Biblioteca De Bagdad:
por una cultura de la pazEscuela De Letras
Biblioteca De Bagdad es una iniciativa de Escuela De Letras para promover el diálogo
por una cultura de la paz. Su base de datos se actualiza diariamente y contiene información
de ámbito internacional desde febrero de 2003. Editor: Ernesto Bottini.
La ofensiva israelí se cobra víctimas entre la población civil de la Franja de Gaza

El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, advirtió ayer que su país estaba involucrado en una "guerra hasta las últimas consecuencias", con Hamas después del tercer día de feroces bombardeos en Gaza que provocaron la muerte de 320 personas desde el sábado. La declaración de Barak al Knesset, el Parlamento israelí, fue hecha después de que Israel continuó sus bombardeos sobre objetivos de Hamas luego de una noche de ataques de devastaron gran parte del Ministerio de Interior y de la Universidad Islámica. Más de 320 objetivos fueron atacados hasta ahora.
Publican The Independent y Página/12
Por Donald Macintyre
En medio de señales de un creciente descontento internacional por el número de muertes palestinas, Barak insistió: "No tenemos nada contra los residentes de Gaza", pero añadió: "Estamos involucrados en una guerra a ultranza contra Hamas y sus aliados. Esta operación se expandirá y profundizará tanto como sea necesario". Mientras Israel lanzaba otros 20 ataques aéreos y declaraba a las comunidades israelíes en área fronteriza "una zona militar cerrada" por primera vez, los militantes de Gaza lanzaron más de 70 cohetes, culminando en ataques simultáneos letales anoche en Ashdod y Ashkelon, bien adentro de Israel, que dejaron a un hombre muerto y cuatro heridos. Durante el día, un obrero de la construcción árabe- israelí había sido la primera persona muerta en Ashkelon después de un ataque de cohetes.
La presión internacional sobre Israel creció ayer cuando Gran Bretaña y otros gobiernos instaron a Hamas y a Israel a volver a la tregua, después de que Hamas finalizó los seis meses de cese de fuego la semana pasada, provocando una masiva respuesta militar israelí. Los cancilleres de la Unión Europea programaron conversaciones de emergencia en París hoy mientras se llevaban a cabo manifestaciones callejeras frente a las embajadas israelíes de Atenas y Londres. En las capitales árabes, los manifestantes se reunieron de a miles mientras se producían enfrentamientos alrededor de Cisjordania y algunas áreas pobladas por árabes dentro de Israel.
Gran Bretaña, que inicialmente no había pedido un cese de fuego cuando los ataques israelíes dejaron casi 200 palestinos muertos el sábado, endureció su posición desde entonces. El vocero del primer ministro emitió una fuerte declaración ayer, diciendo que Gordon Brown estaba horrorizado por la continuada violencia en Gaza. El canciller David Miliband habló de lo inaceptable de las pérdidas de vidas humanas.
Sin embargo, mientras el presidente George Bush seguía culpando a Hamas por la peor violencia en Gaza que se recuerde, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, criticó el excesivo uso de la fuerza israelí e instó a la comunidad internacional a hacer más. "Creo que los socios regionales e internacionales no han hecho lo suficiente. Deberían hacer más", dijo Ban, en una inusitada declaración por fuera de la norma diplomática. "Deberían usar todos los medios para ponerle fin a la violencia y alentar el diálogo político, enfatizando formas pacíficas de resolver las diferencias."
Pero Barak dijo que, a no ser que los cohetes de Hamas cesaran inmediatamente, "Israel utilizará todos los medios legales a su disposición para detener la agresión del enemigo". Se retrajo de la advertencia de un ataque terrestre, a pesar de haber ordenado llamar a 6500 tropas de reserva. Barak dijo que un ataque terrestre es evitable, dándole la última oportunidad a Hamas de detener su fuego de cohetes.
Mientras Israel ampliaba su respuesta militar ayer, manteniendo a los periodistas fuera de la cerrada "zona militar" un ataque aéreo mató a un comandante local de la Jihad islámica, a otros tres miembros del grupo militantes y a un niño mientras estaban parados en la calle en Khan Younis en el sur de la Franja de Gaza. La Jihad islámica dijo que el comandante era buscado por Israel.
