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Radio Nacional de España - Escuela De Letras

Premio de relato

Yo creo que se equivocaron,
esto ya me lo habían dado.
China Zorrilla

Bases del concurso II PREMIO DE RELATO RADIOFÓNICO (EDL-RNE): seleccionados


Aquí os iremos mostrando los relatos seleccionados para participar en el concurso de RNE. Si deseas participar recuerda que debes primero leer atentamente las bases.

El comodín

Por: Teresa
finalista del mes de novienbre 2009

¡Qué afortunado soy! Anoche dejaron unas rendijas al bajar la persiana y se han colado algunos rayos de sol.
–¡Buenos días! Son las ocho. Las siete en Canarias…
La radio hace que se me olvide que una sábana cenicienta y engurruñada me está oprimiendo las caderas, el estómago, las piernas... Los del turno de mañana acaban de llegar. ¡Concho! ya cernieron con el botón. Se acabaron las noticias del día. Al menos he podido escuchar que hoy es martes.
El próximo mes cumpliré ochenta y dos y espero que mi regalo sea una baraja con cartas muy usadas a la que no le falte el Comodín de La Muerte. Cada día rezo a un ente en el que me enseñaron a creer para que me indique el lugar en el que se perdió el año pasado ese Mal abarruntador.
Vivo en una casuca con muchos otros. Abasnados, acaldados, para gustos... Llegué el día que cumplí 75. Me trajo mi nieto Agustín del hospital. Dos meses antes oí un pequeño clic dentro de mi cabeza, pero no piensen que fue por beber whisky como el Newman en La gata sobre el tejado de zinc. Primero perdí la movilidad de mi mano derecha, luego la pierna me fallaba y hoy día me han dejado en silencio las cuerdas vocales. Abarcado ya solo puedo pensar pero para mis adentros porque nadie se molesta en mirarme a los ojos y leer lo poco que quiero expresar.
Antes me levantaba yo solo. Me «daba un cole», mientras oía el noticiero de las ocho, deslizaba la maquinilla y rasuraba el poco plumaje que me salía en la cara; bajaba a desayunar, salía, comía y por la noche el rancho, ver El Telediario y al catre.
–Cinco minutos pasan de las ocho.
Una voz me vuelve a la realidad:
–Despierta –dice y me grita que soy un dormilón.
–Voy a desatarte… –¡Equilicuá! deshace el nudo de la sábana con la que me inmovilizan.
–…esto evita que te caigas abuelo, bastantes problemas tengo ya con tener que atender a cuarenta toda la noche y sin más ayuda que un móvil «por si pasa algo.»
Una música atronadora sale del altavoz y suena al compás de los movimientos que hace la cuidadora para desenrollar este trozo de tela corriente y moliente. Me libera y se va.
Algunos cuidadores cruzan la sábana horizontalmente, otros la ponen en diagonal, a veces la ocultan entre la colcha, otras bajo la sábana encimera pero eso lo hacen cuando saben que voy a tener visitas. Como estamos en crisis no hay dinero para eso que llaman finamente cinturones de contención…
Meses atrás tuve una barra lateral, como los barrotes que ponían a mi nieto cuando era pequeño. A él se los forraron para que no se golpeara. Mi antigua reja es de metal, sin protectores, sin dibujos, fría. Chisco -Francisco, mi vecino- se puso pesado por las noches y comenzó a tirarse de la cama. ¡Qué golpes, madre! Iba en busca de una antigua “noviuca” que tuvo en sus años mozos. Deambulaba por los pasillos y como no podía ser, se convirtió en el dueño de la barandilla. La radio también era suya, hasta que los tarambanas que nos cuidan se la robaron.
Con Chisco me gustaba jugar a las Damas. Él echaba el sedal y yo las camelaba con chistes picantes y cantares de romerías. Pero eso era antes. Ahora ya ni le veo.
Sí, así es, la reja la tiene él y yo me he quedado con la sábana-cordel.
–Ocho y ocho minutos. Estás en la sintonía de Radio…
Una muchachona me levanta las sábanas y me quita la camiseta del pijama. Ya no uso pantalón. Llevo pañal porque les resulta más cómodo. Hoy he «echado los calzones» y debe de oler por el disgusto que se está llevando. Se va, vuelve, se marcha otra vez… y yo en curitas. Noto que pasa un trapo o algo mojado entre las posaderas. Me menea todo y me coloca otro pañal. Tira de mí y me sienta en la cama. Me esquila con una cuchilla comunitaria, mete la camiseta por la cabeza.
–Vamos, muévete abuelo que no tengo todo el día. Colabora, coño. Menea ese brazo… Joder que birria de camisa te han sacado anoche. Esto no se puede meter ni con mantequilla. A ver, espera un poco que voy a mirar en el armario, sin caerse. Eh, eh. Tú sentadito.
–Diecinueve minutos pasan de las ocho…
En un abrir y cerrar de ojos me ha sentado en la silla de ruedas, la vieja que chirría y no tiene frenos. Hoy tampoco está el cinturón. Huelo a sudor, crema corporal y un mejunje de agua de lavanda con polvos de talco. Dónde estará la colonia que mi difunta Rosita me compraba... ¡Concho! Viejuca ayúdame a encontrar el Comodín, creo que ya expié mis culpas, ¿no crees?
Me han metido en el ascensor, escucho una campana. Se cierran las puertas tras de mí y se deja de oír la cuña que han metido en la radio. No oigo nada. Estoy quieto en este chisme frente al espejo en el que antes me requetebién miraba, desenvainaba el peine del bolsillo y pasaba las púas por entre los cuatro pelos que resistían en la arrugada y descamada calva… Ha pasado una eternidad y no me han sacado de este trasto. ¡Demontres! ahora vuelvo a subir:
–Joder, pero ¿tú aquí? Pues ésta si que es buena. Iván, no te toques tanto las pelotas. Saca a éste cuando baje el ascensor… ¿Me oyes, so babión?.
Soy empujado por un tal Iván que ha empezado hoy y no lo sé precisamente porque se haya presentado.
Aún es temprano pero hoy quizás tenga suerte, me duele el pecho, la cabeza me estalla y noto que me falta el aire... me estoy resbalando. Puede que la vida me ponga mi Comodín antes de desayunar.
Zas
–Que alguien llame al Doctor Ríos, el trece A no respira.
Pi,pi,pi … OchoytreinaminutosdelamañanaBu
enosdías.

