Irán, dividido como nunca antes entre reformistas y conservadores. Por Robert Fisk
Publica The Independent
Por Robert Fisk
Pero al reaccionar como todos los revolucionarios lo hacen aún décadas después de llegar al poder, porque el espectro de una contrarrevolución los persigue hasta la muerte, Jamenei eligió retratar a los opositores políticos de Ahmadinejad como mercenarios potenciales, espías y agentes de los poderes extranjeros. La traición a la república islámica, desde luego, es castigada con la muerte. Pero la alianza política de Jamenei con este extraño y alucinado presidente pudo haber surgido del miedo y la ira, en partes iguales.
Durante el rezo de los viernes en la Universidad de Teherán, el líder supremo mencionó los peligros de una revolución de terciopelo. Está claro que el régimen tiene profunda preocupación ante el derrocamiento de gobiernos en el este europeo y el occidente asiático desde la caída de la Unión Soviética. El poder del pueblo, mismo que le dio el triunfo a la revolución de 1979, es un arma devastadora. Podría decirse que la única, en el arsenal de una oposición política seria y sin armamento.
En lo que siguió al triunfo de Ahmadinejad en las urnas, sus simpatizantes conservadores se han dado a la tarea de repartir panfletos en los cuales se condenan las revoluciones laicas de Europa del Este y su contenido habla mucho de los temores del liderazgo clerical iraní.
Uno de esos pasquines se titula "El sistema al intentar derrocar una república islámica con una ‘revolución de terciopelo'". En éste se describe la manera en que Polonia, Checoslovaquia, Ucrania y otras naciones ganaron su libertad.
"Las ‘revoluciones de terciopelo' o ‘coloridas' son métodos de intercambio de poder en tiempos de descontento social. Las revoluciones coloridas siempre han comenzado durante una elección y los métodos que sigue son:
1. Existe una completa desesperación en la gente cuando tiene la certeza de que perderá la votación.
2. Se elige un color particular, con el único fin de que los medios occidentales identifiquen (para su público o lectores) a los opositores. Musavi usó el verde como color de campaña y sus partidarios aún utilizan este color en sus brazaletes, mascadas y pañoletas.
3. Se anuncia que con anticipación se arregló la elección y este mensaje se repite sin cesar, lo cual permite que los medios occidentales, sobre todo los estadunidenses, exageren los hechos.
4. Se escriben cartas a funcionarios del gobierno para denunciar un fraude electoral. Es interesante notar que en estos proyectos ‘coloridos', por ejemplo en Georgia, Ucrania y Kirguistán, los movimientos apoyados por occidente han advertido del fraude antes de las elecciones en cartas escritas a los gobiernos involucrados. En el Irán islámico estas cartas fueron dirigidas al líder supremo."
Otro volante cita un estudio —evidentemente hecho por asesores de Jamenei, y muy poco riguroso— que vaticinó que el fraude electoral se denunciaría el mismo día de la elección, que la oposición anunciaría su victoria horas antes de que concluyera el recuento y se difundiera su derrota.
Por ello los resultados electorales tendrán ya desde el principio un contexto de fraude, según el documento.
En las etapas finales del proceso, los opositores se reúnen frente a las oficinas gubernamentales; llevan banderas coloridas en protesta por el fraude en el conteo. Esta fase de la manifestación —continúa el panfleto— está a cargo de los medios extranjeros, que se alían con el movimiento opositor con el fin de sacar buenas fotografías y engañar a la opinión pública internacional."
Todo esto demuestra que existe una singular y obsesiva preocupación entre los discípulos del líder supremo ante la popularidad que ha cobrado la campaña poselectoral de Musavi. La suspensión de todas las comunicaciones móviles y satelitales —lo que en una sociedad tan desarrollada como Irán debe haber costado millones de dólares— no impidió que se convocara a marchas que siempre se celebraron a la misma hora y en el mismo lugar.
Lo que ahora vemos es un régimen que está mucho más preocupado de lo que sugirió el líder supremo cuando el viernes amenazó tan descaradamente a la oposición. Tras haber rechazado cualquier diálogo político con Musavi y sus correligionarios —unos cuantos recuentos de votos en algunos distritos no tendrán efecto en los resultados—, lo que tenemos es un régimen iraní encabezado por un líder supremo que está asustado y un presidente que habla como un niño. Esta autoridad está ahora a cargo de controlar las batallas en las calles de Irán.
Se trata de un conflicto que necesitará un milagro para resolverse. Uno de esos milagros con los que Jamenei y Ahmadinejad creen que se podrá evitar la violencia.
