Cuando
Fredric Jameson (Cleveland, EE.UU., 1934) impartió una serie de conferencias en 1982 como profesor de Literatura en la Universidad de California y propuso su versión de la posmodernidad, ampliada luego en los famosos ensayos de la
New Left Review, difícilmente podía imaginarse el colapso general del sistema económico sobre el que había articulado su propuesta teórica. En 1991, al publicar
El posmodernismo, o la lógica cultural del capitalismo avanzado ("late capitalism" también se ha traducido como "capitalismo tardío"), ya tenía desarrolladas las principales líneas que definían, según su modelo, la época posmoderna: el asedio del capitalismo y sus formas sobre las condiciones de producción de la cultura. Muchos se resistieron, y aún se resisten, a aceptar este rótulo, alegando que las antinomias propias de la Modernidad no habían sido resueltas aún. Pero hoy no cabe duda, casi treinta años después, que la propuesta de Jameson era lúcida y estaba en muchos sentidos justificada. Ahora Jameson presenta
Valences of the Dialectic (Verso, 2009), un ensayo de más de seiscientas páginas donde retoma sus preocupaciones nucleares. Como recuerda
Benjamin Kunkel en su
reseña del
London Review of Books, Jameson había catalogado las "texturas superficiales" que definían a la posmodernidad: "la erosión de las distinciones entre alta cultura y cultura popular; el reino del pastiche estilístico y la miscelánea; el dominio de la imagen visual y el correspondiente eclipse de la palabra escrita; una nueva superficialidad -'surrealismo sin el inconsciente'- en el desborde de imágenes oníricas; la extraña alianza de una nostalgia cultural (como en el drama costumbrista o la novela histórica) con una amnesia cultural que sirve a la fragmentación del 'tiempo en una serie de presentes perpetuos'". Hoy estas descripciones nos resultan evidentes y claras, familiares incluso, pero en aquel momento resultaron arriesgadas y novedosas. Es de celebrar, por tanto, el retorno de Fredric Jameson al análisis de la realidad política, cultural y económica, ya que pocos como él pueden aplicar una hermenéutica solvente sobre el estado actual de estos campos de fuerza y sus implicaciones en la vida contemporánea. Es interesante volver sobre la obra de Jameson en el contexto de los acontecimientos recientes (la crisis financiera global), y combinar esa lectura con la
comparecencia de
James K. Galbraith (hijo del gran economista canadiense
John K. Galbraith) ante los miembros del Subcomité Judicial del Senado de los EEUU para brindar su opinión experta sobre la situación económica, sus consecuencias y motivaciones. El modelo económico neoliberal ha fracasado en su utopía de autorregulación, y en su caída pretende arrastrar al Estado de Bienestar. El capitalismo no ha llegado a su fin, como desearían sus más firmes detractores, pero resulta un sistema económico inviable sin una nueva participación de los Estados en la regulación de los capitales financieros y en la legislación sobre sus intercambios. Las coordenadas de la producción cultural contemporánea, en este contexto, aguardan una mirada lúcida, creativa y valiente a la altura de la propuesta por Jameson hace tres décadas.