LLAMADA TELEFONICA

Por: Miguel Andrés Castaño
(finalista mes de junio 2009)

Ella se metió en la cabina. Abrió el bolso. Sacó de uno de los compartimentos una tarjeta telefónica y la metió en la ranura con un cuidado inconsciente. No necesitó mirar en la agenda; sabía el número de memoria.

Tras la octava llamada escuchó la somnolienta voz de él.

- Dígame.

- Soy yo –soltó ella, con voz acaramelada.

- ¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre llamarme a casa?

- No te enfades… es que necesitaba oír tu voz.

Ella se puso a mirar fuera de la cabina: una pareja paseaba con un perro grande color canela.

- Pero… si hemos quedado para mañana –masculló él con voz nerviosa.

- No podía esperar. Estaba solita en mi cama y te echaba de menos.

De repente se oyó un ruido al otro lado de la línea y él cambio el tono a otro mucho más formal.

- Creo que ese es un problema del algoritmo que utilizamos. Si hubiéramos trabajado con la nueva versión de java no habríamos tenido ese error.

- ¿Está tu mujer al lado? –rió ella.

- Sí. Esa es la idea.

Miró la pantalla del teléfono de la cabina y vio que aún le quedaba mucho crédito en la tarjeta.

- ¿Qué llevas puesto? –soltó con voz picarona, la que sabía que a él le recordaba épocas de amores locos y meramente venéreos.

- Creo que no es el momento de discutir eso.

- Dímelo y te prometo que mañana me pongo un conjunto de ropa interior que acabo de comprarme en una tienda que trae mercancía de París.

- En ese caso intentaré ayudarte, a ver si puedo explicar las cosas de una manera adecuada.

- Ella sigue al lado, ¿eh? Dile que se vaya a la cama, que nos deje tranquilitos

No pudo evitar que se le escapase la misma risilla nerviosa que tantas veces había tratado de erradicar su madre (“no te rías así, hija mía, que pareces una cualquiera”).

- Por fin –prosiguió él-. Estoy en pijama, me estaba quedando traspuesto en el sofá.

- ¡Qué mono es mi niño, que se queda dormidito viendo la tele!

- Menos cachondeítos, eh –su rasposa y masculina voz empezó a tener hechuras de enfado.

- Ten cuidado, a ver si se va a enterar tu mujer de con quién estás hablando y te va a negar el sexo en tres años.

Unos instantes de silencio prologaron la siguiente frase.

- Se ha ido a la cocina a prepararse una tisana. No creo que me haya oído.

- Bueno, ¿dónde me vas a invitar mañana a cenar?

- Dime tú.

- Aaaay, cariño, esfuérzate un poco.

El tiempo se hizo melaza hasta que él dijo el nombre de un restaurante:

- Podríamos ir a Chez Jacques. Tiene muy buena fama.

- Eso es lo que quería oír.

- Pero eso puede deberse al periférico de salida –soltó él de repente.

- Tu esposa de nuevo, ¿no? –replicó ella con un saco de risas luchando por escaparse de su garganta.

- Efectivamente, esa es la causa del problema de compilación.

Ella jugueteó con su pelo, estaba empezando a excitarse más de lo que habría esperado. Olió las puntas, el champú era salvaje y afrutado, tal como le había dicho el muchacho de pelo color azafrán que se lo había vendido.

- Eso te lo arreglará Peláez, que hizo un curso de programación orientada a objetos. Yo no lo tengo demasiado claro.

- ¿Sigue ahí? ¡Qué pesada!

- No, ese no es el problema. Es más una cuestión de lenguaje.

- Bueno, cariño. Nos vemos pronto.

- Sí, sí. Nos vemos. Espero que el problema esté arreglado –murmuró el hombre.

- Está arreglado, no lo dudes –masculló ella.

Al salir de la cabina ella aceleró el paso hacia casa. Nunca habría imaginado que las palabras del consejero matrimonial pudieran haber dado tan de lleno en el centro de la diana de su corazón. Imaginación y teatro eran la solución a todos los problemas.

Lo único que no le gustaba es que al día siguiente le tocaba a él elegir la fantasía que quería cumplir.

SIN TÍTULO

Por: Ana Vanderwilde Pérez
(Finalista mes de mayo)

Mi trabajo es el más importante del mundo, soy más que presidente de una multinacional, más que ministro, incluso más que rey, de hecho, creo que el único hombre que podría hacerme sombra laboralmente hablando es Bill Gates; Bien es cierto que yo no salgo en la prensa ni entiendo de cotizaciones de bolsa, ni doy discursos en la ONU...

Tampoco tengo mansiones, ni yates, ni caballos, ni avión privado, de hecho mi sueldo no da mas que para una modesta casita unifamiliar en la afueras, y tengo que coger diariamente un autobús y un tren de cercanías para ir y volver del trabajo, pero tampoco tengo grandes pretensiones económicas, yo no trabajo por dinero, trabajo por satisfacción personal, por altruismo, por amor a la humanidad, y jamás han tenido mis jefes una queja de mi, muy al contrario, treinta y siete años sin faltar ni un día a mi puesto, entrando diez minutos antes y marchándome diez minutos después, sin salir jamás a desayunar, sin realizar ni recibir una sola llamada personal ( mi familia es consciente de mi responsabilidad y sabe que nada es tan importante como para permitirme perder un momento de concentración ), sin ausentarme ni cinco minutos para ir al baño, y siempre con el colirio en el bolsillo, poniéndomelo a la hora de entrar, por si acaso...