Traducción de Jorge Anaya
Fuente: La Jornada
Los frentes de la batalla poselectoral en Irán
Publica Sin Permiso
Por Robert Dreyfuss
Con algunas muertes aisladas y crecientes protestas, aumenta la tensión en el enfrentamiento poselectoral en Irán. La contraofensiva del régimen iraní está recrudeciéndose, llegando noticias de arrestos indiscriminados de destacados opositores, razzias de milicianos en los campus universitarios y amenazas de ejecución a los manifestantes procedentes de los cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica. (Un grupo de partidarios de Ahmadineyad marcharon en Teherán el pasado martes al grito de "¡Los alborotadores deberían ser ejecutados!") Según Reuters, una declaración de la Guardia decía lo siguiente:
"Advertimos a los escasos elementos controlados por extranjeros que intentan perturbar la seguridad nacional incitando a los individuos a destruir y cometer traición de que el código penal islámico castiga con la ejecución a quienes libran una guerra contra Dios".
Los "elementos" están, por descontado, lejos de ser "escasos", no están "controlados por extranjeros" y sus acciones han sido abrumadoramente no violentas, dignas y contenidas, en vez de intentar "destruir" y "cometer traición." Con todo, la amenaza es clara.
De Ibrahim Yazi, veterano disidente de la revolución de 1979 y líder del Movimiento por la Libertad en Irán -a quien hice una extensa entrevista en su hogar en Irán el día anterior a las elecciones amañadas- se dice que está siendo buscado por las fuerzas de seguridad iraníes, que fueron a su casa a arrestarle. No se encontraba allí, según el informe. El Washington Post informa que más de 170 opositores han sido arrestados, incluyendo altos funcionarios.
La coalición anti-Ahmadineyad es diversa y profunda. Incluye a conservadores, viejos Guardianes fundadores de la República Islámica, que ven a Ahmadineyad con desprecio y recelan de la subida al poder de su camarilla de comandantes de la Guardia Revolucionaria; una creciente mayoría de clérigos iraníes y viejos ayatolás, muchos de los cuales ven al Líder, el ayatolá Alí Jamenei, como un arribista y un usurpador desde que fue ascendido al cargo hace 20 años; casi toda la clase empresarial de Irán, especialmente quienes se dedican a la alta tecnología, la aviación, el petróleo y el gas, y también la industria pesada, que culpa a Ahmadineyad de una catastrófica gestión de la economía y por las pesadas sanciones económicas; toda la clase de los reformistas iraníes, desde los clérigos más liberales como el antiguo presidente Jatamí a funcionarios más centristas como el antiguo primer ministro Musaví, el candidato presidencial; una considerable cantidad de mujeres iraníes, cuyo espíritu ha vigorizado la esposa de Musaví, con quien me reuní en Teherán y quien ha realizado una enérgica campaña a favor de su marido y los derechos de las mujeres; y, por supuesto, la elite educada de Irán, incluyendo a estudiantes, artistas, cineastas, intelectuales, escritores y músicos.
El bloque pro-Ahmadineyad tiene un carácter típicamente fascista. Incluye, antes que nada, a 150.000 miembros procedentes de la Guardia Revolucionaria, la milicia paramilitar basij [1], grupos de matones no oficiales como el Hezbolá iraní (sin ninguna relación con el Hezbolá libanés), la policía y otras fuerzas de seguridad. Miembros destacados de la burocracia asociada a la seguridad nacional, a nómina de Ahmadineyad, le apoyan de manera entusiasta. Un cada vez más aislado, y de línea dura, bloque de viejos clérigos -que incluye a Jamenei, miembros del todopoderoso Consejo de Guardianes, y un grupo de clérigos ultraconsrevadores en Qom, reunidos en torno al ayatolá Mesbah-Yazdi y sus estudiantes- apoya a Ahmadineyad, aunque se presentan como clérigos de la oposición. Y, por supuesto, Ahmadineyad tiene una base de leales seguidores entre la derecha religiosa, los votantes del campo y de las pequeñas ciudades, con quien ha mostrado una generosidad mezquina e interesada bajo su mandato, así como los ultranacionalistas que encuentran atractivo su desafiante discurso antioccidental. La Guardia Revolucionaria, que ha construido una vasta red empresarial y económica en Irán, está amasando beneficios, contrabandeando mercancías prohibidas y tratando de desbancar al baqueteado sector privado iraní.
Desde mi punto de vista -confirmado por un número de participantes que encontré en Teherán- es que la correlación de fuerzas tradicional ha saltado por los aires. Como parece saber todo el mundo, el presidente de Irán es una figura de escaso o ningún poder, mientras que el Líder (a menudo llamado erróneamente "Líder Supremo") es el todopoderoso comandante en jefe y quien toma verdaderamente las decisiones. Como poco, puede decirse que este equilibrio se está inclinando hacia uno de los lados, aunque dejo para observadores más calificados de la política iraní calibrar el grado de desplazamiento. Pero es claro que Ahmadineyad y sus aliados militares y paramilitares, y los clérigos radicales que le apoyan, al menos han rodeado, si no neutralizado, a Jamenei, el Líder.
