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EscuelaDeIdeas.com: blog Blanca Suñén

Escuela De Letras

Jugar con fuego
desarrolla en nosotros la habilidad de no quemarnos.
H. G. Wells

Bipolar


Por: Blanca Suñén
27 Mar 2009 16:16:14
Blog
Los comienzos del año son muy bonitos en mi vida. El día cinco participo en la Cabalgata de los Reyes Magos de Bustarviejo con un importante papel: soy la Mensajera que avisa a todos mis vecinos de la llegada inminente de sus majestades y dirige la marcha de tan regios visitantes a través de las calles del pueblo hasta la plaza del ayuntamiento. Al día siguiente -tras desayunar con Pedro un roscón en el que siempre me toca la sorpresa- disfruto de la comida familiar en casa de Manena. El resto del mundo queda en penumbra durante unas horas y la difícil tarea de sobrevivir en este mundo cruel le da una tregua a mis pensamientos. Las hijas de Manena y Lolo, mis sobrinas María y Susana, están cada día más simpáticas, más listas y, claro está, más gansas. La profunda belleza que emana de todas sus acciones, sus palabras, sus bromas y ternuras hace que mi corazón lata entre el éxtasis y el orgullo tribal y mi sangre, colateral a la de ellas, se vuelve tan dulce y sabrosa como el mismo postre chileno del que disfrutamos tras la comida.
He utilizado de forma consciente dos palabras en este maravilloso relato: tregua y colateral. Dos palabras que van unidas a lugares como Iraq o Gaza, a los momentos más vergonzosos -por ahora, no hay que subestimar nuestra capacidad de ser crueles- de nuestra historia contemporánea.
La educación sentimental del ser humano acabará por convertirnos en una raza bipolar.
Lo mismo sucede ahora en mi pueblo. Lleva nevando de una forma tan desmesurada desde hace horas, que se me han congelado las cañerías de agua. Yo, que no estoy entrenada para la supervivencia, he recogido sin embargo la nieve que se acumulaba en mi azotea y llenando con ella la cacerola más grande que tengo, la he calentado hasta el hervor y he derramado su contenido sobre la cañería de entrada a casa. Mano de santo. El agua ha comenzado a salir de los grifos de inmediato. Ni que decir tiene que hasta conseguir el éxito me he pelado de frío, y que mi casa, que se calienta con radiadores de agua, estaba más o menos a la misma temperatura del exterior, cuatro grados bajo cero mientras estaba realizando la citada operación de supervivencia. Han sido unos momentos horrorosos, pero a la vez, la belleza que me rodeaba era impresionante. Estaba en medio de un cuadro de Caspar David Friedrich; era la figura central del sueño de un pintor romántico; estaba en el centro del deseo de los niños que ahora mismo estarán en clase, deseando salir a jugar con la nieve hasta que la congelación les obligue a dejarlo para mañana.
Siempre he trabajado con los sentimientos y sus contradicciones y pesar de todo, no me acostumbro a estas luces y a estas sombras; a saber que la belleza de los actos y las palabras tienen su revés al otro lado del mundo, que el amor por las personas y el orgullo por pertenecerlos y pertenecernos es tan frágil como nombrar tales sentimientos en voz alta.
El olvido de la desgracia de los otros se hace imposible aún en medio de un grito vital de alegría.
Me siento feliz por conocer a los Reyes Magos, por compartir las horas con mi envidiable familia, por mi heroico comportamiento ante esta impresionante y bellísima nevada, pero no puedo impedir que se me caigan las lágrimas ante la infamia de que los medios de comunicación y las personas en el bar dediquen más tiempo y más entusiasmo a los goles de Messi, al traje de la ministra en la celebración de la Pascua Militar o al ingreso en el hospital del padre de un ex torerillo, que a la bestialidad del gobierno israelí sobre Gaza, a la cobardía de la ONU, a la soberbia y prepotencia de los magnates rusos. No me acostumbro a que los santos ejemplares de nuestra época sean del pelo de Bono, el cantante de U2, o en nuestro país, del protagonista de una serie sobre la España de la transición que anuncia coches carísimos -y cuya mujer nos invita a sentirnos como en París si nos compramos un perfume de precio prohibitivo- pero que nos invita a ser tan generoso como él ante las causas solidarias.
Ya sé que me dirán que todo esto es demagogia trasnochada, pero yo lo llamo la pura y simple verdad.
Y la Iglesia sigue sin mojarse. ¿Sera ya Benedicto XVI tan bipolar como sus sufridos fieles?

Categoría : Diario | © Blanca Suñén

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