Así me he ganado, de forma discreta, como yo soy, el respeto de todo el personal, incluso el del alto mando, que me saluda con una mezcla de afecto y reverencia : ¡Buenos días Bruce Joe¡, ¡adiós Bruce Joe, que tenga buena noche!

Siempre me quito el uniforme para volver a casa, podría ir y venir por la calle con él, pero no me gusta dar a entender al mundo quien soy, prefiero ir de paisano, como un hombre anónimo, no quiero que nadie sospeche cual es mi cargo, además, el uniforme merece un respeto por lo que representa, es un honor llevarlo puesto, y por tanto no puedo vestirlo en vano; Tan solo los sábados , al terminar mi jornada laboral, lo doblo cuidadosamente y lo meto en una bolsa de lona azul que solo utilizo para su transporte. Paso invariablemente las tardes de los sábados lavándolo a mano y planchándolo después de ponerlo a secar en la solana, no me gusta tenderlo en el patio trasero, pues cualquier vecino podría verlo y hacer cábalas sobre el; Tampoco me gusta que mi mujer lo toque o lo meta en la lavadora, mi uniforme es cosa mía, simboliza mi cargo, lo mejor de mí, y lo cuido con el mismo método y mimo con que me cuido a mi mismo.

Durante mi horario de trabajo no me quito la gorra nunca, ni aun en los días de máximo calor, pues creo que me ayuda a concentrarme, a mantener la mente en blanco, y a no pensar mas que en el botón. Botón con luz verde, todo va bien, luz verde que cambia a luz roja, emergencia, treinta y siete años frente al botón, mirándolo fijamente, sin apartar la vista ni un segundo, sin permitirme ni un parpadeo, y por suerte para la Humanidad, treinta y siete años continuados de luz verde.

No se que me pasa hoy, he desayunado tan frugalmente como de costumbre, pero me molesta el estomago, desde que me senté en mi silla aprietan los retortijones, el sudor frío que me corre por la cara va a salpicar el botón, y ya no se que hacer, me llevo las manos a la barriga, me retuerzo de dolor, voy a hacérmelo encima, pero no puedo abandonar mi puesto, el alto mando depende de mí, por otro lado, si me lo hago ahora mancharía el uniforme, y no concibo semejante deshonor, no puedo más...

Tengo que aflojarme el cinturón... El lavabo está enfrente, serían solo sesenta segundos, sesenta segundos en treinta y siete años, y la luz esta verde, siempre permanece verde... La explosión me pillo en el retrete, con los pantalones bajados, fue tan rápida que no notée dolor, seguramente nadie notó dolor, sólo sorpresa. Me quedé la duda de si fue Cuba, Corea del Norte, o lo que es más probable, nuestro propio país... Toda una vida de luz verde, y en el único momento de luz roja, yo no estaba allí para avisar al alto mando.

LA CHICA SERVIA

Por: Patricia Suarez
(Finalista mes de abril y Ganadora del Primer concurso Radiofónico)