Parte de la lucha que se está desarrollando ahora mismo es una lucha por la lealtad hacia el Líder. Aliados clave de Musaví son, sobre todo, Alí Akbar Hashemi-Rafsanyani, el corrupto multimillonario y muñidor que ayudó a Jamenei a tomar el poder a finales de los ochenta, han sido sacados de sus casillas por las meteduras de pata y la mala gestión de Ahmadineyad. Y si -y hablamos de un gran, gran "y si"- toda la coalición pro-Musaví que he descrito más arriba continúa desafiando el voto amañado por Ahmadineyad, si las protestas callejeras mantienen su firmeza, y si los suficientes aliados de Jamenei (como Rafsanyani, quien se reunió con Jamenei el dia anterior a las elecciones del viernes) pueden tirar de los suficientes hilos, es posible que Ahmadineyad caiga, en algo bastante parecido a una revuelta palaciega. Es algo bastante improbable, pero posible de todos modos. Y habría que ver si Ahmadineyad toleraría algo así.
La primera posibilidad de que puedan invertirse las tornas del resultado electoral fue la declaración del portavoz del Consejo de Guardianes, Abbas Alí Kadjodai, de que el recuento de votos que se está realizando ahora mismo ordenado por el Consejo, ordenado por Jamenei y que se espera que dure de una semana a diez días, puede tener "como resultado la anulación de los resultados y la celebración de nuevas elecciones", como ha informado el Washington Post. "No es algo inverosímil", dijo Kadjodai a Mehr News, la agencia de prensa iraní con vínculos gubernamentales. Un analista ha especulado que un escenario como ése podría implicar que el Consejo descalificase suficientes votos de Ahmadineyad como para que sus resultados caigan por debajo del 50%, forzando una segunda vuelta entre Ahmadineyad y Musaví. Un acontecimiento así sería, con toda seguridad, algo casi revolucionario, y resultaría aún más embarazoso para el Líder, quien calificó los resultados del pasado viernes de "sagrados" y "bendecidos."
Es más posible que Jamenei, Ahmadineyad y sus aliados cierren filas. Recibirán las protestas con puño de hierro. Aunque las cosas se han puesto ahora feas, se tornarán rápidamente más feas aún, más violentas y con indicios de guerra civil. Treinta años atrás, la decisión del shah de Persia de no enfrentarse violentamente a los revolucionarios permitió que el movimiento anti-shah se fortaleciese lo suficiente para derrocarle. Entonces, como ahora, un número relativamente pequeño de muertes -"mártires"- fue el estallido de un ciclo tradicional chiíta de cuarenta días de manifestaciones y protestas ceremoniales en su memoria que fue aumentando en intensidad a finales de 1978. Un mes después el shah abandonaba el país.
Queda por ver si la oposición mantendrá su ímpetu. Diría que los inversores apuestan por Ahmadineyad y le dan su apoyo, respaldados por la fuerza bruta. Por esa razón el presidente Obama está cubriéndose las espaldas, elogiando a los estudiantes en rebeldía y a los votantes de Musaví, pero insistiendo en que está más que dispuesto a hablar con Ahmadineyad y Jamenei. Para la frustración constante de los neocons, Obama no está empujando a América a apoyar a Musaví. Y eso es bueno.
En cuanto a mí, soy parcial. Apoyo a la Revolución Verde. Pero no me llamo a engaño.
Eso no significa que apoye la forma de gobierno de Irán, oscurantista y reaccionaria. Hasta donde yo sé, un gobierno dirigido por mulás es algo más propio del siglo VII. ¿Quieren los iraníes acabar con el sistema por completo? Algunos así lo quieren. A muchos iraníes les pone enfermos, y están agotados y avergonzados de un régimen dirigido por viejos sacerdotes barbudos. ¿Cuántos de los que componen la coalición de Musaví quieren poner punto y final a la constitución iraní y a la república islámica que es inseparable de ella? ¿Quieren mi opinión? Excepto por Rafsanjani y sus aliados clericales, y otros del establishment, unos cuantos. Muchos que han sido atraídos por Musaví y Rahnavard les apoyaron porque ven a los reformistas como la llave que podría abrir la puerta cerrada a un nuevo Irán, uno gobernado por políticos seculares.
"Este es término que deberíamos solicitar con ansia" [2], que decía Hamlet. Por supuesto, el príncipe danés estaba hablando del suicidio. Para muchos iranís, oponerse al régimen significa justamente eso.
NOTAS T.: [1] "Movilización" en farsi. Abreviación de Baseej-e Mostaz"afin, literalmente "Mobilización por los oprimidos". [2] Traducción de L. Fernández de Moratín.
Robert Dreyfuss, periodista independiente en la zona de Washington DC y corresponsal de seguridad nacional de la revista Rolling Stone, es autor de Devil"s Game: How the United States Helped Unleash Fundamentalist Islam. Escribe habitualmente para Rolling Stone, The American Prospect, The Nation, Mother Jones y The Washington Monthly. Su página web es RobertDreyfuss.com.
Traducción de Àngel Ferrero
Noticia nº: 1602 | 22-06-2009
BibliotecaDeBagdad/EDL/22-06-2009


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