseo (tenía la jornada libre y dejé el taxi en el aparcamiento), me acerqué como quien no quiere la cosa a la Biblioteca Central y, no sé por qué, sentí el impulso de entrar. El edificio, tan majestuoso como siempre, me recibió con una borrachera de libros y, tras un rato paseando entre sus anaqueles, me llevé a casa varios ejemplares bastantes voluminosos.
Era ya media tarde pero el bochorno continuaba como si nada. Me puse cómodo y comencé a ojear los libros en el balconcito exterior de mi vivienda. No estaban nada mal. De unos y de otros iba sacando ideas para combatir el calor, todas ellas útiles, como a mí me gusta. Pasaron varias horas. Al final me levanté para refrescarme y, al regresar a la terracita, observé lo que allí se había levantado: sobre la mesa, varios tomos se alineaban formando un murete que impedía el paso de los rayos solares y diversas hojas sueltas, con forma de gorrito, descansaban en la silla. Reflexioné: ¡Vaya con el cambio climático! ¡Nos va a trastornar a todos!
09 Apr 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
LAGO SECO


Por: Omar Ivan Trejos Buriticá

Pensativo. Silencioso. Sin saber que decir. Como si las palabras se las hubiera llevado ese leve viento que pasaba por allí arrastrando una que otra hoja seca. Qué decir? Cómo explicarle a aquel grupo de niños quienes, con tanta ilusión, me habían acompañado a conocer el pequeño lago junto al cual había nacido. Yo era su profesor y no sabía que decirles. Sus ojos silenciosos me increpaban en grupo como diciéndome: "En dónde está?" y yo, allí, callado, solo buscaba, en medio de la maraña de mis enseñanzas, una manera menos cruel de contarles lo que había sucedido sin que ellos adviritieran, con escozor, el futuro climático que se les venía. Todos mis recuerdos parecían haberse esfumado al contemplar la tristeza del panorama frente al cual estaba junto con mis pequeños alumnos. Ese inigualable lugar que otrora fuera el sitio en donde mis mejores pensamientos llegaron mientras contemplaba el fulgurante destello de la luna llena, ese lugar en donde un día sobre un barco de papel despedí una ilusionada rosa y un "Te amo" anónimo, ese lugar que tantas tristezas me consoló y tantas alegrías compartió conmigo, ese lugar ya no existía. Las fuertes temperaturas del clima habían secado ese minúsculo lago y hoy, con mis alumnos y a mi edad, tenía que acudir a la imaginación para que ellos, levemente, conocieran el lugar que, en mí, también pareciera empezar a morir en medio de mis recuerdos y junto al cual nací. Hoy mas que nunca entendía porqué habían bautizado aquel lago con un nombre tan curioso cuya justificación había mutado. Ya no era su nombre producto del tamaño tan reducido que la naturaleza, encantadoramente, le había concedido, hoy era producto de su inexistencia: Lago Seco. Y yo, allí, seguía pensando sin saber que decirles.
31 Mar 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
EL AVENTURERO


Por: MARÍA ROSARIO NARANJO FERNÁNDEZ

Últimamente me he convertido en un viajero empedernido. El mes pasado estuve en Melbourne, Nueva Delhi, Bombay y media Europa y, sin ir más lejos, anoche mismo me encontraba en la Pampa Argentina y hoy, en cambio, me he despertado en Marruecos. Estoy visitando lugares maravillosos y descubriendo culturas fascinantes.
En Montreal asistí a un famoso festival de jazz, y en Hong Kong conocí al mejor cocinero del mundo: me preparó unas setas con bambú realmente deliciosas.
Pero quizás el personaje más singular que me he cruzado durante mis aventuras haya sido un corsario cojitranco de cuyo nombre no quiero acordarme. Fue durante una travesía por el mar Caribe. Me colé en su nave y, cuando me descubrió, me condenó a pasear por la tabla y terminó lanzándome a los tiburones. Un hombre fiero el capitán. Menos mal que me convertí en ballena antes de tocar el agua.
Después, un tal Ahab se empeñó en darme caza, y tuve que nadar hasta la orilla y refugiarme en una isla tropical, donde pasé veintisiete años. ¡Hasta me creció la barba!
Vinieron a rescatarme en un vistoso submarino a bordo del que recorrimos veinte mil leguas. Una mañana húmeda y fría amanecimos en el Thámesis y el submarino se había convertido en un gran buque procedente de los Cárpatos. No pude despedirme del reservado conde Drácula porque al parecer había desembarcado antes que yo, pero sí tuve la oportunidad de saludar al doctor Henry Jekyll, quien me esperaba en su laboratorio rodeado de milagrosos mejunjes.
Aunque para laboratorio el de Monsieur Grenouille en París. Una auténtica fábrica de olores para embriagar los sentidos.
Esta noche he quedado nada menos que con la reina Scheherezade, que me ha prometido ésta y mil noches más de fantasía.
Sólo de pensar en la cantidad de historias que me queda por descubrir siento una punzada de excitación. ¿Dónde estaré mañana? ¿Qué me espera tras la siguiente página?
- Ciérrame la puerta, mamá- le suplico mientras acaricio el lomo del último libro que he adquirido. Tengo un mundo por descubrir entre mis manos. ¡Me aguarda la aventura!
31 Mar 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
Sin título