Sí, yo ser Dinka Matijas, sobrina del autor. No, no ser de aquí. No venir de Bulgaria. No de Rumania. No de Croacia. No Eslovenia, no Montenegro, no Yugoslavia. Venir de Serbia. Vojvodina, en Serbia. Cuando guerra en Rumania, familia ir Yugoslavia, vivir en Sarajevo, bonita ciudad. Cuando guerra en Yugoslavia, familia ir primero Bulgaria, después Eslovenia. Muchos emigrar. Guerras despedazan familias, personas, corazones. Al final, en los 90, escribir tío argentino, decirle: Tío, busque a su sobrina Dinka Matijas, artista también, bailarina, conoce nueve idiomas, todos de Balcanes. Canta en ruso tradición popular: Kalinka, Ojos Negros y otras folklóricas de Ucrania como La noche. Dinka Matijas canta en español mucho poco, pero canta. Tío de América pedir fotografía, yo mandar. Tío de América preguntar si ser soltera yo decir sí. Venga, sobrina a la Argentina y casése. Sí. Yo dejé novio allá. Emir quedó corazón partido, pero no se puede vivir solo de amor; se necesita pan, vino, agua potable. Miel. Aceituna, queso fresco. Salchichón. Yo ser mujer, necesitar aparte vestido rojo, zapatos de taco, echarpe de gasa para proteger cuerdas vocales. La mujer que lleva vida pobre, se mustia. La vida de mujer debe ser como una flor: clara, oscura: el pétalo de una rosa: fuerte, ligera, profunda, efímera, inolvidable, encendida. La vida de mujer es como galleta pequeña: así tan sabrosa, tan perfumada: un mordisco, dos mordiscos, se terminó la galleta. La miseria arruina el pensamiento, las ideas no corren por falta de alimento bueno, la papa sola no basta, la papa de Rusia es puro almidón y agua, no se puede comer. El nabo crece mejor, más gordo, pero el nabo harta el paladar y agota las mandíbulas. Las ideas no corren en la Rusia y la ilusión tampoco, y mujer sin ilusión ¿qué es? Una muñeca rota. Yo no ser rota, yo venir a la Argentina, casarme con mi tío en el secreto. Allá no se puede; allá están locos. Allá no alcanza la plata; aquí se aprovechan Allá no hay esperanza, mucho tristeza. Tío de América persona rara; todo el día la cabeza metida en oscuridades, no piensa en hacer la plata. Vida de bohemia. En la Rusia, la vida de bohemia no existe, aquí es permitida. Hay bohemio flaco, bohemio gordo. En mi país proverbio dice: El flaco se asusta cuando el gordo adelgaza. Aquí tío pasa la tarde en cafetín y después otro cafetín, y escribe, escribe. Comedia, tragedia, pantomima, artículo para periódico de afuera, para periódico de adentro. A veces, vienen periodistas, lo entrevistan, tío de América, marido ahora, mucho contento. ¡Sirve aguardiente, Dinka!, grita. Yo sirvo, vaso de cristal minúculo color verde, flor de lis grabada. Una flor de lis por vaso, periodista se bebe el aguardiente hasta la raíz de la flor de lis. Periodistas personas muy sedientas. Beben, beben, postulan a marido mío para premio de teatro, puesto conservatorio de teatro, cátedra honor sin causa, prometen publicar artículo, editar obras, llevar obras a comisión de lectura de teatros importantes, a actrices internacionales. Yo ser actriz, digo, ninguno me oye. Periodista argentino mira escote siempre; periodista uruguayo mira nalga. Muestro rodilla, rodilla no gusta. Periodista español mira rostro, ojo, boca: el europeo es otra cosa, más humano es, lo advertía ya madrecita que quedó en las montañas de Kosovo y cree en todos las presagios posibles. No lee, no escribe la madrecita, no habla por teléfono. Nostalgia forma parte de Dinka Matijas como pétalo blanco margarita forma parte de margarita. Dinka Matijas no morir de nostalgia; promesa del diablo no cumplirse; Dinka Matijas bebe cuatro tragos de vodka, no piensa en madrecita, no piensa más en novio Emir. Yo querer quedarme en la casa, como toda persona, como toda chiquilla. Antes, la casa era allá, la madrecita. Ahora ya no sé cuál es la casa. Pueblos de estudiosos los Balcanes. Impacientes por empezar a 'estudiar', los croatas se pusieron a matar serbios, los serbios a matar croatas, los croatas a matar bosnios, los serbios a matar bosnios, los bosnios a matar serbios, los bosnios a matar croatas, croatas y serbios a matar bosnios, bosnios y serbios a matar croatas, bosnios y croatas a matar serbios... Todos gritando, igual que hace cincuenta años: "¡Ellos empezaron primero!". Dinka pisar Francia una vez, compañía bailarinas rusas, ballet. Dinka coser tutú bailarinas, no encontrar marido francés, no huir del hotel, no pedir asilo a Embajada, de Francia la echan; Dinka regresar Yugoslavia. ¡Dinka solo tener un solo maldito tío de América, en la Argentina, al sur! Marido mío buena persona. Mal comerciante. Mal carácter, eso sí. Mal amante. Marido mío comilón de carne y guiso de maíz. Pastel pequeño de carne crujiente. Marido mío no hace el amor: duele la espalda tanta hora que pasa escribiendo la espalda inclinada. Marido no vigila esposa, espíritu abierto, no tiene celo. Marido casarse en secreto por capricho, por hacer novela. Yo poner pantufla al marido, arreglar la casa, la cama; yo cocinar; yo sonreír. A Dinka Matijas la mira verdulero, carnicero, zapatero. La mira en la feria el repartidor, el señor del taxi. Todos miran a Dinka Matijas y ella mira a todos porque no es estúpida. Qué mal hace una mirada de amor, una ilusión de amor. Dinka Matijas pasa noche acostada al lado de marido helado, a veces ronca a veces no ronca. Cuando ronca, Dinka Matijas ponerse algodón en los oídos y rezar. Primero muy bajo: -Virgen de Vladimir, hazme regresar... Marido mío ronca fuerte, Dinka Matijas reza a la Virgen bien fuerte: -¡Virgen de Vladimir, déjame volver! No sé por qué me pasa lo que me pasa. Dinka Matijas saca entonces de abajo de cama de matrimonio, caja de zapatos con sandalia blanca que marido regaló para casarse. Las sandalias son bonitas, las calza. Dinka se acuesta con cabeza apoyada sobre caja. Dinka se duerme en el suelo; marido mío quién sabe qué sueña. Pero Dinka no sueña: Dinka no sueña.

Después más, todavía

Por: Juan Barrena Villegas
(finalista marzo 2009) 

Odio a mi mujer pero eso no basta para divorciarnos. Cristianos convencidos preferimos romper un par de mandamientos de la ley de dios, en lugar de pecar contra el santo sacramento del matrimonio. Sí , desde siempre he hecho cosas raras, como aquella vez en la que mordí a un perro y luego el dueño tuvo que vacunarlo. En fin, son cosas que pasan.

Durante la comida mi mujer se atraganta con un gran pedazo de carne. Comienza a balbucear al mismo tiempo que se le salen las lágrimas. Con el propósito de hacerlo bajar hacia el esófago se golpea la garganta suavemente. !Vaya¡ ¡Parece que se está ahogando!. Si llamo por teléfono, el equipo médico tardará 4 ó 5 minutos y estaría todo perdido. Ya no hay nada que hacer. Me viene a la mente un épico fragmento de una novela de Stéfano Benni, en  la cuál unos soldados de caballería chocan contra una orquesta ocasionando varios heridos y, entonces, un coronel, una persona misericordiosa, saca su Colt matando a un caballo y a dos violinistas.

El rostro de mi mujer comienza a hincharse y tiene los ojos desorbitados como los de un pez. Sí, eso es. Me recuerda al pez globo. Ahora que hablo de animales, cuando hemos comenzado a comer me he fijado en ese movimiento retráctil de mandíbulas tan característico que ella tiene, es igual... igual...que el de las jirafas. Jirafas, pez globo, jirafas, pez globo.¿Tendría razón el tipejo ése, el tal Darwin con su teoría de la evolución?...Pero entonces,... Dios...¿sólo puso el agua, la tierra y el aire?.Y el planeta poco a poco se le fue convirtiendo en un zoológico para envidia de Zeus, de su esposa y de los otros dioses. ¡Ah!, pero el dios dinero, un dios de tercera categoría, un pretencioso que aspiraba al liderazgo, no paraba de apuntar por todas las esquinas que él, eso, lo destruía en trescientos años.

No sin esfuerzo, consigo la proeza homérica de colocar a mi esposa  tras la raya que forma la junta del parqué. No me gusta que pisen las rayas, porque me da la sensación de que interrumpen algo, no sé, el flujo cósmico, las relaciones entre la ciudadanía y el Estado...Hace falta que las líneas estén bien para que el mundo vaya bien. 

