“Poesía completa”, Ryszard Kapuscinski. Bartleby Editores. 233 pp. Traducción y prólogo de Abel A. Murcia Soriano.
Después de ver de cerca la catástrofe, el terrible dolor humano, el hombre ya no sirve para la poesía, ya no sirve para el misterio, para lo inexplicable, y eso es bueno. Después de ver la catástrofe el hombre sólo sirve para creer, para enseñar lo que cree. Kapuscinki cree que escribió poemas, pero nunca escribió realmente un poema. El fue un testigo, y con eso tuvo bastante. Sería horrible que Kapucisnki fuese un buen poeta, no son buenos poetas lo que necesitamos, si no nuevos testimonios, nuevos hombres para nuevos lugares. Kapuscinski es importante porque nos enseña una nueva mirada, pero del mismo modo que siempre intenta que haya una esperanza, del mismo modo que busca un guía en Dios, e intenta guiar al hombre, toma conciencia de su vida y sus errores. Así en uno de los poemas finales del libro, encontramos esta suerte de testamento literario. “De hecho qué tenía que haber hecho decir – no lo dije – que sí /” “Y entonces empezó este ir cayendo cayendo / qué os voy a contar”.
Como escribió Walter Benjamin a propósito de Bertolt Brecht, lo importante para el creador es saber dónde debe invertir su talento, y esto depende muchas veces de las circunstancias históricas. Es probable que Kapuscinski se convirtiera en corresponsal de guerra en una estrategia que le permitiera salir de su país, tener contacto directo con el mundo, y abrirla de alguna manera al mundo. Kapuscinski supo dónde tenía que invertir su talento, y así escribió algunos de los libros capitales del periodismo del Siglo XX, de consulta obligada para entender los conflictos de la segunda mitad del siglo. Pero también imaginamos a Kapuscinki en la Polonia mítica que Kieslowski y Wajda nos enseñaron en sus películas, donde escribían poesía dos futuros premios nobel, Wyslawa Szymborsza y Czeslaw Milosz, y otros poetas, tan grandes como los anteriores, como lo fueron Zbignew Herbert o Tadeusz Rozewicz, todos ellos ya traducidos al castellano. Al mismo tiempo Tadeusz Kantor y Jerzy Grotowski se volvían a inventar el teatro mundial. Algo pasaba en Polonia entonces.
Como se ha dicho una y otra vez, Kapuscinski elevó el periodismo a género literario, yo diría a género poético. Pero si siempre siguió escribiendo poemas, fue porque tenía conciencia de que no es lo mismo explicar las cosas a los demás, que explicárselas a uno mismo. A través de sus poemas Kapuscinski decidió informarse a si mismo, sigue buscando dentro de si algo puro, pero una y otra vez se da de bruces contra su propia vida, contra todo el horror presenciado, quiere hacer un espacio para la belleza, pero no lo hay, quiere decir la verdad de otra forma, con esperanza, pero ya es imposible. Está dispuesto a buscar esperanza en cualquier parte, pero el dolor de los hombres inocentes es insoportable, Kapuscinski tiene en si cierta culpa, la culpa del testigo, del que quizá pudo hacer algo más, y ahora ya sólo puede contar la historia. Pero el testigo mira la historia, se sabe culpabe, y no puede contar toda la verdad. Pero Kapuscinski piensa y se plantea una y otra vez la misión de informar, de trasmitir el dolor de los demás, y en cada poema y en cada reportaje explora la forma de trasmitir ese dolor, y no convertirlo en espectáculo, y eso lo hace grande. Nicanor Parra lo formuló de forma inmejorable, “La catástrofe es una e indivisible”.
Volviendo a Walter Benjamín y a Bertolt Brecht, debemos hablar de la misión del artista. Lo que diferencia este libro es que aquí nos encontramos un poeta que tiene una misión en el mundo, y que no va a renunciar a ella. Esa toma de conciencia es lenta, y en este libro la podemos ir rastreando. Esta no es una poesía del desencanto, está llena de vida, y de búsqueda, el poeta cree en las palabras, en que las palabras lo ayudarán a cumplir su misión, y que finalmente algo será revelado. Puede que Kapuscinski se dé una y otra vez contra sus limitaciones, contra lo ya vivido, pero no parte del fracaso, siempre llega a el, siempre es verdad. Vivir la guerra o contarla no es lo mismo, pero como informador Kapuscinski parece mantener siempre el tipo, acostumbrado siempre a situaciones límite. La guerra y la experiencia es compleja, y Kapuscinski usa la palabra poética para tomar su lugar en ella. Lugar incierto, lugar de exilio, lugar donde no se puede permanecer.
Muchos textos tienen la frescura del fragmento, de la anotación, que probablemente tomaba en los conflictos que cubría. Al mismo tiempo intenta formular sus tesis a través del cuento o la fábula, y hay numerosas referencias bíblicas. Como en el poema “Parábola bíblica”, uno de los mejores del libro. “A veces sin embargo/ ves la paja/ en el ojo ajeno/ E incluso ves/ cómo va creciendo/ cómo se encarama/ cómo se convierte en/ el árbol del bien y del mal/ en un cedro fuerte/ que cortarán los viejos leñadores libaneses/ y el Viejo Carpintero hará de él/ una fuerte y regular viga/ que llevarás después en tu ojo/ pero que no verás”.
Muchas veces partir de la verdad lo enfrenta a la ironía, y del mismo modo, cuando intenta ser irónico, se topa con la verdad, con el dolor. Dice Gamoneda, que la poesía nace de la disolución del pensamiento común. La catástrofe personal y la colectiva no tienen por qué coincidir. Aquí no se disuelve el pensamiento común, se parte del mundo y se vuelve a el, Kapuscinski parece saber que hay muchas cosas que hacer antes de empezar a escribir poesía, y eso siempre está bien. *Por un instante no aprecio la belleza/ porque no sé concentrarme*. Hay numerosas referencias a escritores y amigos, en estos poemas se pueden rastrear los cambios de los últimos años del siglo, las formas de pensar y sentir la Europa comunista y la caída del muro. Así en el poema “A modo de despedida de J. B.” leemos “A ti que te ha tocado vivir en una época despreciada/ en un tiempo maldito/ en vano tus esfuerzos/ A todo se le añadió el signo menos/ al final del camino tienes las manos vacías/ han anunciado que la trompeta cuyo sonido/ debía anunciar la buena nueva/ ha emitido un tono siniestro/ Te vas indefenso ante la piedra/ que te alcanzará/ porque has vivido”.
Este libro es un complemento a toda la obra de Kapuscinski, un regalo, y los regalos no pueden rechazarse. Otro regalo de Bartleby, que sabe alternar los buenos libros de poemas, y los libros necesarios, que no siempre son lo mismo. Holan, que vivió cuarenta años encerrado en su casa de la isla de Kampa también lo explicó bien. “Y lo absurdo es absurdo, no tenemos otra alternativa”.
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