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Biblioteca De Bagdad: por una cultura de la pazEscuela De LetrasBiblioteca De Bagdad es una iniciativa de Escuela De Letras para promover el diálogo por una cultura de la paz. Su base de datos se actualiza diariamente y contiene información de ámbito internacional desde febrero de 2003. Editor: Ernesto Bottini.
Darwinismo y altruismo: Sobre los trabajos de Hamilton y Trivers. Por Alvaro Fischer Abeliuk Publica El Mercurio La superación del darwinismo social Por Alvaro Fischer Abeliuk Después de haber concebido su teoría, Charles Darwin se demoró más de 20 años en publicar su libro "El Origen de las Especies", porque, entre otras razones, no había resuelto el problema del altruismo. Es decir, no había podido dar con una explicación - consistente con su formulación- para aquellas conductas que benefician a terceros y que implican un costo para quien las realiza. Son altruistas las hormigas estériles que trabajan sólo para cuidar a su reina, o los seres humanos que dan muestras de compasión y solidaridad para con sus congéneres, desde los que efectúan donaciones anónimas, hasta quienes sacrifican su vida en las guerras. Esas conductas, a primera vista, disminuyen la capacidad de quien las realiza para sobrevivir y reproducirse, y, por lo tanto, los individuos con esas disposiciones genéticas tenderían a estar menos representados en la siguiente generación. Por el contrario, aquellos individuos cuya disposición genética no los insta al altruismo, sino que, al revés, los predispone para ser receptores de favores, tenderían a estar más representados en la siguiente generación. Al cabo de varias generaciones la población de altruistas tendería a desaparecer, y la de los egoístas, a florecer. Al menos...eso parecería. El puzzle de la existencia del altruismo debió esperar más de 100 años -desde 1859 cuando se publicó "El Origen de las Especies" hasta los trabajos de Hamilton y Trivers en 1964 y 1971- para ser resuelto. En el intertanto, hacia fines del siglo XIX, Spencer acuñó la desafortunada frase "la supervivencia del más fuerte" para describir la selección natural de Darwin. Ella avaló con un falso sustento moral a diversas doctrinas políticas que florecieron en torno a ideas racistas, eugenésicas e incluso de exterminio, culminando con las atrocidades ocurridas durante la segunda guerra mundial. La culpa fue atribuida al "darwinismo social", nombre genérico de esas erradas concepciones que se apoyan en la "falacia naturalista", concepto del filósofo británico G.E. Moore, consistente en el error de creer que aquello que "es" de manera natural, también "debe ser" desde el punto de vista moral. Esta "mancha moral" a las ideas de Darwin hizo que el mundo intelectual y científico rehuyera cualquier explicación conductual que tuviese que ver con la biología, relegando la idea de "selección natural" al ámbito de los rasgos anatómicos y fisiológicos de plantas y animales. Así, la teoría darwinista fue vetada como explicación para las conductas y comportamientos humanos. Sin embargo, al comenzar la segunda mitad del siglo XX, la caracterización de la selección natural como "la supervivencia del más fuerte" se desplomó. Hamilton y Trivers lograron mostrar que el altruismo, la cooperación, la colaboración, o, si se quiere, la solidaridad, en el lenguaje político de hoy, eran conductas perfectamente compatibles con la selección natural, y, en consecuencia, el "darwinismo social" no tenía nada que ver con la selección natural de Darwin, no sólo en términos morales, como había dicho Moore, sino además en términos científicos. Hamilton se dio cuenta que cuando las hormigas estériles trabajan altruistamente para su reina, permiten que los numerosos huevos que ésta pone se transformen en nuevas hormigas, y como por la biología de la especie, todas esas nuevas hormigas son idénticas entre sí e idénticas a su vez a las de la generación anterior, el resultado es similar a si las hormigas trabajasen por su propia reproducción. En otras palabras, Hamilton demostró que tiene sentido evolucionario para un individuo realizar conductas altruistas que favorecen a sus parientes, pues el costo para él se compensa por el beneficio que recibe el pariente al aumentar sus posibilidades de engendrar nuevos individuos genéticamente similares al benefactor. Así, nosotros los seres humanos, destinamos esfuerzos en cuidar a nuestros hijos, con quienes compartimos en promedio un 50% de los genes, pero hacemos menos esfuerzos para cuidar a parientes cada vez más lejanos. Ello no resulta de un cálculo genético, imposible de hacer antes que existieran los exámenes de ADN, sino que está mediado por nuestro sistema emocional, diseñado por selección natural, que nos insta a comportarnos de esa manera. Trivers, por su parte, se preocupó de explicar aquellas conductas altruistas que ocurren aún en ausencia de lazos sanguíneos cercanos. Constató, que desde el punto de vista evolucionario, tiene sentido que los individuos de una especie tengan una predisposición genética a realizar conductas altruistas, si es que el costo de ello es compensado por los beneficios de recibir conductas altruistas de otros, pues con ello se genera un intercambio de favores mutuos que mejora las posibilidades de supervivencia y reproducción de todos. Es decir, la predisposición genética altruista es compatible con la selección natural, pues al propiciar la reciprocidad de favores, todos los individuos, en promedio, quedan en una mejor situación que si no se hicieran favor alguno. Los chimpancés comparten su alimento con quienes los "asearon" unas