El avión israelí también destruyó un edificio de laboratorio de la Universidad Islámica, un significativo símbolo cultural en Gaza. El subjefe del ejército, mientras tanto, dijo que no quedaría "ni un solo edificio de Hamas en pie en Gaza" después de la operación. El viceprimer ministro Haim Ramon fue aún más lejos. "El objetivo de la operación es derrocar a Hamas", dijo. Mientras los residentes de Gaza se mantenían fuera de las calles en medio de los continuos ataques militares, el jefe de los trabajadores humanitarios de la ONU, John Holmes, dijo que 62 civiles fueron confirmados muertos y el número era probablemente más alto.
Traducción de Celita Doyhambéhère.
Apoyos de Hezbolá e Irán
El jefe del Hezbolá chiíta libanés, Hasan Nasralá, manifestó ayer su apoyo al llamamiento hecho por dirigentes del movimiento islamista Hamas a los palestinos para que emprendan una tercera Intifada contra Israel, que desde el sábado ataca la Franja de Gaza. En un discurso el domingo, Nasralá invitó a los egipcios a salir a las calles "por millones" para forzar la apertura de la frontera con Gaza. El sábado, el jefe en el exilio de Hamas, Jaled Mechaal, instó a los palestinos a comenzar una nueva Intifada y perpetrar atentados suicidas contra Israel. Por otro lado, el partido Sociedad Clerical Combatiente de Irán comenzó a registrar ayer a voluntarios para pelear contra Israel en represalia por sus ataques aéreos contra los territorios palestinos de Gaza. El partido dijo que lanzó el reclutamiento luego de que el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, emitiera el domingo un decreto religioso que estableció que cualquiera que muera en combate con Israel será considerado mártir. Irán apoya al grupo palestino Hamas, que controla la Franja de Gaza, y la Sociedad Clerical Combatiente tiene un poder político y económico considerable dentro de la República Islámica.
La soledad de Gaza
Por Luz Gómez García
Cuando para acceder a Gaza por el paso de Erez, el visitante autorizado se ve obligado a introducirse en las diabólicas máquinas israelíes inquisidoras del cuerpo humano, unas máquinas no vistas antes en ningún otro sitio, que le zarandean y escudriñan sus entrañas, comprende que se dispone a entrar en uno de los lugares más solitarios del planeta. Atravesados puertas y corredores, un inquietante kilómetro, largo, a pie, de tierra de nadie, de cascotes y escombros, hace que el extranjero mude la impresión de la artificiosa frontera física en la certeza psicológica de hallarse ante un nuevo capítulo, uno de los más insólitos, de las aberraciones de la historia reciente.
Un muro de hormigón armado, de nueve metros de alto, separa la franja de Gaza de Israel. Es un muro hermano del de Cisjordania, aunque primogénito, pero que no ha tenido la misma repercusión jurídica y mediática. Un muro que encierra la mayor densidad de población por kilómetro cuadrado del mundo. Gaza, que ha sido descrita en ocasiones como una gran prisión al aire libre, está condenada a la soledad de todas las prisiones.
Esta dramática realidad responde a una deliberada y planificada política israelí. Nada es casual en Gaza. Detrás de lo que ven los ojos hay una firme voluntad israelí de acoso militar, institucional y jurídico. ¿Qué fue antes: Hamás o la gallina? La gallina. Veamos por qué.
En octubre de 2004, el Parlamento de Israel aprobó "el plan de desconexión de Gaza", que en agosto del año siguiente llevó a cabo unilateralmente. Pretendía poner fin a un problema demográfico insoslayable para la empresa israelí de colonización del territorio: la imposibilidad militar y económica de sostener a una población de 9.000 colonos en un enclave con un millón y medio de palestinos. Faltaban todavía varios meses para el triunfo de Hamás en las elecciones legislativas palestinas de enero de 2006, pero el pronóstico era meridiano y allanaba el camino a la estigmatización colectiva. Cuando en junio de 2007 los islamistas dieron un golpe de mano en Gaza y truncaron el Gobierno de ficticia unidad nacional de la Autoridad Nacional Palestina, la comunidad internacional se aprestó a endurecer su actitud hacia Hamás como organización terrorista. Poco importa que su triunfo en las urnas hubiera contado con la escrupulosa supervisión de observadores internacionales, incluidos algunos diputados españoles. La condena hallaba refrendo y con ella se consumaba la desconexión. Gaza quedaba aislada del mundo: del Israel ocupante, de la madre Palestina y del socorro y la benevolencia internacionales.
