NoticiasBibliotecaDeBagdad/EDL/03-03-2010Entrevista a Jean-Paul Fitoussi, economista: "La causa de la crisis es la desigualdad"

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Volver de entrevista a jean-paul fitoussi, economista: "la c Entrevista a Jean-Paul Fitoussi, economista: "La causa de la crisis es la desigualdad"

Jean-Paul Fitoussi
Este discípulo francés de Norberto Bobbio llegó a Turín para brindar la primera conferencia de un ciclo dedicado al politólogo italiano. "El me enseñó que la cuestión de la igualdad es la que explica al mismo tiempo los conflictos entre los hombres y con la naturaleza", dice sobre su mentor. Jean-Paul Fitoussi es, antes que nada, un economista de esos que no razonan sólo sobre las bases decimales del PBI. La igualdad es un valor matemático, pero también político. La economía, en su parte contable, parecería simple, pero es la política la que tiene que tomar sus responsabilidades. Sobre todo, advierte el especialista, en esta esquina del mundo, que se llama vieja Europa.

Publica La Satampa

Por Cesare Martinetti

- Profesor, ¿cómo funciona hoy una democracia?

Una democracia para ser tal debe vigilar continuamente el grado establecido de igualdad en la sociedad y entre sus ciudadanos. Bobbio decía esto y a mí todavía hoy me parece decisivo por su ubicación en la izquierda, porque en cierta manera la izquierda es inmanente en las democracias que están basadas sobre una idea de igualdad.

- ¿Considera que la crisis financiera internacional tendrá efectos sobre la democracia en el mundo?

No creo que los regímenes políticos cambien, pero lo que quedó claro es que la economía de mercado no puede sobrevivir sin un régimen político. La separación entre economía y política se reveló como una ilusión. La democracia también contribuyó a paliar ese efecto, de un modo imperfecto, pero lo hizo.

- ¿Cuál es el resultado de ese trabajo?

Evitó que una regresión del Producto Bruto Interno terminara en una catástrofe, como efectivamente sucedió en la década de 1930. La política se hizo cargo de sus responsabilidades, todos los regímenes democráticos a nivel mundial intervinieron y salvaron sus bancos, no para salvar a las empresas, sino para evitar consecuencias desastrosas para el sistema, como la pérdida de respaldo para los ciudadanos y favoreció un relanzamiento de la economía.

- Pero no todos los gobiernos democráticos actuaron de la misma forma. ¿Cuáles fueron más eficaces?

Cuando se hacen este tipo de comparaciones entre el esfuerzo que hizo Estados Unidos y Japón y el que se hizo en Europa, hace falta decir que ha funcionado, y que la democracia europea fue menos efectiva que la norteamericana respecto de estas circunstancias.

- ¿Por qué?

Porque Europa es doctrinaria, y entonces mantiene sobre todo la estabilidad de los precios, el equilibrio de las cuentas públicas y de la competencia. Por todo eso no discutió un plan de estímulos económicos a la altura de lo que se podía aguardar. La causa de esto es que Europa es prisionera de una trampa que construyó y que se llama ausencia de democracia.

- ¿Qué significa esto?

Que cuando un país europeo, Italia por ejemplo, toma la decisión de relanzar su economía debe saber que esta decisión tendrá tal vez más efectos positivos sobre Francia o Alemania que sobre la misma Italia. El país que tiene una política anticíclica, la paga en términos de equilibrio, mientras los demás gozan los beneficios.

- ¿No se puede relanzar la economía sin aumentar el defícit?

Si usted tiene una forma de hacerlo, es verdaderamente un genio. Europa tiene una deuda y una desaceleración sustancialmente inferior al de Estados Unidos o Japón. Es una especie de paraíso de la finanzas públicas. Y sin embargo, los especuladores atacan a Europa.

- ¿Por qué?

Porque no existe un gobierno europeo. La Unión Europea paga un precio económico a su falta de políticas activas.

- La impresión es que en ausencia de este gobierno europeo que menciona se está reformando el eje franco-alemán. ¿Es así?

No creo, porque hay un desacuerdo de fondo de teoría económica entre Alemania y Francia. Simulan estar de acuerdo, pero nada más. La verdad es que por el momento tenemos una Europa alemana y debemos obedecer a la economía alemana, vale decir, a una tasa baja de inflación. Sin embargo, sabemos que eso no sirve. La experiencia nos enseñó que la estabilidad macroeconómica del mundo nunca se debió a la estabilidad de los precios. Y no obstante, pensábamos que ese era el mejor modo de gestionar las economías nacionales en un contexto de globalización.

