NoticiasBibliotecaDeBagdad/EDL/11-12-2009De Kissinger a Obama: Premio Nobel de la Paz a representantes del belicismo estadounidense

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Barack Obama II
"Los instrumentos de la guerra tienen un papel que jugar para mantener la paz", dijo el presidente estadounidense Barack Obama al recibir el galardón. Intentó justificar así su decisión de mantener y reforzar la presencia militar en Afganistán. Afirmó además que sus logros "son escasos". "A veces la guerra es necesaria", disparó el presidente Obama al recibir el Premio Nobel de la Paz en una ceremonia realizada en Oslo. Curiosamente, el mandatario intentó explicar así los cuestionamientos al galardón por la presencia militar de su país en Irak y Afganistán y por su reciente decisión de reforzar el contingente con el envío de más soldados.

Informan Agencias

Y afirmó además que sus logros "son escasos" en comparación con "gigantes de la historia" que recibieron antes el Nobel de la Paz, como Albert Schweitzer o Nelson Mandela. "No puedo replicar nada a aquellos que piensan que esos hombres y mujeres merecen este honor mucho más que yo", dijo, al tiempo que remarcó que el premio lo recibe con "profunda gratitud y gran humildad".

También dijo que la controversia desatada por su elección para el galardón se debe en parte a que está "al comienzo, y no al final" de su "trabajo en la escena mundial".

El comité Nobel decidió en octubre conceder el premio a Obama "por sus extraordinarios esfuerzos para reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos". Además dio "especial importancia a la visión de Obama de un mundo sin armas nucleares y su trabajo por lograrlo".

Sin embargo, la decisión recibió diversas críticas desde su mismo anuncio principalmente por la presencia militar de EE.UU. en Afganistán, un cuestionamiento que tomó más vuelo aún cuando recientemente Obama informó que su gobierno enviará 30.000 soldados adicionales a ese convulsionado país.

Momentos antes de recibir el premio, Obama había manifestado que "posiblemente otros merecían más" llevarse ese galardón. "No tengo dudas de que hay otros que puedan tener más mérito", dijo Obama en conferencia de prensa conjunta al primer ministro noruego, Jens Stoltenberg.

No obstante, el jefe de la Casa Blanca prometió dar impulso a su agenda de política exterior, incluyendo trabajar por cuestiones cruciales para la paz y seguridad como la estabilización de Afganistán, el cambio climático y el desarme nuclear.


Hay "guerras justas": Obama al recibir el premio Nobel de la Paz

Publica The Independent

Por David Usborne

Entre serio y humilde, el presidente estadunidense Barack Obama admitió este jueves en el deslumbrante ayuntamiento de esta capital noruega, una realidad incómoda dentro del recinto: "Las imperfecciones del hombre y los límites de la razón" implican que muchas veces deberá derramarse sangre antes de lograr la paz.

"Entiendo por qué la guerra no es popular, pero también sé esto: la convicción de que la paz es deseable rara vez es suficiente para conseguirla", sostuvo. "La paz requiere responsabilidad, implica sacrificio", continuó: "No erradicaremos los conflictos violentos en lo que nos queda de vida. Habrá veces en que las naciones, de manera individual o de común acuerdo, encontrarán que el uso de la fuerza no sólo es necesario, sino moralmente justificado".

El discurso de 35 minutos lo pronunció Obama apenas diez días después de que anunció que enviará 30 mil soldados más a Afganistán. Sin embargo, desestimó las preocupaciones en torno a las presiones políticas en su país y, en cambio, ofreció una meditación personal sobre el concepto de la "guerra justa".

Preguntan críticos por los frutos de su nueva política exterior

El Comité del Nobel otorgó este año el galardón a Obama por los cambios que emprendió al comienzo de su presidencia, no sólo al prohibir abiertamente la tortura y prometer el cierre de la prisión de Guantánamo, sino también por dar prioridad a tender puentes y ejecutar gestos de acercamiento hacia viejos enemigos. Sus críticos dijeron que su enfoque era ingenuo y preguntaron dónde estaban los frutos de esta estrategia de política exterior.

La caravana de limusinas que que transportaban a Obama, a la primera dama, Michelle, y a los principales colaboradores del mandatario, así como familiares y amigos, fue recibida por multitudes que vitoreaban, pero también por una enorme pancarta en que se leía: "Obama, ya lo ganaste. Ahora merécelo".

Pero en Oslo, algo del idealismo de Obama en política exterior dio cabida a un realismo más sobrio. El presidente estadunidense aplaudió la paz que predicaron Martin Luther King y Gandhi, aunque agregó que el pacifismo no siempre es suficiente.

