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Escuela De Letras

Jugar con fuego
desarrolla en nosotros la habilidad de no quemarnos.
H. G. Wells

Enlace permanente Este cuento atroz


Por: Blanca Suñén
Categoría: Opinión | Comentarios Comentarios [] | 27 Mar 2009   16:10:01
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Este cuento, amigos y amigas, está acabado. Ninguna agresión quedará sin respuesta. Las reglas del juego han cambiado. Es bueno que la opinión pública lo sepa. Los palestinos deben asumir la responsabilidad de haber elegido con sus votos a una banda terrorista. Eso tiene consecuencias.
Son las palabras inhumanas del embajador de Israel en España, Rafael Schutz, tras los ataques de su gobierno sobre los habitantes de la franja de Gaza.
Gaza ya no existe. Ha sido borrada de la faz de la tierra. ¿Este cuento se ha acabado?
Cuando el nivel de daños en Gaza se aclare, ya no podré irme de vacaciones a Ámsterdam, sólo podré ir al Tribunal Internacional de La Haya, afirmó un ministro israelí citado desde el anonimato por el diario Haaretz, en relación con los temores a represalias legales.
Gaza ya no existe, ha sido borrada de la faz de la tierra. No se preocupe, señor anónimo, ninguno de sus mil quinientos muertos irá a La Haya para pedirle cuentas.
También informa en su edición digital el mismo diario israelí: Una brigada paracaidista de reserva pudo usar de forma inadecuada bombas de fósforo blanco durante la operación Plomo Fundido en la franja de Gaza. La brigada habría lanzado unas 20 bombas de fósforo blanco en una zona densamente poblada en el norte de la franja de Gaza. Aparte de este caso, los militares israelíes consideran que el fósforo blanco fue utilizado con moderación.
El fósforo blanco está prohibido desde 1980 por las Convenciones de Ginebra en las zonas habitadas por civiles, porque causa graves quemaduras a las personas situadas en su radio de alcance. ¿Qué clase de seres son capaces de originar la necesidad de que se escriban estas leyes? ¿Qué clase de sobrecogedora crueldad sobre los más débiles -y no hablo del aborto, cobarde y silencioso ahora señor Rouco Varela- nos da derecho a justificar legalmente el uso de tal arma? ¿Cómo se puede ni siquiera pensar en crearla? ¿Cómo algún ser humano puede usarla contra otro?
Un incontable número de palestinos -nunca sabremos cuantos- jamás mostrarán al mundo las cicatrices producidas por el fósforo, ya que fueron abrasados con moderación, y la moderación está dentro de la legalidad. La legalidad de los asesinos. La legalidad del mundo. Una legalidad que pretende investigar unos hechos que jamás debío permitir que sucedieran. La inútil decencia de quienes se escandalizan ante un genocidio consumado.
La ira de Dios ha caído sobre los hombres. Una apocalíptica lluvia de fuego ha barrido de la faz de la tierra a un pueblo no elegido por Yahvé. Que el plomo fundido de su justicia sea loado para siempre. ¡Qué más da que el nombre de Dios sea nombrado en vano una y mil veces por la feroz boca de sus hijos más hipócritas!
Espero que los descendientes de los asesinos se avergüencen de sus padres y se alejen de sus pasos. Eso deberían haber hecho, hace sesenta años, todos los hijos de los nazis. Este cuento atroz, señor Schutz, no acabará nunca. Ustedes se encargarán de seguir escribiéndolo. Es bueno que la opinión pública lo sepa.