- ¿Cuál es su receta?

No tengo recetas milagrosas. Es un problema de decisión política. Yo creo que la causa de esta crisis fue el crecimiento de la desigualdad en el último cuarto de siglo. Los mercados financieros crecieron enormemente y cuando todo explotó nos dimos cuenta de que no había rédito suficiente para hacer funcionar la economía. Demasiada gente se volvió pobre y la única forma de sostener su nivel de vida fue endeudándose.

- ¿Quién resistió mejor a la crisis?

Si miramos las cifras de caídas del Producto Bruto Interno de cada país, diría que los Estados Unidos y Francia. Italia sufrió más, casi el doble, y Alemania sufrió incluso un poco más que Italia. Pero en el plano social las cosas van muy mal: la desocupación continúa aumentando y esta es la verdadera crisis.

- ¿Cuándo volverá la ocupación plena?

Nadie lo sabe. Yo temo que haya un contagio de medidas recesivas. Primero Grecia y España, luego Portugal...¿Ve que podemos regresar a Bobbio? Vigilemos la igualdad, porque es la sustancia de la democracia.

Fuente: Clarín


Un economista que mira lo social

Jean Paul Fitoussi es uno de los economistas e investigadores más prestigiosos del mundo. Vino a Buenos Aires en 2007 para recibir el título "Honoris Causa" de la Universidad Tres de Febrero. Ya lo había obtenido de la UBA.

En 1971, se recibió de Doctor en Ciencias Económicas con la tesis "Inflación, equilibrio y desempleo" y desde entonces, a lo largo de su carrera, siempre se preocupó por encontrar un punto de armonía entre el interés individual y el bien común.

Con el reinado de la economía de mercado, tras la caída de la Unión Soviética, Fitoussi centró más su investigación en la relación entre el desarrollo económico y la democracia.

En su libro Democracia y Mercado (2004), Fitoussi repasa un debate clave en la ciencia económica: la relación entre el mercado y el Estado, deteniéndose específicamente en el dilema de si existe o no una incompatibilidad entre la eficiencia económica del mercado y la justicia social que los gobiernos democráticos tienen la obligación de garantizar a sus ciudadanos.

Además de este libro, es autor, entre otros de La regla y la elección (2002); La ideología del mundo. Crónicas de una economía política (2004) y El Estado de la Unión Europea (2007).

Fitoussi es además profesor universitario, titular del Consejo Científico del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París y presidente del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas. En 1997, durante el gobierno del socialista Lionel Jospin, integró el grupo de asesores del gobierno.


"No hay superpotencia capaz de frenar el actual proceso en América latina"

Por Telma Luzzani

Paso a paso y en elecciones democráticas América del Sur fue poniendo, en lo que va del milenio, su sintonía política en la centroizquierda. Esa confluencia —sin precedentes desde las independencias en el siglo XIX— no pasa desapercibida en el resto del mundo. Jean Paul Fitoussi, uno de los más prestigiosos pensadores franceses, ve el fenómeno muy positivamente.

"Se trata de un cambio radical. Los latinoamericanos no quieren que les digan más lo que tiene que hacer. Quieren elegir por sí mismos. Y en este momento, no hay superpotencia capaz de frenar ese proceso emancipatorio", aseguró a Clarín en una larga entrevista en Buenos Aires.

Pese al cansancio del viaje transatlántico, Fitoussi —en sobrio traje azul y corbata— analizó con pasión los recovecos de la actualidad mundial. América latina (AL) copó la escena: "Estamos ante una importante demostración de los latinoamericanos de su gran deseo de ser soberanos. Pero fuera de Venezuela, nada indica que estos cambios conduzcan a una revolución socialista. Mire Brasil: el actual gobierno de centroizquierda no sólo juega las reglas de la globalización sino que es todavía más pro mercado que su antecesor. O Argentina que, dicho sea de paso, tiene un mejor crecimiento que Brasil.

—Los críticos dicen que no es que el crecimiento sea alto sino que Argentina partió del subsuelo de la crisis.

—No estoy de acuerdo. Argentina creció cuatro años seguidos al 9%. Eso es una tasa al estilo chino. Y ahora con un mayor estado de bienestar social que antes. El cambio está. Toda Latinoamérica está en proceso de liberarse de las poderosas influencias externas. Y esto no es un cambio accidental.

—¿Es una reacción de las mayorías por los golpes sufridos con la política neoliberal de los 90?