"Un movimiento no violento no hubiera podido detener a los ejércitos de Hitler. Negociaciones no convencerán a los líderes de Al Qaeda de dejar las armas. Decir que la fuerza a veces es necesaria no es llamar al cinismo, sino al reconocimiento de la historia, a las imperfecciones del hombre y a los límites de la razón", afirmó.
Obama sostuvo que la percepción de su país como un agresor no bienvenido está muy enraizada en la "sospecha reflexionada contra Estados Unidos, considerado como la única superpotencia militar del mundo". Pero dijo que la historia será más benévola. "No importa qué errores hayamos cometido, el hecho llano es este: Estados Unidos ha ayudado a garantizar la seguridad global por más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y la fortaleza de nuestras armas".

Añadió: "Pero en un mundo en que las amenazas son más difusas y las misiones más complejas, Estados Unidos no puede actuar solo. Esto es cierto en Afganistán. Es verdad que en estados fallidos como Somalia el terrorismo y la piratería se han unido a la hambruna y al sufrimiento. Tristemente, esto seguirá siendo cierto en regiones que permanecerán inestables en años por venir".

Obama ofreció su definición de paz verdadera y cómo, una vez lograda, puede mantenerse.

"La paz es inestable en sitios donde los ciudadanos tienen negado el derecho de expresarse libremente o de practicar la religión que deseen; elegir a sus propios líderes o reunirse sin miedo. Una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino también gozar de seguridad económica y oportunidades. La paz verdadera, por tanto, no sólo es ser libre de todo temor, sino tener la libertad de desear".

Los "ingredientes fundamentales" para nutrirla, continuó Obama, son "acuerdos entre las naciones, instituciones fuertes, apoyo a los derechos humanos, inversiones en desarrollo. Y con todo, no creo que tuviéramos la voluntad y la permanencia de completar esta tarea sin algo adicional, y esto es la continua expansión de nuestra imaginación moral, la insistencia de que existe algo irreductible que todos compartimos".

Concluyó: "Propongámonos lograr el mundo que debe ser, y encontrar esa chispa de lo divino que existe dentro de cada una de nuestras almas".

Traducción: Gabriela Fonseca

Fuente: La Jornada


Llamados de guerra de un hombre derrotado

Publica CounterPunch

Por Alexander Cockburn

El triunfalismo ritual sobre la justa misión de EE.UU. en las últimas frases de su discurso no disipó la clara impresión causada por el discurso del presidente Obama ante los cadetes de West Point del martes por la noche, de que estaban escuchando a un hombre derrotado por el desafío de justificar el envío de 30.000 soldados más a Afganistán. Contrariamente a las trilladas referencias a su "retórica elocuente," el discurso fue terrestre y presentado de modo mecánico.

Obama no convenció con sus argumentos y complació a pocos. Los liberales se enfurecieron cuando le oyeron decir que es "de nuestro interés nacional vital" enviar a 30.000 soldados más a una misión que consideran condenada desde el principio.

Los vítores de los derechistas cuando oyeron hablar del despliegue se ahogaron en sus gargantas al oír la línea siguiente: "Después de 18 meses, nuestros soldados comenzarán a volver a casa."

Ningún estadounidense maduro, acostumbrado a los chanchullos inextirpables que han florecido durante decenios en cada ciudad de importancia en EE.UU., cree en una promesa de que la corrupción se eliminará en Afganistán en un año y medio, o en que Karzai tenga alguna credibilidad como responsable de la limpieza.

Cada proposición de la justificación de Obama se derrumba al primer contacto, en primer lugar la comparación con la conclusión de la misión de EE.UU. en Iraq. En Washington consideran axiomático que la ‘oleada' en Iraq dio resultados —que los soldados adicionales solicitados al presidente Bush por el general Petraeus cambiaron la situación.

Pero lo que verdaderamente cambió la situación en Iraq fue la victoria de los chiíes en Bagdad y en otras ciudades importantes en su sangrienta guerra civil contra los suníes. La mayoría de los combatientes suníes vieron que no les quedaba otra alternativa que forjar una alianza con los odiados ocupantes y enguirnaldar los tanques que habían tratado de volar por los aires sólo unas semanas antes.

El primer ministro Maliki tiene a su disposición un gran ejército, aparentemente leal, y una amplia fuerza de milicias y policial para sostener y proteger el Estado iraquí. El ejército afgano es variopinto, apenas entrenado, en su mayoría analfabeto y plagado por deserciones — compuesto y comandado desproporcionadamente por tayikos, despreciados por los pastunes. La policía depende de sobornos para su supervivencia. Como señala el profesor Juan Cole: "Toda la provincia de Qunduz, al norte de la capital, sólo tiene 800 policías para una población de casi un millón. En contraste San Francisco, de un tamaño similar, tiene más de 2.000 policías y muchos menos ‘militantes' armados."