Enlace permanente Hombres de Dios


Por: Blanca Suñén
Categoría: Opinión | Comentarios Comentarios [] | 27 Mar 2009   15:42:10
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Monseñor Rouco Varela califica el aborto como sobrecogedora crueldad sobre los más débiles. Lo proclama en la Plaza de Colón, frente a sus cristianos fieles y a la misma hora en la que el ejército israelí está masacrando, precisamente, a los más débiles. Por supuesto, en su homilía no hay ni una sola palabra que haga alusión a ésta otra, está sí, sobrecogedora crueldad.
No voy a opinar sobre el aborto, porque creo que es una elección libre y personal. Como lo es el derecho a no elegir lo que la iglesia católica proclama como modelo de vida. Lo que me parece verdaderamente terrible es que un grupo de personas que se creen en posesión de la verdad, defiendan a los que aún no han nacido y no tengan ni una palabra para los que estando vivos mueren troceados por las bombas de los que les han quitado todo y, no pareciéndoles suficiente, les quitan también la vida.
A la hora en que escribo estas líneas son ya 350 los muertos palestinos. Los heridos, más de mil.
Una madre y un padre de seis hijas, familia numerosa palestina -no cristiana- han visto como el salvaje ataque ha matado a cinco de ellas. La cita de Rouco Varela era a favor de las familias numerosas, que paseaban orgullosas con sus vástagos, como no puede ser de otra manera. La madre y el padre palestinos ya sólo tienen una hija de su antes numerosa prole. Su felicidad y su orgullo han muerto junto con las cinco niñas.
¿Cuántos palestinos enamorados de su pareja del mismo sexo habrán muerto? ¿Cuántas mujeres embarazadas habrán perdido a su hijo, por un aborto provocado por las bombas israelitas? ¿Cuándo dejará de pensar la iglesia católica que Dios sólo está de su lado? ¿Un Dios que castiga a todos pero que nada más ama a cuatro gatos testarudos y fundamentalistas?
Hace poco que esta misma iglesia pidió perdón por cerrar los ojos al nazismo que asesinó a millares de personas -entre ellas a muchos, muchísimos homosexuales- maquillando como tibieza lo que fue un interesado y meditado apoyo.
Ahora el nazismo ha cambiado de religión y el Papa de Roma se limita a pedir cordura y misericordia. De nuevo la tibieza católica habrá de disculparse ante los seres humanos, tal vez dentro de cincuenta años.
Cuando Dios está del lado de los cabezotas, de los asesinos, de los que llevan razón por encima de la razón, el resto del mundo deberíamos echarnos a temblar.
Cuando celebramos con pompas y ceremonias los aniversarios de la Guerra de la Independencia y no vemos que la historia se repite en las zonas palestinas ocupadas por los israelíes -les recuerdo que no sería la primera vez que se habla de canonizar a Agustina de Aragón- demostramos que el espíritu católico de Rouco Varela es pacato, cobarde, folclórico y de un nacionalismo tan estúpido como cualquier otro.
No tengo nada en contra de los católicos, nada. Como no lo tengo contra los musulmanes, ni los judíos. Pero para cada uno de los grandes representantes de estas religiones y para sus acólitos fundamentalistas, no soy nada más que una despreciable pagana, una asquerosa infiel, una atea de una crueldad sobrecogedora.
Las religiones siguen matando. Las religiones siguen callando. Niegan la felicidad fuera de unos modelos que ellos mismos han creado, no los hombres y mujeres que buscan la felicidad en este mundo. Un mundo que no les pertenece, porque el mundo es propiedad de las bombas y del silencio culpable.
Ojalá que exista realmente el Juicio Final y a cada uno de ellos, por sus crímenes y sus silencios, les juzgue el dios de los otros, el dios que califican como falso.
Un dios que les desprecie tan profundamente como ellos le desprecian a él.


Enlace permanente Odios y comparaciones


Por: Blanca Suñén
Categoría: Opinión | Comentarios Comentarios [] | 27 Mar 2009   14:22:42
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Estaba yo pensando que el pobre Javier Bardem debe de estar un poco incómodo con el asunto este de ser el único actor español ganador de un oscar. A poco que haya tenido infancia, tiene que sentirse extrañamente próximo a Bugs Bonnie, a quien presentaban por la televisión como "el único conejo ganador de un oscar". Yo, por lo menos, cada vez que oigo tan patriótico elogio referido a tan excelente actor, no puedo dejar de pensar a su vez en tan meritorio conejo.
Me sucede lo mismo con Carmen Chacón, la Ministra de Defensa. A esta buena mujer no es con elogios sino con insultos como trata de encasillársela. El mamarracho parlotero de la COPE la ha llamado "Carmen la del bombo", con el desprecio propio de los de su pelaje, sin darse cuenta en su suprema estulticia que en este país, patria de las patrias, sólo hay una persona que tenga bombo, y ese es Manolo. Manolo el del bombo.
No me negarán Uds. que es imposible imaginarse a una mujer golpeando como una loca peligrosa un pellejo descomunal y animando inútilmente a la selección española de fútbol por esos mundos de Dios. No es normal. Pero sí lo es que una mujer embarazada de siete meses haga su trabajo sin ocultar su enorme tripa.
Pero para el mamarracho lo estúpido es normal y lo natural es un escándalo. Que haya un Ministerio de Igualdad lo justifica el solito con sus arengas radiofónicas.
Precisamente a Bibiana Aído, titular de dicho ministerio, también le ha tocado su parte. Habla de ella como "la flamenca". Bueno sí, y ¿qué? ¿Es eso malo de suyo? ¿Es infame Martirio? ¿Fue una pécora Lola Flores? ¿Causa sonrojo recordar a la Paquera de Jérez? ¿Era una roja desnaturalizada Carmen Sevilla cuando cantaba esa joya de la canción ligera titulada La flamenca ye-ye? ¿Acaso esa misma flamenca ye-ye era una espía del contubernio?
El caso es montar el número y este ignorante sigue pensando que ser hombre es un puntal y ser mujer un aliño. Si mirara la vida cara a cara y no de soslayo sobrado e impertinente, se daría cuenta de que no hay nada de lo que hablar al respecto. Que ser hombre o ser mujer no es, en este caso, más que pura anécdota.
Y menos mal que las mujeres en el gobierno son ocho y no siete, porque hubiera corrido al micrófono, asombrado ante su propio ingenio y las hubiera comparado con los Siete Magníficos o los Siete Enanitos y hubiera tratado a Zapatero de Blancanieves en lugar de seguir llamándole Bambi. Más ancho que largo.
Su compinche Berlusconi -pero ¿en qué estarían pensando los italianos?- tampoco ha perdido la oportunidad para mostrar su incomparable gracejo. Ha llamado al gobierno español "el gobierno rosa" y le ha dicho a Zapatero que va a sentirse muy querido entre sus chicas. Que diga esas cosas un hombre que se inventó a las Mama Chicho sólo tiene una lectura: ¡será cochino, el tío, imaginándose nuestro democrático hemiciclo como una bacanal romana de tres al cuarto!
Tanto él como el mamarracho harían con estas mujeres lo mismo que con los extranjeros "ilegales": encerrarlas en un campo de concentración hasta la hora de devolverlas a casa y restablecer así el equilibrio social.
A estos dos sólo se me ocurre compararlos con Tararí y Tarará, personajes de Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll y, ya puestos, imaginarme a mi misma como Ministra de Corazones y gritar eso de: ¡Que les corten la cabeza!