Concentro mi atención entre los omoplatos de mi esposa. Balanceo mi brazo derecho para relajarlo y visualizo varias veces el golpe que le tengo que aplicar. En estos momentos me imagino que soy Nadal ante Federer. Tengo su expresión feroz, su musculatura y su mismo sudor. A mi esposa le deben de quedar pocas décimas de segundo de oxigeno. Escupo al suelo y le aplico un sonoro pero, terapéutico golpe  entre los omoplatos que, hace retumbar los cristales e impulsa a mi mujer varios metros hacia delante, generando una inercia que obliga a su cabeza a inclinarse hacia atrás  presionando  su garganta. El pedazo de carne, ese Alien invasor nos muestra su indiferencia cayéndose al suelo. Pero mi mujer cree que todavía no puede respirar a lo cual le doy un azote en el culo. Ella al chillar de dolor, respira,¡respira! y se abraza a mi cuello mientras exclama ¡oh, mi héroe!

MONALDA Y CRISTALDA, LAS COMPLEMENTARIAS

Por Santiago Moya Aliá
(finalista de febrero 2009)

Nos cuentan los testimonios escritos que Cristalda se construyó a imagen y semejanza de su recíproca, llamada Monalda. También explican que algo se torció tras esa original epifanía, porque con el transcurso de los años  Cristalda se fue convirtiendo en algo parecido a una ciudad  complementaria de Monalda.  Ambas yacen aún hoy a ambos lados de una infranqueable garganta, cuyo río resuena, fragoroso y secreto, kilómetros abajo.

Pocos sabrían decir realmente si Cristalda fue generándose paralelamente a su hermana mayor, o si en realidad el mismo día en que Monalda se constituyó como ciudad, simplemente surgió de entre las peñas de la vertiente opuesta, de manera especular.

Lo cierto es que Cristalda parece querer constantemente poner contrapuntos y contrapesos : por cada jardín que se construye en Monalda, en Cristalda aparece inadvertidamente un solar; por cada parterre allí, una escombrera allá; las cúpulas y torreones de una se ven tercamente correspondidas por pozos y excavaciones en la otra ; la simétrica ubicación geológica de ambas en el valle hace que, mientras que en una el sol invade calles y plazas, la otra permanece en la fresca umbría, y a medida que el astro avanza se va cumpliendo la inversa. Tan sólo al breve momento del mediodía parecen equilibrarse los claroscuros, pero esto escasamente dura un minuto, como si esa irritante homogeneidad les fuera inconcebible.

También se ha comprobado que, por una veleidad gravitatoria del planeta, hay un ciclo de siete años en los cuales el hondo torrente prefiere alimentar más a los acuíferos subterráneos de Monalda , y entonces ésta se va poblando de pozos y surgencias, afloran las aguas por doquier, se colman fuentes y estanques, y la ciudad deviene fértil  húmeda  orgánica  insalubre; exactamente en la misma medida en que Cristalda se deshidrata progresivamente y la sequía se apodera de cultivos y parcelas. Pero esto dura exactamente siete años, tras los cuales Cristalda va recuperando sus feraces verdores y rellenando albercas y lagunas, que por el contrario en Monalda tienden a desecarse.

A lo largo de las épocas, incontables y lógicos intentos de interrelación se han producido entre ambas : amagos de invasión, de emigración, de expedición, de anexión; todos en vano. Una rara maldición parece querer separarlas, aunque a la vista una de la otra siempre han permanecido.

Recíprocas migraciones de sus habitantes se produjeron cíclicamente; unas, huyendo de pestes y plagas que menudeaban en la ciudad húmeda; las de enfrente, buscando alivio a su mortífera sequía. Unos y otros con la vista codiciosa puesta en la ciudad del lado opuesto, la que hubiera resuelto sus respectivas cuitas. Pero no se conoce el éxito en ninguna de estas empresas : la ancha garganta ha resultado siempre infranqueable por más kilómetros recorridos en busca de una pasarela que cruzara al otro lado. Se sabe de cientos de intrépidos espeleólogos de la Monalda húmeda que perecieron  ahogados en los insanos pozos del subsuelo, en busca de ese mítico pasadizo que desembocara en la Cristalda seca. Y no se ignora que un número similar de infortunados anónimos cristaldianos intentaron en vano una empresa similar.

Asimismo hubo un tiempo en que los habitantes de Cristalda encendían fogatas en las piras de sus colinas a la manera de los antiguos fareros o piratas, con la intención de obtener respuesta de los monaldianos. Sin embargo, cada fuego que se apagaba en Cristalda al instante tenía su correspondiente en Monalda, de la misma intensidad y duración. Esto, que en un principio se había entendido como mutuo acercamiento, derivó en incomprensión, acabando por interpretarse como una burla. Nadie entendía los mensajes lumínicos del otro, ni el porqué de su perfecta simetría.

Quizá ignoraban que por cada luz encendida en Monalda, misteriosamente otra se extingue en Cristalda y viceversa, como siguiendo una pauta inexorable.

Finalmente, Cristalda y Monalda terminaron por darse la espalda, y largas décadas llevan ignorándose con rencor.

Sin embargo, mágica es la relación  que las une de forma latente.

De seguro desconocen sus habitantes que por cada nuevo infante que nace en Cristalda, un desfile mortuorio surca las calles de Monalda. Que cada muchacha monaldiana cuyo corazón es partido por un amante cruel, provoca un súbito arrebato amoroso en una sorprendida joven de la ciudad complementaria.

Hay quien incluso afirma que si un vagabundo desahuciado desaparece en Cristalda, reaparece al instante en Monalda, desmemoriado y pujante, desnudo y vigoroso, con imparable afán por recomenzar su vida.

