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 La tercera virgen

"La tercera virgen", Fred Vargas. Editorial Siruela, 2008. 394 páginas. Traducción de Anne-Hélène Suárez Girard.

De Fred Vargas se ha escrito casi todo ya, pues nos encontramos ante un fenómeno literario que traspasa las fronteras de su país. Esta arqueóloga francesa debe la mayor de sus famas a su propuesta literaria, que se considera una regeneración del género policiaco tradicional. Pese a ello, Vargas se ha desmarcado reiteradamente de este encasillamiento, y en La Tercera Virgen pueden encontrarse argumentos de peso que le otorgan la razón.

Tras su novela ‘Los que van a morir te saludan’, publicada en 2002 en España, Fred Vargas ha dividido su actividad entre la serie de Los Evangelistas y aquella que relata las pesquisas del comisario Adamsberg. La Tercera Virgen retoma la figura de éste último, y su lectura se encuentra llena de referencias a sus anteriores casos (novelas) sin por ello ser una molestia para el lector no iniciado en ellos.

La Tercera Virgen arranca con un capítulo en el que el comisario Adamsberg aprende una historia de fantasmas del siglo XVIII. La autora avisa desde un principio de que su novela no seguirá un patrón clásico. Un vistazo sin demasiada profundidad al comisario Adamsberg nos lleva a la misma conclusión, pues no se trata del detective clásico del género. Muy al contrario, Adamsberg es un comisario que dirige una Brigada, parte de la cual cuestiona sus métodos pero no los resultados de sus investigaciones (resueltas de forma inexplicable, según el rumor general); su razonamiento carece de lógica y sus instrucciones, cuando existen, son ambiguas; de su muñeca cuelgan dos relojes que dan la misma hora, y necesita apoyarse en su compañero Danglard para todo tipo de dudas referidas al intelecto y la erudición. Finalmente, su complexión es menuda y su éxito con las mujeres muy relativo... Lejos queda el estereotipo de hombre rudo y solitario, mujeriego, de labios pegados a un cigarro o una copa de whisky.

Pero al margen de lo evidente que pueda resultar el diseño de un personaje no arquetípico, buena parte de las páginas del relato son empleadas para dotar de rasgos característicos a todos y cada uno de los miembros de la Brigada del comisario, y algunos de ellos son descritos con la intensidad de un protagonista. La introducción de un personaje nuevo respecto a anteriores tramas, Veyrenc, resulta cuanto menos ingeniosa: un joven aspirante a comisario que posee la manía de hablar en verso y admirador de Racine. No es más que un simple ejemplo de cómo Vargas hace de lo inverosímil algo interesante e intrigante incluso para el lector más desconfiado.

Al margen de un cuidado desarrollo de los personajes, lo que debe reconocerse a Fred Vargas es la capacidad para crear tramas de gran complejidad. La novela nace con una vieja leyenda sobre espectros, y crece por distintos caminos que en casi todos los casos desembocarán hacia vías muertas. El lector se verá implicado, junto con el comisario, en razonamientos equivocados, pistas falsas y enigmas tangenciales al principal. Lo que consigue Vargas con esta estructura, es acrecentar el interés por la lectura, así como dotar al género de una complejidad que impide que la novela pueda considerarse ingenua o previsible. No son cuestiones baladís en un género en el que el peso debe recaer en gran medida en la trama, y la autora lo hace cuidando también otros aspectos. En una entrevista Vargas reconoce que "los primeros fragmentos me vienen cuando sueño, no son todavía más que islotes dispersos, sin ningún nexo". Al leer por primera vez sus novelas, da la impresión de que son demasiados los frentes abiertos, demasiados los temas a tratar, y que difícilmente se llegará a una resolución satisfactoria de todos ellos. En mayor o menor medida, La Tercera Virgen resuelve las historias adyacentes a la principal, responde con correcto suspense sobre la identidad del asesino, y a la vez encuentra tiempo para la originalidad y el uso de un humor bastante refinado. Parece claro que Vargas está dotada para dar forma a esas ensoñaciones, pero consiguiendo que la impresión para el lector sea la de estar viviendo en esa misma ensoñación, entre la búsqueda del camino lógico y el mayor de los despistes.

Lo que más interés suscita de La Tercera Virgen, y lo que la desmarca definitivamente de una novela de género, es la elección del componente mágico o sugestivo como hilo conductor. Desde ese primer capítulo en que Vargas nos habla de una Sombra asesina de aquellas mujeres que habitaban la casa que el comisario acaba de adquirir, la metáfora de la sombra acompaña al comisario en sus descubrimientos, y el lector también se ve envuelto en un halo de misterio que se rebela contra la forma clásica de resolución de investigaciones: la razón no es capaz de vencer ya a lo incomprensible. Lo irracional, lo inexplicable a la lógica, parece decirnos Vargas, es el camino a la resolución de los enigmas de hoy. Claro que esta afirmación esconde un planteamiento mucho más ambicioso, que considero es lo que hace valiosa la lectura de esta novela concebida como best-seller: lo racional es incapaz de explicar el mundo presente, así como los enrevesados giros argumentales de la Historia que nos ha tocado vivir. La autora nos dota, a cambio, de otras herramientas que nos dan las claves para comprender: la tradición, lo fantástico, los instintos humanos, las ambiciones ultra terrenas... Sin alcanzar las dudas metafísicas que planteaba ‘Tren Nocturno’ de Martin Amis (ejemplo absoluto de novela policiaca fuera de la novela policiaca de género), lo cierto es que el cóctel de Vargas sirve para comprender que un comisario como Adamsberg sería mucho más capaz de resolver los casos actuales que el Marlowe de Chandler o el Samuel Spade de Hammett.

No debe perderse de vista que La Tercera Virgen no es una propuesta literaria de gran ambición, y difícilmente la visión de Adamsberg sobre el mundo cambiará en algo la nuestra. Lo que cabe reconocer a la autora es que su novela va un paso más allá del puro entretenimiento. Manejando con enorme facilidad el diálogo (pues la acción transcurre casi permanentemente apoyada en éste) y una gran cantidad de capítulos de muy corta duración (que impiden que decaiga el interés por la trama), introduce además interesantes mejoras al género policiaco, traspasando sus fronteras. La Tercera Virgen es lo suficientemente intrincada e interesante para huir del mero entretenimiento que proporciona un best-seller de serie negra.

Artículo nº: 185 | 30-04-2008




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