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"Tiempo y materiales", de Robert Hass, llega en la traducción de Jaime Priede

Biblioteca Der Bagdad
Llega a las librerías el primer libro traducido en España del poeta estadounidense Robert Hass, un poemario galardonado con el National Book Award y, recientemente, con el Premio Pulitzer de Poesía 2008. La traducción y el prólogo de “Tiempo y materiales” (Bartleby, 2008) estuvieron a cargo de Jaime Priede. Poeta laureado de los Estados Unidos (1995-1997) y profesor de la Universidad de Berkley, Hass es una de las voces más comprometidas con la realidad social y medioambiental de su país, y un firme antibelicista, pero lejos de ser un poeta contestatario clásico, su obra hunde raíces en un lirismo personal y extremadamente libre. A continuación reproducimos, con el permiso de la editorial, el prólogo de la edición española y uno de sus poemas, “La guerra de Bush”.

Robert Hass, círculos azules

Por Jaime Priede

Mi abuela solía contar lo buen bebé que había sido, / me dejaban, decía, en una cuna en la azotea de la casa de / Jackson Street al sol y al aire marino que llegaba del / Golden Gate y nunca lloraba; de vez en cuando subían a ver /si estaba dormido y no lo estaba; con los ojos abiertos como platos, / parecía muy a gusto allí echado mirando el cielo. Robert Hass nació en San Francisco, California, en 1941. Sesenta y siete años después, su mirada sigue siendo limpia, sin que los avatares de la vida, de cualquier vida, hayan hecho mella en los depósitos colmados de ese azul diáfano al que se imantó en aquella azotea cerca del Golden Gate. Una mirada, se podría decir, que mantiene intacta la hospitalidad, que te acoge en su luminosa pigmentación sin sombra de duda o escarmiento. Tras su primer encuentro en 1978, la poeta Mary Karr decía de la expresión de su cara que parecía la de alguien recién salido de la jungla: “Casi podías oír el chasquido de las hojas de palma a su lado”. Un hombre que cruza la calle tomado por el asombro.

Esa actitud cristaliza en un contundente ideario ecológico que no se expresará solamente en su obra poética. Hass asumió el papel de Poeta Laureado de 1995 a 1997, un cargo honorífico de larga tradición europea que se otorgaba a un poeta del que se esperaban composiciones que celebrasen acontecimientos de Estado y gubernamentales. Estados Unidos es uno de los países que incorporaron esa tradición de mano de los ingleses y en la actualidad incumbe a una especie de asesor oficial de poesía nombrado por la Biblioteca del Congreso. Además de la columna semanal en el Washington Post sobre poesía actual, durante ese periodo Hass fue cofundador de “River of Words”, un organismo a través del cual se dotaba a los profesores de recursos didácticos para transmitirles a los alumnos una conciencia medio ambiental sustentada en el conocimiento de la historia natural de su ámbito geográfico. Organizó también un ciclo de conferencias por el país bajo el título “Watershed” para explorar las conexiones implícitas entre escritura y mundo natural. Por último, creó un innovador departamento en la Universidad de Berkeley dedicado a analizar en profundidad las relaciones entre poesía y ciencia. Un ideario intelectual y moral que había orientado hasta entonces el curso de su obra poética, integrada por los libros Field Guide (1973), Praise (1979), Human Wishes (1989) y Sun under Wood (1997). Diez años después, reaparece en las librerías norteamericanas con Time and materials, libro galardonado con el Premio Pulitzer de Poesía 2008.

Robert Hass coincide con los beat en San Francisco, fuma marihuana y escucha a Shelly Manne. Se siente atraído por la moda hippie, se deja barba, calza sandalias, viste mallas negras y lee con fervor el Aullido. De hecho, el estilo de vida de la generación beat y la influencia de Ginsberg, Gary Snyder y Kenneth Rexroth resultan determinantes en su formación como poeta. En Ginsberg percibe una excitación inusitada que no había identificado hasta entonces con la poesía. En Rexroth percibe por primera vez una conexión activa entre la poesía y su propio mundo. En Snyder ve reflejada esa afición casi innata al mundo natural, la aguda observación de sus matices, la exploración del sustrato imaginario de las culturas nativas norteamericanas y la permeabilidad a las culturas orientales. La dimensión ética y ontológica del budismo le servirá de soporte donde afianzar su reverencia por la naturaleza salvaje. La educación en el respeto por todo lo vivo y por los sistemas que rigen el orden natural procede del Primer Precepto de la filosofía budista, que se declara contrario al acto de quitar la vida en cualquiera de sus manifestaciones. Además, el concepto de interpenetración de todos los seres en un universo en el que nada puede existir por separado es otra tesis budista que viene a enriquecer no sólo la vertiente espiritual de su conciencia ecológica sino también su firme antibelicismo y su oposición a las políticas expansionistas o de carácter vengativo, como se manifiesta abiertamente en poemas como “Un poema”, “La guerra de Bush” o “Visita a la DMZ en Panmunjom” incluidos en Tiempo y materiales.