El argumento central de Obama a favor de la intervención es la afirmación que hizo en West Point de que el objetivo fundamental de destruir a al Qaeda sólo se puede lograr destruyendo a sus anfitriones, los talibanes, y que esa tarea requiere más soldados. Pero existe evidencia de que durante los recientes meses de disputas internas sobre las opciones de EE.UU., Obama y sus consejeros nacionales de seguridad de la Casa Blanca no mostraban confianza en esa proposición.

En la lucha entre la Casa Blanca y el general McChrystal, el Pentágono y su secretario de defensa Robert Gates (un vestigio de los años de Bush), el consejero de seguridad de Obama, general James Jones, planteó a Bob Woodward del Washington Post la pregunta de por qué al Qaeda iba a querer irse de su refugio actual en Pakistán a las inseguridades de Afganistán.

McChrystal devolvió rápidamente el golpe en su discurso de Londres ante el Instituto de Estudios Estratégicos: "Si los talibanes tienen éxito, eso provee un refugio desde el cual al Qaeda puede operar de modo transnacional."

Días después, el New York Times informó de que "altos funcionarios del gobierno" decían en privado que el equipo de seguridad nacional de Obama "argumenta ahora que los talibanes en Afganistán no plantean una amenaza directa para EE.UU."

Al detallar esa lucha semi-oculta, Gareth Porter, el analista de seguridad nacional basado en Washington, argumentó el miércoles pasado aquí, en el sitio de CounterPunch, que a Obama le cierra el paso una alianza de Gates y la secretaria de Estado Clinton, más McChrystal y el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, en "una demostración de libro de cómo el aparato de seguridad nacional asegura que su preferencia política en temas de fuerza militar prevalezca en la Casa Blanca."

Aunque Porter argumenta bien, es dar demasiado confort a esos liberales desconsolados, pero eternamente esperanzados, que argumentan que realmente hay un "buen Obama" que combate contra fuerzas más oscuras. En un marco de tiempo más amplio, si alguien se cerró el paso respecto a Afganistán fue el propio Obama quien pasó gran parte de la campaña el año pasado tratando de desviar las acusaciones de McCain de que era un perdedor en cuanto a Iraq, proclamando que el verdadero campo de batalla de EE.UU. estaba en Afganistán.

Hubo ciertos tonos mesurados poco usuales en el discurso. Obama es probablemente el primer presidente de EE.UU. que declara directamente que "no podemos simplemente ignorar al precio de estas guerras... Por eso el compromiso de nuestras tropas en Afganistán no puede ser ilimitado: porque la nación que estoy más interesado en construir es la nuestra."

Hay que contrastarlo con la bravata presupuestaria del presidente Kennedy cuando proclamó en su discurso inaugural en 1961 que "pagaremos cualquier precio, soportaremos cualquiera carga... a fin de asegurar la supervivencia y el éxito de la libertad."

Después del discurso —particularmente después de que los sondeos mostraron que no habían logrado aumentar el sentimiento a favor de la guerra— los demócratas se mostraron sombríos, bien conscientes de que tendrán que cargar una guerra impopular durante las elecciones de mitad de período de 2010 y que Obama se volverá resueltamente hacia los republicanos en el Congreso para conseguir los votos necesarios para obtener el dinero para financiar la ampliación de la guerra. De la izquierda vinieron promesas de reanimar el movimiento contra la guerra, inactivo durante los dos últimos años.

Hay gritos quejumbrosos de destacados activistas como Tom Hayden, que ahora promete que eliminará las pegatinas de Obama de su coche. Tal vez lo haga. Nuestra visión aquí en CounterPunch es que Lady Macbeth se sacará esas malditas manchas de sus manos antes de que los progresistas estadounidenses se liberen de la obamafilia.


Obama y Bush

Por Jorge Camil

El primero de diciembre pasado, en la academia militar de West Point, Barack Obama pronunció un discurso que podría significar el fin de su administración de la esperanza, una muestra más de la vocación intervencionista de Estados Unidos y la confirmación de que el premio Nobel de la Paz fue precipitado. (En cuanto al Nobel, resulta claro que el premio ha tenido peores galardonados: miren que otorgárselo a Henry Kissinger, arquitecto del golpe de Estado que desató la barbarie de Augusto Pinochet y destructor de Laos y Camboya: ¡cuánta destrucción y muerte causaron esas decisiones!)

