Encaro estas fiestas navideñas con un catarrazo de órdago. Yo, para esto de las tradiciones, soy persona muy seria. No hay Navidad sin tos, como no la hay sin personas que se queden colgadas en los aeropuertos. Prefiero lo mío, la verdad. Es mejor costumbre cantar villancicos entre estornudos, que tocar la zambomba en la zona de embarque de un frío aeropuerto. Pero claro, para mí es fácil decirlo, ya que tengo a todos mis amigos y familiares muy cerca, y no tengo que coger más transporte que el coche de mi hermano David.
Las aerolíneas
Air Comet, se han quedado en petardo, que es lo que a una servidora le ha parecido el señor Díaz Ferrán, a quien acabo de escuchar por la radio. Ha dejado a siete mil personas sin poder ir a casa por Navidad, pero él dice que la gestión de la empresa ha sido la correcta. Debe ocho meses de sueldo a sus empleados, pero él dice que la sentencia de cierre ha sido precipitada. La empresa es suya, pero él no viaja con
Air Comet...
Se ha declarado insolvente, y quiere que sea el Ministerio de Trabajo el que solucione el tema a través del Fondo de Garantía Salarial. Fomento le ha abierto un expediente a su línea aérea -por el abandono de sus obligaciones contractuales con los pasajeros- que puede alcanzar, tan ricamente, los 4 millones y medio de euros.
Teniendo en cuenta esto de la insolvencia, no sé yo cómo va a acabar la cosa. Sacará la pasta de alguna otra empresa, ya que se le llena la boca una y otra vez, durante la entrevista, con el número de personas a las que da empleo: diecinueve mil personas, dice. Y yo digo, ¿no será al revés? ¿No será gracias a esos diecinueve mil empleados que el señor Díaz Ferrán puede comer todos los días? Y, sospecho, comer lo que le plazca, sin mirar los precios del menú.
Y es que este hombre entiende mucho de economía doméstica; es una auténtica madre para sus diecinueve mil hijos, y para que su empresa siga siendo una gran familia (¿acaso no esa la frase favorita de nuestros entrañables empresarios?) lo mejor es que los chicos estén ocho meses sin cobrar, porque si pretenden hacerlo, mamá tendrá que sacarlo de alguna otra de sus empresas, y entonces serán algunos de sus diecinueve mil hermanitos que pertenezcan a la empresa elegida, los que se queden sin cobrar. Díaz Ferrán anda muy justo de dinero, y hay que saber sacrificarse por la familia, que siempre es lo primero, faltaría más.
¡Pobre hombre, jolines! Mira tú, yo quejándome del resfriado; los viajeros lloriqueando por pasar la Nochebuena en el aeropuerto; los empleados chillando como cochinillos por ocho miserables meses de atraso en sus libretas de ahorro; y ninguno de nosotros somos capaces de darnos cuenta de las fiestas tan malas que va a pasar el señor Díaz Ferrán. Va a tener que decidir, entre turrón, pavo y mariscos, a quienes de entre todos sus hijos va a dejar sin cobrar en el próximo año. El capitalismo liberal es una carga muy pesada que sólo pueden soportar las espaldas de los grandes hombres.
Llaman a la puerta: sólo le pido a Dios que no sea el dueño de
Air Comet pidiéndome el aguinaldo...
Porque, de ser así, no respondo de mis actos. Espero que pegar una paliza a un gilipollas no esté penado por la Ley.
Bueno, no, mejor me aguanto... Ya saben Uds. donde está el que zurró a Berlusconi.