Por: Concha Morales Peinado

Llueve viento cerca de mi oído izquierdo. Jueves santo en España. "El hombre del tiempo" amenaza con gesto umbrío: "Sevilla y sus procesiones se encuentran en serio peligro esta semana..." Entre rezos, misereres y saetas, los fieles cristianos adoran a su dios muerto. Éxtasis y placer. Dolor y fascinación. "El día menos pensado, se nos vendrá encima el fin del mundo..." La prensa, siempre tan agorera, martillea mi oído izquierdo con predicciones apocalípticas. Ahora, el tráfico; dentro de un rato, el polvo sahariano; mañana... ¡vaya usted a saber...! Pero en este inefable y contradictorio país en el que decidí aterrizar hace más o menos cinco lustros, nadie parece darse cuenta de que las estrellas, los cometas y otros cuerpos celestes ya no brillan con la intensidad de antes. El viento sigue balanceando los estandartes en el mes de marzo; la nieve sigue cubriendo los pies descalzos de los nazarenos en el mes de marzo... pero traspasado el umbral de la primavera, en las grandes ciudades del sur, en los pequeños pueblos del sur; en esas grandes ciudades y esos pequeños pueblos donde el fervor religioso borra del mapa todo lo que no sea bendecido por sus creencias, los vertederos municipales se ven invadidos por millares de botellas de agua mineral... Dos mil ocho años después, el planeta que vio nacer y morir a Jesús de Nazaret avanza inevitablemente hacia su desaparición.
31 Mar 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
GABRIEL


Por: John Fausto Vera Archila

- ¿Eres tu Babilonia? - Preguntó el ángel al entrar en la habitación.
- Me llamo María. -Dijo la prostituta.
- ¿La virgen de Sión? ¿Aquella que menea la cabeza detrás de Senaquerib?
- Soy prostituta. Puedo ser aquello que tú desees.
El ángel nunca antes se había sentido tan confundido, llevaba muchos siglos siendo portador del mensaje, en su naturaleza no se permitía la vanidad así que nunca se cuestionó sobre si mismo.
- Deseo que tomes mi mensaje y lo lleves a la gente. - Dijo el ángel.
- Eres el hombre más hermoso que he visto jamás. Pero aún así debes pagar. - Agregó la mujer
- Vaya que son extraños los caminos que debo recorrer. Nunca me habían llamado hombre. - Se dijo el ángel en voz alta- No podría ser jamás uno de ellos, no logro comprenderlos.
La prostituta rió, en otras condiciones se molestaría, pero aquel ser de hermosura perfecta llenaba con su presencia todo de armonía.
- Muchos hombres se han colado entre mis piernas, y quien soy yo para juzgarlos, soy solo una prostituta.
- No diré nada nuevo, nunca ha sido así. - El ángel seguía hablando para si mismo.- Porque aquello que digo esta escrito en el alma de cada ser humano, me pregunto porqué tengo que repetir tantas veces lo mismo.
- ¿Qué es lo que quieres que yo diga? Pregunto la mujer.
El ángel guardó silencio, espero un momento y luego dio vuelta para retirarse, al cerrar la puerta respondió la pregunta de la prostituta:
- Nada.
31 Mar 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
AQUI YA NO SE SOSTIENE NADA
Por: MARIA TERESA BERNAL

A mi alrededor todo es nada y todo nada, es decir, el agua, literalmente, me llega al cuello. Ya me he subido en las mesas en las que hace un tiempo leían cientos de personas toda clase de tratados, libros raros, volúmenes y ensayos, teatro, ciencias y novelas. Ahora esos cientos de libros, esos miles de páginas están borradas y mojadas y flotan alrededor de mi. Esta visión, si no fuera por lo postrera y apocalíptica que es, me parecería bella, me parecería sacástica, porque los libros, aunque maltrechos, nos han sobrevivido, aunque, pensándolo bien, siempre sobrevivieron a las personas. La nada que me rodea es lo que que queda. Yo soy la última superviviente refugiada en lo que un día fuera una gran biblioteca de prestigio, tratada y mimada por todos como un gran tesoro. Ahora no hay tesoro, ni biblioteca, ni nadie para disfrutarlo... Estoy esperando la última oleada, la que me llevará, rodeada de las alas blancas de los libros abiertos a una eternidad que preveo vacía. Qué ironía que lo último que vean mis ojos sea algo que ya no se puede leer. Oigo un nuevo estrépito, éste es más grande que los anteriores. Veo que se levantan los volúmenes que flotan y leo una portada que se me acerca mientras me sumerjo: "Claves para el desarrollo sostenido". Qué ironía, ¿no?
31 Mar 2008 Enviado desde Becas: Escuela De Letras
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