El paso siguiente por parte de Israel fue la declaración de Gaza como "entidad hostil" el 19 de septiembre de 2007, que le ha servido para desentenderse interna-cionalmente de las obligaciones que, como potencia ocupante, tiene. La población sufre con ello la paradoja jurídica de estar a la vez bajo ocupación y bajo bloqueo. Las operaciones militares israelíes, que el Gobierno de Israel tan pronto llama de castigo como ofensivas, se han sucedido desde entonces, trufadas de treguas que en absoluto han aliviado el imparable deterioro de la situación de la población. El bloqueo al tránsito de personas y bienes de primera necesidad por tierra, mar y aire, castiga en primera instancia al 62% de la población, que depende directamente del reparto de alimentos y de los servicios básicos a cargo de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados palestinos. La Organización Internacional del Trabajo, en su memoria de 2007, habla de una "economía de estado de sitio", y en la de 2008 constata que el aislamiento casi total de Gaza la ha llevado al borde de la crisis humanitaria. El resultado es lo que Issam Younis, de Al Mezan Center for Human Rights, denomina la "subdesarrollización de Gaza": descalabro de los índices de empleo y del PIB, descomposición del sector público, desaparición de la economía productiva, regresión en los derechos de los trabajadores, debilitamiento institucional y deterioro del tejido social. La mera supervivencia se impone a otras prioridades individuales y colectivas a costa de logros históricos de la sociedad palestina, como el pluralismo, la participación de las mujeres en la vida pública, la vitalidad de la cultura de base o los elevados índices de educación universitaria.
A Hamás le dieron su triunfo electoral la parálisis política y el derrumbe económico que culminaron en la Segunda Intifada (2000-2005). Pero sus réditos en Gaza los alimenta a diario la política israelí, con la aquiescencia de Estados Unidos y la estolidez de la Unión Europea, involucrada en inmensas inversiones económicas en los Territorios Ocupados pero sin compromiso político equiparable. Este múltiple concurso ha convertido a Hamás en el protagonista de la historia actual de Palestina. Y lo ha hecho hasta el punto de que la principal crítica de algunos líderes históricos de la OLP a su triunfo haya sido su afán por reescribir la historia de la resistencia palestina, como si ésta hubiera empezado en 1987, cuando coincidiendo con la Primera Intifada se fundó Hamás. Porque los partidos y actores no islamistas minimizan la importancia de la religiosización del espacio público, mientras crece su temor a que, una vez más, los hechos consumados adquieran naturaleza jurídica y Gaza se vea amputada del devenir de los Territorios Ocupados, que en el discurso israelí han quedado reducidos a la demediada Cisjordania.
La interiorización del aislamiento y la rutinización del bloqueo no hacen sino asentar la frustración entre los gazauíes. El clientelismo, conocido popularmente en Palestina como "cultura de la jaima", se alimenta de este ambiente falto de expectativas y experiencias nuevas. Las iniciativas ciudadanas peligran (son modélicos los Comités de Salud Mental, pioneros en el tratamiento de la violencia de género y que han desarrollado una categoría propia de empoderamiento civil) y flaquea la actuación de las ONGs y las agencias de ayuda humanitaria, que se sienten impelidas a tomar partido entre los actores políticos, con el consiguiente deterioro de su actividad y de la imagen general de la cooperación.
Pese a todo, la sociedad de Gaza ha desarrollado fórmulas de relación con el exterior, procederes abiertos y descentralizados que se sirven de las redes de intercambio que propicia la globalización tecnológica. Sorprende en Gaza la vitalista actividad de organizaciones independientes en materia de derechos humanos, salud o cultura, con modélicos sistemas de toma de decisiones colegiada, elaboración de un discurso crítico y autocrítico, financiación y sustentos locales y colaboración en red con otros centros palestinos e internacionales. Estos gazauíes, una mayoría, insisten en la importancia simbólica y psicológica de romper el aislamiento, en el valor de los gestos e intercambios que desde Europa abren una grieta en el cerco. Son iniciativas que no deben morir, porque garantizan, entre otras cosas, un futuro lejos de Hamás, si es esto lo que Europa desea.
Gaza materializa el proyecto israelí para Palestina: dividir y fragmentar el territorio, dividir y fragmentar a su población, y crear nuevos guetos identitarios que propicien la disolución de la unidad histórica, social, cultural y política de Palestina. La estrategia es vieja y conocida, pues proviene de la Nakba misma. Según el historiador israelí Amnon Raz-Krakotzkin, dos son sus armas principales: negar toda responsabilidad histórica e inculpar a las víctimas de su suerte.
* Luz Gómez García es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.
Fuente: El País
Noticia nº: 1485 | 30-12-2008