( Pierre Menard , "Las ciudades divisibles" )

EL ORIGEN INESPERADO

Por Javier Rodríguez Sánchez
(finalista de Enero de 2009)

El veintiuno de agosto de dos mil ocho un grupo de arqueólogos del New Science de Londres se adentraron en el corazón de África, donde, hasta ese momento, se creía que se encontraba el extraño origen del hombre.
Después de tres meses de búsqueda y excavaciones, los arqueólogos encontraron los restos de uno de los antepasados más antiguos del hombre, al que llamaron Australopitecus Ramidus.
Tras este hallazgo, volvieron a Londres, sin ánimo de descubrir nada nuevo en este fósil humano.
Pasaron semanas, y los arqueólogos, tras analizar los restos con carbono 14, se llevaron una gran sorpresa al ver que el mono tenía más de siete millones de años, lo que atrasaría la fecha del nacimiento de la raza humana mas de un millón de años de lo que hasta entonces se pensaba, siendo este ejemplar el más antiguo de todos.
Pero descubrieron algo muchísimo más sorprendente: moléculas extraterrestres en el cuerpo del australopiteco, también halladas en un meteorito caído en La Tierra durante el s.III a.C. en el norte del desierto de Arizona. Esto abría las puertas a la posibilidad de que el hombre no se hubiera originado en La Tierra, sino en un planeta extraterrestre.

El grupo volvió a África poco después, invirtió mucho dinero en el proyecto, con el fin de conseguir una nueva pista que indicara de donde provenía el hombre, para ello contrataron grupos de excavación, ingenieros y más arqueólogos…
Estaban ya desesperados, deseosos por regresar de nuevo a su hogar, pero encontraron  algo más por casualidad. En una cueva en el fondo del valle hallaron un diario. Parecía muy antiguo porque estaba viejo y casi indescriptible, pero curiosamente en la portada había dibujos de figuras parecidas a humanos modernos. Abrieron el diario y en cada página que pasaban solo había símbolos extraños. Pasando y pasando las hojas encontraron unas fotos donde aparecían esos “humanos” cuidando monos, enseñándoles a hacer cosas, dándoles de comer. Lo más sorprendente apareció entre la última página y en la contraportada, era algo parecido un DVD , pero mucho más pequeño.
Los informáticos se pasaron dos días intentando formatear el disco y al fin  consiguieron hacerlo compatible con un sistema actual. Lo introdujeron en un ordenador y todos pudieron ver las imágenes en las que aparecía un hombre calvo y vestido con un extraño traje de algo parecido al aluminio, hablando en latín delante de un cartel.
Los arqueólogos especializados en idiomas tradujeron lo que el hombre decía y los resultados fueron los siguientes:
“Bienvenido a Empresas científicas Lectium, este es un mensaje en latín, esperamos que esta sea vuestra lengua, ya que es la que hemos previsto que desarrollaréis a lo largo del tiempo. Nuestra empresa ha estado trabajando en un proyecto llamado “clon”, se trata de una gran inversión en la cual hemos conseguido cruzar células semejantes a las de nuestro cuerpo para crear un cuerpo semejante al nuestro, más tarde os enviamos a un planeta de crianza llamado “Incubadora”, donde os debéis encontrar en el momento de escuchar este mensaje. Nuestros objetivos son conseguir vuestro buen y rápido desarrollo para incorporaros al mercado de nuestro planeta, donde seréis considerados mano de obra esclava para contribuir al desarrollo en la construcción de nuestro gran imperio “Abélica”, conocido por toda la Vía Láctea. Consideramos que vuestro periodo de preparación será de 7 millones de años, tiempo que creemos ideal para vuestro desarrollo idóneo a la consecución de nuestros fines, pasado este tiempo, iremos a recogeros en masa. Nuestros cálculos nos indican que seréis aproximadamente unos 6.500 millones de clones, cantidad idónea para conseguir de vosotros nuestro fin último. Las coordenadas del punto de encuentro están en la contraportada del diario. El conocimiento de este mensaje por vuestra parte está previsto, y se producirá, por voluntad del propio documento, poco tiempo antes de nuestro regreso, ya que consideramos que es mejor para nuestro fin que vuestra voluntad se vea minada por el descubrimiento de vuestra procreación inicial, originada por alguien superior a vosotros con un fin determinado  …..  ”
Tras unas interferencias terminó el mensaje.
Todos quedaron estupefactos después de ver el mensaje, un documento de tal importancia cambiaría todos los cimientos conocidos sobre la creación del hombre. La idea que teníamos de Dios era solo aproximada a la realidad que aclaraba este documento, un ser superior nos creo, tal como siempre nos transmitió nuestra religión, pero solo para servirse de nosotros como esclavos. Esta revelación hundiría todos los fundamentos de la religión, sería un golpe extremo para toda nuestra raza.
Haciendo cálculos, los científicos dedujeron la fecha exacta del posible regreso de los “creadores”, exactamente debería ocurrir el seis de Junio del dos mil diez.
A partir de ese momento, y ante la gravedad del asunto, los mandatarios de los países mas poderosos del mundo se pusieron de acuerdo y formaron un gigantesco ejercito, más de mil millones de habitantes de la Tierra dispuestos a luchar por la libertad de su planeta.
Hasta que por fin llegó el día exacto, hacia mucho calor sobre lugar del punto de encuentro, la ciudad de París. Millones de soldados estaban reunidos allí, perfectamente formados y unidos para defender su planeta.
Eran los siete de la tarde cuando empezaron a divisarse enormes sombras que oscurecieron los cielos de la vieja ciudad a orillas del Sena.
Todo fue inútil, al cabo de unos meses todo estuvo bajo control, en el solitario planeta solo quedó un pequeño reducto de vida, 1 millón de personas habitaba ahora el planeta entero, el germen suficiente para que a su regreso pudieran recoger una nueva remesa de esclavos para engrandecer su gran imperio en expansión.

