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Sencillo manual para la conciencia
Por Julio Álvarez Pineda
“Los Principios Activos”. Julio Fajardo Herrero. Editorial 451. Madrid, 2008. 275 páginas

La impresión que queda al leer la última página de "Los Principios Activos", es la de haber estado husmeando en las vidas de gente que conocemos, pero a la que Julio Fajardo Herrero ha cambiado el nombre. Tres historias principales conforman un collage de la cotidianeidad, ésa en la que decidimos asumir las nuevas patologías de nuestros días como ‘normales’. Julio Fajardo Herrero, en la que es su primera novela, decide escribir sobre esta ‘normalidad’, asumiendo así el reto de contar algo nada nuevo, aunque potencialmente interesante.

El planteamiento de la novela no puede ser más sencillo: tres historias principales que contienen pequeñas historias conectadas representativas, cada una de ellas, de los males que la clase media de nuestro primer mundo padece. Los personajes comparten muy poco a pesar de formar una relación afectiva o de parentesco… Éstas no son sinónimo de nada parecido al cariño o la comunicación. Todo lo contrario, se nos presenta a una serie de personajes que comparten el caminar sobre el alambre, las vistas desde el abismo. Nada que sorprenda a cualquier consumidor de cine social actual: un preadolescente miedoso, quién sabe si por el divorcio de sus padres (su madre comienza una relación con un tipo diez años más joven que ella, su padre elige echarse a perder); un hombre que abandona a su pareja por una universitaria y madre soltera, mientras a su ex mujer, aún enamorada de él, le diagnostican un cáncer de páncreas; la historia de amor entre Bea y Hugo, dos veinteañeros perdidos en dos polos opuestos (joven comprometida y estrella de pop-rock adicto a las drogas).

Ante esta plétora de personajes desestructurados, Julio Fajardo Herrero propone un narrador omnisciente que, no obstante, varía su posición al separarse en ocasiones de sus personajes para dirigirse directamente al lector. La postura del narrador es la de un ensayista que disecciona males y reparte remedios en las primeras páginas de varios de los capítulos (“Ni mucho menos. Olvidarse de lo malo no arregla nada. La desmemoria no es la clave de la felicidad, es todo lo contrario. Basta con pensar cómo mejorarían las cosas si recordásemos lo que una vez nos propusimos no olvidar. En las vidas de los hombres no hay tanto error como mala memoria”.) Apenas un par de folios después, retoma el hilo narrativo, no haciendo sino reflejar en sus personajes las patologías descritas. Lo que consigue Fajardo Herrero con este narrador que se desdobla en varias funciones, es implicar al lector en las historias, dando a la vez una sensación de conjunto sobre la disección en que se basa su obra. La novela fluctuará entre páginas que parecen extraídas de ensayos de andar por casa - pequeños “tratados para la vida”- , resueltas con un lenguaje algo más elaborado, y las partes en que esas reflexiones son vividas en carne y hueso por sus personajes. (“ A no ser que le preguntes a alguien que está enamorado de ti durante el breve espacio de tiempo en el que su enamoramiento es ciego e incondicional, en realidad no quieres saber lo que piensa de ti. Lo normal es que lo bueno ya te lo haya dicho”.) El autor se acerca a ellos, nos habla de sus vidas, se aleja, se dirige al lector, le habla quizás de la suya… En definitiva, lo que parece buscar este narrador inteligentemente escogido, es la capacidad de fomentar la “reflexión consciente” del lector. Al contrario que en otras novelas, las conclusiones no se extraen al término de la lectura, sino que nos vienen dadas en repartidas dosis. Lo que pudiera perder en una cierta simplificación del mensaje, lo gana la novela en la originalidad con la que el mismo se emite.