horas antes, lo que es bueno para ambos. Nosotros compartimos con nuestros vecinos, donamos dinero para causas nobles, y ese intercambio de favores nos otorga mejores condiciones de supervivencia y reproducción que si nunca intercambiáramos favores con nadie. Por eso, en nuestro protocolo de interacción con otros, decimos "gracias" cuando recibimos un favor, pues nuestra psiquis evolucionada nos indica que cuando eso ocurre, sentimos la deuda de actuar de manera recíproca en en el futuro. Los trabajos de Hamilton y Trivers, cuyos conceptos fueron descritos como "aptitud inclusiva" y "altruismo recíproco", permitieron que la selección natural de Darwin borrase la "mancha moral" del "darwinismo social".De ahí en adelante, la perspectiva evolucionaria comenzó a florecer. La publicación de "Sociobiología" de E.O. Wilson en 1975, "El Gen Egoísta" de R. Dawkins en 1976, "La Peligrosa Idea de Darwin" de Daniel Dennett en 1994, "Como Funciona la Mente" de Steven Pinker en 1995, y "El Origen de las Virtudes" de Matt Ridley en 1997, entre muchos otros, lo ilustran elocuentemente. La capacidad que ofrece la perspectiva evolucionaria para explicar las conductas humanas, incluyendo la psicología, sociología, antropología y economía, la posibilidad que otorga para verificar sus hipótesis de manera empírica, todo ello sin perder la consistencia con las disciplinas más generales, como la física y la biología subyacentes, le confieren la relevancia que ha tomado en el escenario intelectual de comienzos del siglo XXI. El altruismo es perfectamente compatible con la idea darwiniana de selección natural. Fundación "Ciencia y Evolución" La Fundación, "Ciencia y evolución", que también podrá llamarse "Fundación Darwin", formada por un grupo de chilenos encabezados por Alvaro Fischer tiene como objetivo particular la promoción y desarrollo de la teoría de la evolución y sus derivaciones y aplicaciones contemporáneas a las ciencias, en especial, a las ciencias humanas y sociales, la psicología, la sociología, la antropología y la economía. Un debate amplio en torno a la evolución El proyecto consiste en desarrollar durante el año 2009, en que se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y 150 años de la publicación de "El Origen de las Especies", un amplio debate intelectual respecto del legado del pensamiento de Darwin en el siglo XXI, cuya creciente influencia en el campo de las ideas incluye las más amplias esferas de las ciencias sociales, económicas, morales y de políticas públicas. Participarán en esta actividad destacados académicos provenientes de Europa y Estados Unidos, además de especialistas chilenos (ver lista aparte). El legado de Darwin En los últimos 40 años, la perspectiva evolucionaria se ha transformado en el paradigma explicativo más influyente para comprender al ser humano, y una de las claves para entender su comportamiento individual y social. Es así como la psicología, la sociología, la antropología, la economía, la moral, la neurociencia, e incluso la medicina y la psiquiatría, están siendo abordadas y comprendidas desde esa perspectiva, y, recientemente, también las políticas públicas. Esa mirada permite tener una conceptualización común y una comprensión coherente de todas esas distintas disciplinas, emergiendo así una visión del ser humano y su naturaleza, que unifica los distintos ámbitos de su quehacer, en una concepción integradora, cohesionada y armónica. "El Origen de las Especies", publicado en 1859 por Darwin, explicó la evolución biológica de las especies mediante el mecanismo de selección natural. El posterior descubrimiento del DNA, permitió detallar el mecanismo de funcionamiento de dicho proceso, ratificando así la teoría de Darwin, y dándole un sustento que resulta coherente con las leyes de la física y la química. A su vez, el proceso de desarrollo cultural -la cultura, es aquella información que no se transmite genéticamente, sino por medio de la imitación, de la enseñanza o el aprendizaje también evoluciona, en un proceso análogo al biológico. Las ideas se transmiten de una mente a otra, y se retienen o "seleccionan naturalmente" las que resultan más aptas -más útiles, en un sentido general- a los individuos en cuyas mentes habitan. Desde la perspectiva darviniana surge una visión unificada del ser humano, en la que éste debe ser entendido como el resultado de un proceso de coevolución de su herencia genética los rasgos físicos y psíquicos seleccionados naturalmente a través del tiempo y retenidos en el pool genético de la especie con el entorno cultural en el que habita. Ese entorno cultural está formado no sólo por el ambiente físico que lo rodea, sino principalmente por aquél que los mismos seres humanos han ido construyendo: la tecnología, las normas morales, legales y penales, las teorías científicas, las obras de arte o las creencias religiosas, que conforman el nicho ecológico fundamental en el que habitan las personas. Esa visión tiene, además de una gran potencia explicativa, un notable ajuste a la creciente evidencia empírica que se ha ido acumulando. Los conceptos de "selección natural" y "adaptabilidad" han demostrado tener una universalidad sorprendente. Además de ser centrales para la comprensión de las diversas facetas del comportamiento humano ya indicados, están siendo utilizados en otras ramas del saber, como la matemática a través de los llamados algoritmos genéticos, y sus aplicaciones a la Inteligencia Artificial o la medicina, para comprender las razones más profundas de muchas enfermedades que nos afectan en la actualidad. 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