No es fácil, pero tampoco imposible. Necesitaréis un buen manuscrito, paciencia y los contactos adecuados.
EL BUEN MANUSCRITO:
El concepto de "buen manuscrito" es, como entenderéis, muy subjetivo. Esta parcialidad se incrementa, de forma casi geométrica, conforme nos acercamos al cenit de la subjetividad: el autor, quien difícilmente, y mucho menos si es un escritor novel, puede evaluar la calidad de su propia obra. Me explico: todo artista que asume el riesgo de mostrarse en público confía, en muchos casos ciegamente, en la calidad de su trabajo. Pero no posee distancia suficiente, no puede prescindir del plus de conocimientos que separan su mirada de la visión del destinatario del mensaje, en este caso el lector, exenta de otro saber que la obra previa del autor y la información suministrada por la editorial, si esta existe.
Aquí nacen todos los problemas. Muchas veces, de hecho la mayoría de las veces, no somos tan buenos como creemos. Existen millones de obras objetivamente malas, con personajes mal expuestos, un lenguaje deficiente o una pésima historia. Pero también puede ocurrir que, disponiendo de un texto de auténtica calidad, no encontremos el canal adecuado y, por lo tanto, no hallemos a un editor que comparta nuestros criterios de calidad, nuestra mirada.
LOS CONTACTOS:
En términos laborales nada diferencia al escritor de cualquier otro profesional, como el arquitecto o el abogado. Es un trabajador por cuenta propia, que vive de la confianza de sus clientes. En términos económicos la diferencia se agranda, salvo contadas excepciones, ningún escritor vive de los rendimientos de su obra. Cuanta más gente del sector conozcáis, mayores serán vuestras posibilidades de publicación. ¿Cómo se conoce a editores, agentes, escritores? ¿Cómo conseguir que, al menos, lean nuestras novelas, relatos o poemas? La oferta es inmensa. Si alguien se acerca a vuestra obra, está renunciando a la lectura de otro texto. Como resulta obvio, vosotros también debéis ofrecer algo:
1.- Escribid una gran obra, cuya inmensa calidad, y rentabilidad, venza todos los filtros editoriales. Es, sin duda, la mejor solución para todos. Pero, como he mencionado antes, el autor debe enviar la obra por el canal adecuado. No es recomendable, por ejemplo, enviar una novela rosa a El Acantilado, ni una novela intimista con cuatro narradores en monólogo interior a Planeta.
2.- Sed ricos de familia, ricos sobrevenidos o inmensamente guap@s. El dinero os permitirá invertir, invitar y esperar. En cuanto a la belleza, los motivos resultan obvios. Pero sólo es un punto de partida. Como en cualquier otra profesión, las antes citadas cualidades os abrirán muchas puertas, pero sólo permanecerán abiertas si vuestro producto resulta rentable.
3.- Matriculaos en la Escuela de Letras. Aunque ello no os exime de la exigencia del dinero, de la belleza y, sobre todo, de la calidad de vuestros escritos, os proporcionará formación y capacidad de lectura, dos herramientas esenciales para llegar al primer punto: la gran obra.
LAS EDITORIALES:
Sólo ellas pueden convertir el manuscrito en un libro. Así pues, son el objetivo, el destinatario final de vuestro trabajo. Las editoriales, aunque los nombres permanezcan, han cambiado radicalmente en los últimos veinte años. En los setenta aún se guardaba cierto respeto por la calidad literario. El aumento del número de lectores ha provocado una masificación de la oferta: el dinero es conservador, y sólo apoya aquello que ya da dinero. Si todavía se mantienen apuestas cuyo beneficio no está garantizado previamente, es por la necesidad de mantener la credibilidad del nombre comercial. El motivo de esta evolución, o degradación, es muy simple:
1.- Las editoriales forman parte de grandes grupos, donde conviven con negocios, como la televisión o la música, con márgenes de beneficio más elevados. Los patrones exigen idénticos beneficios a todas las empresas del grupo.
2.- La oferta condiciona a la demanda. El público termina reclamando lo que se le ofrece. Además, siempre resultan más rentables, menos incómodas, las respuestas que las preguntas. Y la verdadera literatura genera interrogantes, no ofrece soluciones tranquilizadoras. El best seller es un producto industrial que, salvo excepciones, hace sentir al lector mucho más culto, más inteligente de lo que verdaderamente es. Aunque no os creáis que su confección es fácil. Como todo producto industrial, exige rigor y calidad, un dominio del ritmo, de la focalización y de la progresión de la historia que muy pocos poseéis.
Aun así, todavía quedan resquicios para la esperanza. Todos los años se crean editoriales, nacidas por el entusiasmo de cuatro locos, que aman la literatura, y que procuran llenar su catálogo, demasiado breve en la mayoría de las ocasiones, con obras de verdadera calidad. Una de ellas es, por ejemplo, Dilema.
El mejor modo para llegar a la mesa de un editor es a través de un agente. Podéis encontrar numerosa información sobre el gremio, incluidos sitios web, en la página http://www.federacioneditores.org/
EL AGENTE:
A nadie le gusta regalar un 10% de sus ganancias, y menos cuando son tan escuetas, a un comisionista. Pero muchas veces su presencia resulta ineludible. Un autor con agente sabe que su obra va a ser leída. Lo que es bastante, ya que un 90% de las obras enviadas - la mayoría, por cierto, de pésima calidad - terminan en el cubo de la basura (eso si, en el destinado al papel, que no es poca cosa).
Acceder a un agente es tan difícil como llegar a un editor. No os va a cobrar nada de entrada, tampoco va a adelantar dinero, pero vuestra contratación supone gastos en teléfono, en tiempo, en papel cuya conveniencia debe ser evaluada. Así pues, los requisitos para acceder a una agencia son similares a los antes expuestos. Si al agente le interesa vuestro trabajo, os ofrecerá la firma de un contrato, por el que comisiona ante cualquier obra literaria que publiquéis y cobréis. El contrato, como todos, estipula una duración del compromiso. Los autores noveles seréis siempre mejor atendidos en una agencia modesta o de nueva creación, ávida de autores con talento.
Esto es todo. Ya sabéis que estamos a vuestra disposición, tanto para recibiros en persona, como para responder a vuestras consultas.