NI RATÓN VIVO NI RATÓN MUERTO

Por Isabel Fernández
(Finalista Diciembre de 2008)

Era una pitón extraña. Pasaba casi todo el día sola y escuchaba música. Sí, estas serpientes tienen un sentido limitado del oído, pero la música también es tacto vibrante. Carlinhos Brown la regozijaba sin disimulo. Durante el día pasaba horas y horas colgada de la hueca rama de eucalipto mientras se balanceaba al ritmo de la batucada. Era una excelente trepadora. Tenía muchos discos de ambientes naturales. Cuando sonaban torrentes de agua aguardaba a remojo en su cubeta.

Un día la sorprendí con la cabeza escondida y enroscada como una bola. El repertorio de ese día había sido ¿Simios en la selva¿. Pobrecita. Sentirse amenazada de este modo en el salón de mi casa. En otra ocasión dejó de comer y se mantuvo así al menos tres semanas. Ni siquiera se mostraba activa al anochecer. Tras descartar una enfermedad e intentar variar la dieta, me di cuenta de que se había saturado de romanticismo crepuscular. Rachmaninoff la emocionó demasiado y traté de evitarlo para no embargarla. Pasada la vorágine melancólica recuperó el apetito con un peculiar disquito de sonidos del campo extremeño. No se pudo resistir a los balidos, graznidos, mugidos, relinchos, gruñidos, cencerros, cascabelillos y silbidos de pastores y especies domesticadas triscando por el campo.

Otros cinco días estuvo sin salir de su oscura gruta, preparada en una esquina elevada de su terrario. Fue a causa de mi favorita banda de rock. Supuse que se había sentido amenazada por las invasiones apocalípticas de vida extraterrestre que proclaman sus letras. Decidió esconderse a consultar su oráculo particular, evitando ver cómo me abducían mientras daba brincos. Debía mantener un exquisito cuidado con la selección musical.

Fue fácil acogerla en un terrario transparente y cálido, junto a la chaise longe. Había nacido en cautividad. Llegó a casa con 45 centímetros y en poco tiempo alcanzó casi el metro y medio. Era gruesa, y una vez que superamos nuestra timidez me dejaba acariciar sus 12 centímetros de diámetro robusto. Sí, la sacaba de su jaula de vez en cuando. Aunque fuéramos dos solitarias, le agradaba mi calor, mi olor, y a mí su complacencia. Sólo nosotras. Me hipnotizaba recorrer los dibujos de sus escamas. Sentía un punzante alborozo cuando se enroscaba con indisimulada presión alrededor de mis extremidades.

Todo era gozoso, me satisfacía cuidarla y su presencia me otorgaba oportunidad de evocar ambientes salvajes donde las reglas no las ponen los hombres. Prefería comprar los ratoncillos ya desnucados, los depositaba en el sustrato del fondo. Yo apagaba la luz y no quería saber más. Me cuesta observar a los carnívoros cuando comen. Uno de estos, un amigo que se ocupó en vacaciones, llegó un día con un regalo para la pitón. Y no se trataba de un tocón nuevo para trepar y descamar su camisa vieja. Era un ejercicio, un hámster vivo. El espectáculo fue indescriptible y audible, según me dijo. A partir de ahí no quiso probar ningún otro ratoncillo blanco aniquilado previamente.

Una serpiente tan emocional como la mía había sentido un pálpito de vida axfisiarse bajo la presión de su cuerpo. Aquella sensación no era intercambiable por ningún otro plato. Le acercaba el ratón muerto por la cola y lo meneaba cerca de ella, bisbiseando "Toma bonita, ratoncito vivo", pero no resultaba. Mi amigo me recomendó llegar a un pacto, ni ratón muerto ni ratón vivo, ratón borracho, sólo había que centrifugarlo en el fondo de un cubo. Ahhhhh.

Quizás había idealizado demasiado la vida salvaje. Es verdad que mi única literatura sobre zoología se limitaba a las fábulas y la mitología. Aunque fueran muy terroríficos siempre era posible hablar con esos bichos. Pero pitón se negaba a comprender mis remilgos, ni siquiera con música conseguía distraerla de su propósito cazador. El veterinario me advirtió que las pitones son tontas al comer, pero glotonas. Paciencia.

Se deslizaba por mi regazo, hasta apoyar su morro en mi hombro, olisquear mi cuello y sentir de cerca el calor de mi nuca. Comencé a rechazar sus escalofrios. Sobre todo cuando me quedé embarazada.

Descubrí que aceptaba escarabajos vivos. Ayudó un raro documento de grabaciones sonoras sobre insectos del mundo, grupo no tan silencioso como parece, y cuyo sacrificio me estremecía menos que el de los pequeños roedores.

Juntas engordábamos solas y hacíamos ejercicio. Yo, en la alfombra, practicaba pilates, ella, en su escaparate, abría la mandíbula y extendía su cuerpo como si quisiera sobrepasar las dimensiones de su jaula.

Bajo el síndrome de arreglar la madriguera, preparé la habitación del bebé. Quizás era momento también de cambiar algo en el terrario. Pitón, cada día más fuerte, a veces hacía vibrar la pecera con sus bruscos estiramientos.

Cuando rompí aguas, se zambulló en su pileta y, cuando volvimos Gea y yo, ni siquiera me fijé en ella. El mejor lugar para dar el pecho era la chaise longue, Pitón nos observaba como una ventosa conmovida. Parecía melancólica, dejó de comer.

Esa noche sentí muchos escalofrios pese a ser agosto, y me acerqué muchas veces a su cunita para comprobar su respiración. En el trayecto entre mi habitación y la suya había que cruzar el salón y vi dos sufridos escarabajos huyendo hasta la gruta de corcho. Pitón estaba enormemente dilatada. Mañana la llevaría al veterinario, me dije. Entre sueños escuché un golpe. "¡Cómo no me había dado cuenta. Prepara hueco¡". Grité. Corrí. El terrario había caído al suelo, hecho añicos. Despachurré un escarabajo con los pies desnudos. Me corté con los cristales. Busqué a la pitón en la habitación de mi bebé.