Enlace permanente EN EL NOMBRE DEL MUERTO


Por: Blanca Suñén
Categoría: Opinión | Comentarios Comentarios [] | 27 Mar 2009   14:04:29
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El ser joven no garantiza existir por muchos años. Nadie tiene toda una vida por delante. Lo único que tenemos son los pasos que vamos andando, o mejor dicho, lo único que nos pertenece son las huellas de esos pasos que acabamos de dejar atrás apenas hace unos segundos. Somos lo que acabamos de ser, no lo que seremos.
Vivir es vivir, a secas, a trancas y barrancas, a golpes de amor jubiloso y jaranero, a saetazos de barbarie cruel y desesperada.
Pienso en los veinteañeros que mueren en las pateras, cruzando el mar, con sus enormes ojos ahogados de par en par entre el terror asombroso del agua, y me da vergüenza la vida.
Me da vergüenza porque vivo alimentada por mis propios pasos y nunca he pretendido, en realidad, llegar a ningún consolador destino; porque nunca miro atrás si es para pensar que aquello fue mejor, ni lo hago hacía delante con la idea de que todo será corregido en lo venidero. Tengo el privilegio de los años. Tengo la suerte de alentar sobre mis días. Tengo el cinismo de los europeos bien educados.
El terror del agua felizmente encauzado entre las dos orillas.
El chaval de la patera nunca podrá hacer este recuento. No hay un tiempo por llegar ni las huellas ocurridas de unos pies sobre el agua. El cuerpo hinchado de aquel que hace unas horas tiritaba de miedo y de esperanza ya no puede girar la cabeza para dirigir su mirada a ningún lado. Para él no existen las orillas. Lleva todo el cauce del agua en sus entrañas.
Me da vergüenza la vida porque ese chico sí buscaba un consuelo, una costa que ni siquiera llegó a vislumbrar.
La otra noche, en un programa de televisión, un hombre joven contaba entre llantos una experiencia que para él fue aterradora. Rescataba el cadáver de un inmigrante entre las rocas de una costa. Era muy joven. Cuando por fin lo tenía sujeto por los brazos, llegado de otra dimensión sonó el móvil del ahogado. Soltó el cuerpo de golpe, con una angustia irracional. En un instante feroz, comprendió que ese cadáver era el de un veinteañero con historia. Jamás supo quien le había llamado, ni quien era el muerto, pero desde ese día, no ha podido quitarse de la cabeza el sonido del teléfono. "Fue su madre quien le llamaba. Lo sé. Estoy seguro. Era ella. Quiero que sea ella. Quiero que le llamara su madre", decía entre lágrimas.
Lo terrible no es morir joven. Lo terrible es morir sólo, lejos de todo aquello que habla tu idioma. Morir sin comprender, en un lugar ancho y ajeno. Morir con una mano detrás y otra delante. Morir por algo que jamás será alcanzado, aunque se tenga una y mil veces el derecho a poseerlo. Morir, y que alguien imagine para ti la llamada de una madre.
Morir, sin que lo sepan en casa, sin tener la seguridad de que alguien, al menos una vez, va a decir en voz alta tu nombre. Tu precioso nombre de angelito negro. De muchacho desaparecido en el frío mar de la esperanza, en la insidia de lo bueno por llegar.
En nuestro país, hace unos días ha muerto Antonio Puerta, futbolista internacional de veintidós años, perteneciente a la plantilla del Sevilla. Ha sido llorado por millones de personas. Sé que es una tragedia. Una tragedia que jamás se va a olvidar. Lo sé y lo siento, pero...
¿Jugaría el angelito negro del Estrecho al fútbol? ¿Formaría parte de un equipo que ahora y para siempre le echará en falta? ¿Corearán su nombre los aficionados?
Casi seguro que no, así que para él no existen millones de lágrimas.
Yo también quiero creer que fue su madre quien le llamó por teléfono.


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