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Escuela De Letras

Jugar con fuego
desarrolla en nosotros la habilidad de no quemarnos.
H. G. Wells

Para la edad que tienes


Por: Blanca Suñén | 27 Mar 2009 15:37:53
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Por mucho que yo procure mantenerme galana, me llevo un sobresalto un día sí y el otro también a causa de mis hechuras.
Nunca he sido una chica guapa, aunque sí bien querida, y las parejas que he tenido a lo largo de mi vida, han procurado mantenerme alejada de tan manifiesta verdad estética. Yo, sintiéndome más amada que alagada, siempre les he dejado opinar libremente a este respecto. Faltaría. La juventud, por lo demás, tapa casi todos los defectos.
Lo que me pasa ahora es que ya soy cincuentona, y los cincuenta años son para los cuerpos como una segunda adolescencia, pero a lo ancho y a lo bestia.
Una mañana te levantas de la cama y no tienes cintura. La buscas entre las sábanas por si un acaso pero no, no está ahí; no aparece por ningún lado. La muy ingrata, a quien has cuidado con esmero los últimos diez años, se ha fugado sin dejar señas.
Mis rizos, que de siempre fueron la admiración del mundo occidental, se empeñan ahora en estirarse como si de gatos tras la siesta se trataran. Mi cabello ha descendido desde el olimpo de la gitanería hasta la vulgaridad del ondulado.
A Dios pongo por testigo que mis ojos eran verdes. A día de hoy, su color se acerca más al marrón de las castañas que al glauco de las uvas.
Así son las cosas, y así están bien. Van con la lógica del paso de los años. Me parece de una frivolidad escandalosa preocuparse por ello cuando existen tantas cosas verdaderamente graves por las que llevarse las manos a la cabeza. Pero hay algo que parece insoslayable: el efecto que produce en los otros la edad de una. Mi hermana Manena, bastante más joven y guapa que yo, comienza a notarlo. Pues estás muy bien para la edad que tienes, le dicen:
Yo, modestamente, no he oído una grosería mayor en mi vida. ¿Qué significa? Que como eres una vieja... ¿estás bien como estás y no le puedes pedir nada más a la vida? ¿Que aparentas la peregrina edad que tienes, ni más ni menos? ¿Que para el cerro de años que has cumplido te conservas bien? No sé como la gente sigue hablando por hablar y sin darse cuenta de las tonterías que suelta, dice mi indignada Manena.
Y yo la miro y la veo tan guapa que vuelvo a pensar en mi cinturita perdida, en mis rizos extraviados y en mis verdes ojos deslucidos. La veo tan guapa que no me queda más remedio que darle más razón que a un santo de peana. Y se me quitan los sobresaltos mañaneros: yo soy lo que soy, y lo que los demás ven de mí, depende únicamente de su lamentable falta de experiencia verbal, sensual y vital.
Hay tanta belleza en el paso de los años que deberíamos acostumbrarnos a celebrar y saludar su inevitable y gozoso cumplimiento. Gente sin imaginación la habrá siempre. Esa es a la que los años respetan menos porque, teniendo cada vez más cosas que aprender y que contar, no se han movido jamás del lugar común en el que comenzaron a mirar a sus semejantes. Tienen menos mundo que Maranico el Corto.
La soberbia siempre puede a los ignorantes. Este tema de la edad es un mal menor en Europa, en dónde la expectativa de vida supera los ochenta años. Tener cincuenta años significa haber llegado a la mediana edad. En África sin embargo una mujer de cuarenta sólo puede esperar malvivir otro par de años más. Seguro que en su pueblo no hay ningún necio que le diga: Pues estás muy bien para la edad que tienes.
¡Qué ombligo tan grande posee el primer mundo, Marianico!

Categoría : Diario | © Blanca Suñén

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