El lenguaje de “Los Principios Activos” salva un riesgo fundamental en una novela así: el de la credibilidad. Los personajes abarcan todo rango de edades, desde la pre-adolescencia a la vejez. La imposición de un narrador que, de forma no pretenciosa, realiza una serie de afirmaciones sobre nuestra moral, y conoce con una profundidad excepcional a sus personajes, dejan al lector a merced de su historia. Y el mérito que termina por destacar en una novela que no nos habla de nada nuevo, es a la vez el más viejo de todos: la labor de observación de todo escritor, la voz puesta en palabras por quien escucha. O lo que es lo mismo, la sensibilidad puesta al servicio de lo cotidiano. Reiterando que sobre lo que se escribe en esta novela no es una oda a la originalidad, el mérito se debe buscar en otros campos: la forma en que el autor elige presentarnos a esos “conocidos”, o su enfoque sobre las patologías del inhóspito siglo XXI.

“Los Principios Activos” propone un juego basado en la automedicación a base de realidad: se nos muestran una serie de derivas morales, y, en apenas trescientas páginas, una suerte de píldora literaria como sustitutivo de píldoras somníferas o antidepresivas para tratarlas. Como éstas, difícilmente podrán curarnos del mal que padezcamos. Todo lo más, la lectura de la novela podrá resultar un alivio (aquellos que se consuelan con los males de los demás) o una alarma que salta como un resorte ante aquello no asumido y recién leído: lo que sabemos pero no siempre somos capaces de ordenar en ideas, o que simplemente no nos atrevemos a hacer. Julio Fajardo Herrero lo tritura y prepara su propia mezcla para el lector. De algún modo parece querer ayudarnos, compartir algo aprendido, compadecer a sus personajes, o simple y llanamente reflejar aquello que existe y que dejamos que exista, eso que duele de forma extraña y a lo que no sabemos poner nombre.

El autor se desenvuelve realmente bien en lo cotidiano. Los diálogos de los personajes son de una enorme credibilidad, perfectamente literarios, quizás algo cinematográficos (“¿Sabes qué he pensado? Yo creo que, si lo admitieran, se vería que la mitad de la gente en realidad está esperando que suene el teléfono. Una llamada de alguien. Pero como lo probable es que no llamen, no lo reconocen. Todo es mucho más fácil si no lo reconoces. Y la otra mitad…” “La otra mitad se pasa la vida dudando si llamar.” “Exactamente, ¿Ya te lo he contado?”.) Cuando se atreve a indagar en la mente de sus personajes vuelve a elegir bien: no se entromete en sus pensamientos más elaborados, limitándose a reflejar lo enrevesado de la mente humana en las situaciones más simples (“Román escucha resonar lo último que ha dicho. No es una frase muy suya, pero ha sido acertada. Si sigue diciendo cosas por el estilo nadie podrá acusarlo de ser incapaz de ponerse en el lugar del otro”.) La lógica de las reacciones de sus personajes, de sus pensamientos, de las lecciones que va esparciendo el autor, no deja de despertar una sensación general de asentimiento, lo cual refuerza la idea del lector implicado en las diferentes historias.

La empatía hacia los personajes no siempre convierte a una historia en mejor novela. Pero quizás el logro de ésta sea su forma de abordar la conciencia, lo cercano, lo latente... Porque los temas de Los Principios Activos son tan cotidianos que terminan por ser universales. Los personajes se encuentran en zonas de no retorno, llamadas divorcio, crisis de los cincuenta, cocaína… Comparten una enfermedad que nace con su tiempo, de ahí que todos la padezcan o a todos les salpique al margen de su edad. Se encuentran solos, incomunicados, jamás saciados ni dotados de la capacidad de comprender. Como todo enfermo, no quieren ser quienes son en ese momento, y no saben qué puede curarles. (“Puede que no le haya pasado a mucha gente, pero Román no recuerda que haya habido mañana en la que no se levantara con resaca espiritual. De la piel para dentro, lo más parecido a su vida es una caza de brujas”). “Los Principios Activos” no es tan pretenciosa como para querer curar a los personajes de sus historias. Tampoco es la novela que deseas recomendar, porque nadie recomienda abiertamente la automedicación. Es una novela correcta, sencilla y cercana. Quizás carece de la capacidad de las grandes novelas para golpear, pero al menos pellizca, con digna intención, nuestras atoradas conciencias.
17-09-08, 16:10 | Autor: Julio Álvarez Pineda | Volver a página principal 

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