CríticaElCrítico/EDL/16-12-2008Historia de unos culpables | Julio Álvarez Pineda
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  Historia de unos culpables


Por: Julio Álvarez Pineda
Reunión de Bachilleres. Franz Werfel.
Traducción de Eugenio Bou.
Editorial Minúscula. Barcelona, 2005. 207 páginas.


Franz Werfel fue un autor austriaco que vivió su mayor éxito en la época de entreguerras en Alemania y Austria. Dramaturgo, novelista y poeta, fue una de sus novelas, "Los cuarenta días de Musa Dagh" (que relataba la persecución de los armenios por parte del ejército turco en la Primera Guerra Mundial) la que propició que el nazismo emergente comenzase a quemar todas sus obras. Werfel, postrer marido de Alma Mahler, huyó hacia Francia, primero, para acabar sus días en Estados Unidos, finalmente.

De entre las novelas de Werfel, quizás sea la más destacada "Una letra femenina azul pálido", delicado relato intimista publicado en 1941. Pese a ello, la obra que más fama llegó a alcanzar fue "La canción de Bernadette", por cuanto su adaptación al cine (durante la Segunda Guerra Mundial, Werfel disfrutaba de sus últimos años de vida en Los Ángeles junto a Alma Mahler), cosechó cuatro Óscars.

"Reunión de Bachilleres" se encuentra publicada por Minúscula dentro de una colección, Alexanderplatz, dedicada a autores germánicos, principalmente del período de entreguerras en que la misma fue concebida, en el año 1928.

El tema del relato de Werfel nos viene dado desde el propio subtítulo del mismo: ‘Historia de una culpa juvenil'. No obstante, quizás lo más interesante, realizando una lectura ambiciosa de esta novela, sea la relación de dicha culpa con aquella de toda una generación. Los personajes de Werfel son arquetipos de una sociedad burguesa acomodada en lo económico e incluso en lo ideológico (el mismo autor no tomó el partido en sus primeros años como escritor). La excusa de una reunión de viejos alumnos del Instituto San Nikolaus sirve para describir los distintos arquetipos de la sociedad austríaca. Con mejor o peor fortuna, aquellos que están presentes forman parte de la sociedad en la que "los reunidos formaban claramente dos bandos. El otro bando (...) eran claramente los perdedores, la carne de cañón de un conformismo mezquino y desconsolador". San Nikolaus, desde su educación clásica, ha inscrito sus valores en los aquellos no tan jóvenes que se reúnen veinticinco años después. Unos y otros parecen asumir, conscientemente, su papel en la sociedad, su mayor o menor éxito en la escala social. Desde el fracaso o la posición altiva, todos demuestran haber mantenido intactos los valores de aquellos que permanecerían impasibles, espectadores perplejos y derrotados, del ascenso del nazismo en la zona germana.

Ernst Sebastian es magistrado del tribunal de primera instancia. No es casualidad que esto sea lo primero que conozcamos del protagonista. Hablamos de una sociedad medida por los apellidos ilustres y los comunes ("Dios, en Su inconmensurable veleidad, había organizado la humanidad en dos bandos, el de los afortunados y el de los desafortunados, aunque sólo simpatizaba con el primero"). En el día en que se desarrolla la acción, Sebastian tiene ante sí dos tareas: un último interrogatorio, y tomar la decisión de acudir o no a una reunión de compañeros de promoción del instituto en que fue formado durante su adolescencia. El autor enlaza ambos acontecimientos: Franz Adler, antiguo compañero de su instituto, es el acusado que se persona para testificar. Se le acusa de asesinar a una prostituta. El reputado juez de instrucción es incapaz de llevar a cabo el interrogatorio con normalidad, y emplaza al acusado a retomarlo tras el fin de semana. De algún modo, esta perversa coincidencia precipita la decisión de Sebastian de acudir a la reunión.

En la reunión de los antiguos bachilleres el profesor invitado, el catedrático del instituto Johann Burda, es un anciano que apenas sí recuerda sus nombres; se aborda la ausencia de seis de los antiguos alumnos justificada por su muerte en la Gran Guerra (aquí comienza a atisbarse una segunda lectura de esta obra, que, si bien centrada en un episodio menor, posee fuerza suficiente para trascenderlo). Sebastian, reservado y ensimismado durante toda la reunión, termina por combatir su ahogo interior, exteriorizando el episodio acontecido ese mismo día con Franz Adler. La única conclusión que parece dejar la reunión es que todo permanece igual, que todos son un reflejo perfecto de quienes habían sido veinticinco años atrás.

Frente a la notable puesta en escena, cuyo mayor mérito es la ya resaltada descripción de la clase social de entreguerras austríaca, Werfel se zambulle en las aguas por las que mejor se mueve (como hará de forma sobresaliente en su posterior "Una letra femenina azul pálido"): de forma sobria e intimista, centrándose en la relación de dos personajes, retrata la historia de un abuso, una injusticia, una culpa jamás purgada. Sebastian regresa de la reunión y pasa la noche en vela contando, relatándose a sí mismo, la historia de su relación con Adler, aquella que marcó su adolescencia.

Werfel introduce la idea de la disputa desigual entre la ambición intelectual y la social. Sobre Adler dirá Sebastian: "Creo que realmente había nacido para ser artista o filósofo, porque se contentaba con la simple contemplación, sin querer nunca mezclarse con la vida". La relación entre ambos es la de dos antagonistas: la del incapaz frente al genio, la del dinero frente al ideal romántico, la de la apariencia burguesa frente a la decadencia del artista. También es un perfecto retrato de la dificultad de la etapa adolescente: entre ellos se forja una amistad movida por la admiración y el rechazo unidos indefectiblemente, en base a la contradicción entre dos caracteres, dos ambiciones opuestas.

Lastrado por su amigo-enemigo, tanto profesores como compañeros dan la espalda a Adler. Sebastian acude a él una y otra vez con afán redentor, pero su malevolencia le lleva a perpetrar actos cada vez más retorcidos contra aquél al que íntimamente admira y al que no se puede parecer ("Constantemente me sorprendía a mí mismo con un pensamiento: si Adler de pronto desapareciese de la faz de la tierra, todo podría acabar bien para mí"). Si de "Reunión de Bachilleres" se puede sacar una lectura crítica sobre una sociedad anclada en valores hipócritas que esconde el peor de los lodos bajo los adoquines, también su lectura en clave de acoso escolar resulta aceptable, dotándola de una curiosa actualidad social.

Si bien la lente con la que mira Werfel, situando el relato en los años de juventud, permite a Sebastian ser salvado por la sociedad, la culpa permanece latente, condicionando su vida, por cuanto sus actos de juventud revisten una crudeza inusitada, y reflejan la cobardía del que, en su inferioridad (intelectual, artística), alcanza más (socialmente), pagando el precio de una existencia intrascendente, que sólo a partir de la visita de Franz Edler la mañana en que arranca el relato, cobra forma como una existencia vivida en busca de una redención inconsciente.

Relato de adolescencia, fresco de una sociedad que responde a su derrumbamiento mirando a otro lado, crítica a un sistema educativo conservador y doctrinario que coartaba la libertad artística en pos de la producción de ciudadanos respetables... Quizás lo más admirable de esta pequeña novela, que no consta entre las más conocidas de Franz Werfel (autor de por sí menor en la narrativa de su época), sea la capacidad de sugerir tantos temas bajo un mismo subtítulo, aquél de la ‘Historia de una culpa juvenil'. Y bajo un lenguaje expresionista lleno de corrección, su capacidad de arrancar emociones y reflexiones de enorme calado.

Artículo nº: 209 | 16-12-2008

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