Cuando la popularidad de Obama va en descenso, y la economía se tambalea entre los buenos deseos y la clara perspectiva de volver a caer; cuando la ultraderecha continúa empeñada, hoy más que nunca, en una campaña (qué digo "campaña": "guerra") para impedir su relección, Obama envió 30 mil soldados adicionales a pelear una guerra que ninguna potencia internacional ha ganado en las escarpadas montañas de Afganistán.

Hasta hoy, la de Estados Unidos había sido una "guerra" de baja intensidad, conteniendo al talibán para apuntalar al régimen corrupto de Hamid Karzai y esperando, cada vez con menores probabilidades, toparse con el fantasma de Osama Bin Laden en las impenetrables cuevas de Tora Bora.

La de Obama, con 100 mil soldados comprometidos, se confirma como una guerra en toda la extensión de la palabra. Así lo dijo en la comparecencia legislativa del secretario de la Defensa, el poderoso representante por Nueva York Gary Ackerman: "¿cuándo van a reconocer que esta es una nueva guerra?" Una más —diría yo— sin autorización del Congreso y por decisión del presidente en turno: primero George W. Bush en Irak, y ahora Obama.

Es obvio que el nuevo presidente se topó con el nefasto "complejo militar industrial" denunciado en los últimos días de su administración por el general Eisenhower ("el gobierno debe protegerse contra la influencia indebida del complejo militar industrial. Existirá siempre el riesgo de que ese enorme poder caiga en manos equivocadas": como las de Bush en Irak, ¿y ahora Obama?).

En su declaración de guerra Obama recurrió a los mismos puntos de referencia de Bush: el 11 de septiembre de 2001, el terrorismo internacional y la seguridad del mundo. Y esgrimió idénticas justificaciones: asegurar la instalación de un gobierno democrático y permitir que en un tiempo perentorio los afganos puedan enfrentarse al talibán. ¡Qué desilusión! ¿Obama, Nobel de la Paz, construyendo naciones por la fuerza de las armas? Como Bush en Irak, como Reagan en Nicaragua, como Kennedy en Vietnam.

Además de caer en la tentación conocida como nation building, Obama cayó en el juego inevitable de la relección: prometió regresar los soldados en julio de 2011: ¡justo antes de las elecciones de 2012! Con su decisión recuperó una buena parte de la derecha, que lo consideraba "caballo de Troya" del Islam, y al regresar las tropas antes de la relección volverá a ser el héroe que ganó por un amplio margen en 2008. ¿Cinismo? No, política.

Las semejanzas con Bush son alarmantes: la estrategia de éste al final de su mandato, conocida en inglés como "surge", se convirtió en el "push" de Obama. La idea viene seguramente del complejo militar industrial (sobre todo en esta época de desempleo masivo) y consiste en avasallar al enemigo con dinero, tropas y armas. No funcionó en Irak. ¿Por qué habría de funcionar en Afganistán?

Durante la presentación en West Point una joven espectadora sacudía la cabeza en desacuerdo: era Kori Schake, maestra de seguridad internacional en West Point. Al ser entrevistada después del acto, Schake lanzó tres críticas fundamentales al plan del presidente: la decisión de continuar apoyando incondicionalmente al régimen corrupto e ineficiente de Hamid Karzai, la ausencia de un plan de ayuda económica y social, y la ilusoria creencia de que los afganos podrán asumir su propia defensa en 18 meses. "Obama está cometiendo los mismos errores de Bush", evaluó Schake, que en septiembre de este año, desilusionada por la ausencia de un plan de ayuda humanitaria, publicó en The Wall Street Journal (25/09/09) un artículo titulado "Comprométase en Afganistán o sálgase".

Existe la posibilidad de que Obama no tenga como único objetivo derrotar al talibán, sino extender la guerra al otro lado de la frontera para controlar Pakistán, al que los expertos militares consideran un Estado fallido sentado en un arsenal nuclear. La retórica de Obama, mejor expresada y con más claridad que la de Bush, recordó los argumentos de éste en el caso de Irak: "esta guerra será una prueba de nuestra determinación y liderazgo en el mundo". Después, en forma increíble concluyó: "de la misma manera que lo hicimos en Irak, ejecutaremos esta transición en forma responsable". ¿Bush actuó en forma "responsable" en Irak? ¿Se puede hablar de "transición" democrática en Irak? No sería extraño que, junto con la campaña para revocarle el Nobel a Gore, por exagerar las cifras del cambio climático, se inicie una más para anular el que recibió Obama esta semana.


Noticia nº: 1695 | 11-12-2009


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