—Las razones tienen raíces profundas en el pasado, sobre todo, en dos aspectos: el constante fracaso de los gobiernos en mejorar las condiciones de los ciudadanos y las brutales reformas aplicadas para adoptar la economía del mercado de una manera totalmente dogmática. Acá no hubo un proceso político sino doctrinario.

—¿Por eso la mayoría de estos nuevos gobiernos empezó revisando el pasado y cambiándolo, por ejemplo, renacionalizando lo privatizado?

—Veo a una América latina mucho más pragmática. Creo que al haberse podido liberar de esas actitudes doctrinarias, fueron adquiriendo una visión más realista. Empezaron a optar, a ver qué sector es mejor que esté privatizado y cuál no. Yo no veo que se esté aplicando el dogma de la renacionalización. Sí que se corrige lo que fue un error privatizar. Eso es una buena democracia: la que es capaz de autocorregirse.

—¿Podría explicar mejor eso?

—La democracia funciona por ensayo y error. Es una institución que se autocorrige. Por eso no hay ninguna posibilidad de que en una democracia las cosas vayan eternamente mal porque se cambia de gobierno y listo. En cambio con una doctrina las cosas sí pueden ir eternamente mal. ¿Por qué? Ustedes aplicaron el Consenso de Washington y las cosas iban mal. La típica respuesta de los defensores de esa políti ca es que las cosas iban mal porque la doctrina no había sido suficientemente aplicada. El dogma es así: nunca quiere cambiar, quiere siempre más de lo mismo. Por eso digo que América latina está yendo hacia una buena democracia.

—Hoy hay siete países de centroizquierda. ¿No cree que Estados Unidos, como sucedió en el pasado, busque interrumpir este proceso?

— Washington usa un montón de retórica pero tiene claro que no está en capacidad de parar este proceso. América latina es una región muy poderosa.

—¡Qué curioso que lo diga! Nosotros no tenemos conciencia de ser tan poderosos.

—Son muy poderosos y, por el momento, no hay ninguna superpotencia que pueda frenarlos.

—¿Es porque EE.UU. está muy ocupado en Irak?

—No, no. Es porque el mundo ha cambiado radicalmente. No estamos más en un mundo unipolar. Está China, India, Rusia. Está la Unión Europea que es la mayor economía del mundo.

—Pero a nivel de influencia internacional, la UE ya casi no tiene voz en las decisiones mundiales.

—La UE no tiene la influencia que debería porque todavía no ha logrado tener un gobierno europeo común. Es difícil, es un largo proceso.

—Es difícil imaginar un gobierno europeo unido cuando hay países como Polonia que son estrechos aliados de EE.UU. y otros que no.

—Europa Occidental no jugó un buen papel en el pasado con los países del Este. Cuando estaban bajo influencia soviética, se desentendió y el único país que siguió peleando en la Guerra fría fue EEUU. Por eso ellos hoy tienen más confianza en Washington.

—¿Qué piensa de Irak?

—No tengo la bola de cristal pero creo que las tropas se van a quedar por mucho tiempo, incluso si el próximo presidente es un demócrata

—¿E Irán?

—Es una de las grandes incertidumbres que hay en el mundo. Puede pasar cualquier cosa, incluso algo bueno.

—Uno de los cambios más dramáticos es que estamos en un mundo cada vez más religioso y menos laico. Hay como una regresión hacia ideas que parecían superadas hace siglos.

—Efectivamente estamos en una regresión, lo que no sabemos es si esta ola crecerá aún más o si alcanzó su pico.

—Usted ha dicho que el mundo cambió radicalmente ¿También está cambiando el tipo de globalización?

—Hay que diferenciar la retórica de la globalización de la realidad. Según la retórica estamos viviendo bajo el poder del mercado y nuestra única ley es la competitividad. Pero la realidad nos muestra un mundo dividido en Estados-naciones a los que el mercado no pudo hacer desaparecer. Entonces resulta que el mercado no era tan poderoso como decían. ¿Y cuál es la principal función del Estado nación? Proteger a su población. Entonces si uno mira atentamente ve que, en la actualidad, los Estado-nación están más fuertes que nunca.

—¿Podría darme un caso?

—Los países más globalizados del mundo son los escandinavos. Su intercambio en el mercado mundial equivale al 70% de su PBI. Pero son también los países con mayor protección: el gasto público representa el 50% de su PBI. Entonces resulta que con un Estado fuerte también son muy exitosos.
Noticia nº: 1734 | 03-03-2010


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