Llegué a tiempo de estrangularla hasta que su pálpito se apagó entre mis dedos desesperados. Casi no podía abarcarla. Mi bebé lloraba y calmé sus hematomas en las piernas con hielo y pomada. Me dolían las manos estremecidas. En su tobillo quedó tatuada para siempre lo que parecía la figura de una pitón.

NECESIDAD DEL NECIO

Por VÍCTOR GUTIÉRREZ
(Finalista Noviembre 2008)

La primavera llegaba lentamente, dando concesiones al invierno y al verano. Después de un largo insomnio un roble comenzaba a despertar. Se trataba de un árbol robusto de porte majestuoso que superaba con facilidad los veinte metros de altura. De su tronco corto, aunque muy grueso, partían varias ramas, las cuales de manera tortuosa se extendían en todas las direcciones. El color grisáceo de la corteza denotaba que se trataba de un ejemplar viejo.
Sobre sus ramas habitaba un gorrión de plumaje pardo con manchas negras y rojizas. Dormitaba y cada cierto tiempo piaba con el fin de encontrar una amante que le permitiera tener, los que seguramente fueran, sus últimos descendientes. La tristeza del gorrión por no encontrar pareja no pasó desapercibida para el viejo roble.

- ¿ Por qué lloras gorrión?- preguntó extrañado el roble.

- Lloro porque soy tan viejo que ya nadie se interesa por mí, estoy sólo, y no soy más que otra hoja sobre tus ramas.

- No te entiendo, creo que la vejez ha nublado en tus ojos la sabiduría de los años- afirmó el roble-. Sube a la más alta de mis ramas, aquella en la que se encuentra la primera flor de la primavera. Observa y dime lo que ves.

Obedientemente el gorrión voló hasta la más alta de las ramas y se posó a la izquierda de la flor. La rama, verde de juventud, acogió al pájaro con un suave balanceo. Desde ahí se podía observar la extensión del parque. Era un día soleado y la gente de la ciudad había aprovechado para dar una vuelta por el renacido lugar. Más allá de las vallas que limitaban el parque se podía ver el constante tráfico, edificios y más edificios. De vez en cuando se divisiva algún que otro árbol, islote en un mar de cemento. Haciendo un gran esfuerzo el gorrión comenzó a describir la escena.

- Alrededor nuestro hay un par más de robles, grandes, pero no tanto como tú. A nuestra izquierda hay un camino que serpentea entre la vegetación. En él hay humanos caminando - el gorrión se tomó un respiro intentando atisbar lo que el roble quería que viera-. Y no se que más contarte, hasta ahí es donde alcanza mi vista.

- Está bien todo lo que has dicho, mas yo me atrevo a describirte todo con una sola palabra.

- ¿Cómo?- pregunto el gorrión sorprendido.

- Yo lo que veo...- el roble suspiró moviendo todas sus hojas- yo veo vida.

El gorrión quedó en silencio un largo rato analizando en su mente cada una de las palabras del viejo árbol. No sabía por qué pero aquellas palabras le habían hecho sentir un inmenso alivio interior. Pero poco a poco las lágrimas volvieron a nublar la vista del gorrión.

- Pero es tan corta, tan injusta, tan insensible, tan irracional, que sólo puedo pensar en que nacer no es más que empezar a morir. La vida que estoy viendo desde aquí es efímera y bella. Demasiado hermosa para no estar triste si me toca abandonarla.

- Es cierto todo lo que has dicho - dijo el árbol lentamente, sin prisa-. Pero, ¿no es verdad que todo fluye? Nada en el universo puede detenerse, todo vibra. La vida es a la misma vez eterna y finita. Cuando tú te vayas la vida no acabará sino que seguirá constante en un inmenso ciclo como el de las estaciones.

El gorrión no sabía si reír o llorar. Todo cuanto decía el árbol tenía sentido. Cuando él muriera todo seguiría su curso, nada terminaba pues con la muerte. Pero sin embargo había un fin, eso no se podía negar. El tiempo existía y nada se podía hacer para ser inmune a su transcurso.

- Pero a mí, ¿de qué me sirve todo lo que dices? De una manera o de otra me toca abandonar esta vida que tanto me ha costado conservar - dijo frustrado consigo mismo-.

- Nunca te podré negar eso, pero al igual que has aceptado la vida con su felicidad y con su tristeza te toca aceptar la muerte como una etapa sucesiva a la vida. Mientras fuiste creciendo aprendiste, cada momento te enseñó diferentes maravillas del mundo. Es por tanto muy necio cerrar los ojos y decir que no quieres seguir aprendiendo pues, en cada etapa de la vida has descubierto parte de tu verdad.

El gorrión no sabía lo que pensar, no estaba triste y no sabría decir si aquello que sentía era felicidad. Su pequeña cabeza se encontraba saturada ante esa nueva visión del paisaje que se extendía bajo sus alas.

Por el camino que transitaba cercano al árbol corría una chica. Haciendo un último esfuerzo se salió del camino y se dirigió hacia el viejo roble. Extenuada por el cansancio, se dejó caer a la sombra del árbol apoyando su espalda en el grueso tronco. Lentamente, la respiración se fue tornando al ritmo normal. Las gotas de sudor resbalaban por su cara. Con avidez cogió un pequeño botellín de agua, la abrió y bebió dos grandes tragos. En ese momento se percató de un pequeño gorrión que estaba en la rama más alta del roble. En un instante el pajarillo desplegó sus alas y comenzó a surcar el cielo, libre y feliz.

- Si pudiera ser como tú- suspiró la muchacha-, sin preocupaciones ni presiones.

Absorta en el vuelo del pájaro dejó que una suave brisa la acariciará. De repente recobró la conciencia y un gesto de preocupación pintó su rostro. Miró ansiosa el reloj que llevaba en su muñeca y se levantó de un salto.

- ¡Oh no! ¡Se me ha vuelto a hacer tarde!
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