Una poesía tan arraigada en el paisaje que la sustenta no sólo se basa en su descripción sino también en el hecho de que la tierra y su historia son una fuerza generatriz implícita en el modo en que la gente vive y piensa. El paisaje es concebido de acuerdo a lo que D.H. Lawrence llamaba “espíritu del lugar” y con el manual de vida de Thoreau sobre la mesa. Pionero de la ecología y la ética medioambiental, Thoreau elige una forma de vida en la que el gozo surja de los acontecimientos más comunes, de los fenómenos cotidianos, “para que pueda inspirarme con lo que a cada hora perciben mis sentidos, mi caminata diaria, la conversación de mis amigos, y no pueda soñar con otro cielo que el que se extiende sobre mí”. La lectura de Walden parece determinante para afianzar la orientación de un contexto referencial como el de Hass, captado desde la necesidad de repensar nuestras relaciones con los animales, los bosques y la piedra. Una nueva relación con el mundo natural sustentada en nuevos y sólidos valores que complementan la mitología americana y el budismo.

Stanley Kunitz ha escrito que leer un poema de Robert Hass es como adentrarse paso a paso en el océano cuando la temperatura del agua no es muy diferente a la del aire. Apenas percibes que te has adentrado en otro elemento hasta que no sientes el arrastre de la marea. Es una forma muy plástica de concebir ese “arrastre” meditativo de la poesía de Hass presente desde Field Guide: “In California in the early Spring / There are pale yellow mornings, / When the mist burns slowly into day. / The air strings like Autumn / Clarifies like pain – / Well, I have dreamed this coast myself”. Aquellas largas caminatas de Wordsworth por las montañas de Cumberland y la concreción referencial de su poesía meditativa cuando realza los valores éticos del entorno nutren también el ideario de Hass y su análisis casi naturalista de las relaciones humanas. Disecciona un instante y capta el sentido profundo de un gesto o una reacción en poemas como “Interiores domésticos”, “Luego, el tiempo” o “Deriva y vapor”. La fidelidad al detalle en sus descripciones del mundo natural adquieren una plasticidad inusitada desde el sentimiento de pérdida, de evocación nostálgica de un mundo que desaparece, tal como se muestra en “El estado del planeta” y cuyo antecedente está en otro de los poemas icono de Hass como es “Meditation at Lagunitas”: “All the new thinking is about loss / In this it resembles all the old thinking”. Por otro lado, las tentativas descriptivas de Ponge sufren un giro que relativiza irónicamente el poder de la palabra en poemas como “La dificultad de describir un color” o “La dificultad de describir los árboles”. Relativiza el proceso de traslado al papel, disfruta más que Ponge de los caprichos de la luz.

Tiempo y materiales integra la diversidad temática explorada en anteriores libros: el arte, la naturaleza y las relaciones humanas. Una poesía cuya fuerza reside en el tratamiento de la imagen, capaz de generar un ámbito de asociaciones inauditas en las que casi siempre participa un elemento del mundo natural. Las sustituciones semánticas, giros y frecuentes repeticiones modulan un lenguaje sometido a una tensión muy singular. El tratamiento de la luz y sus cadencias sigue siendo uno de los atributos más singulares y sugerentes de su poesía, tan emparentada con la pintura, así como la apertura a temáticas de reivindicación social, fundamentalmente antibelicistas. Su labor traductora, ejercida siempre desde la empatía, está presente también en el libro como homenaje a dos autores personalmente muy cercanos, caso de Czeslaw Milosz y Tomas Tranströmer. El misterio de la intimidad, el curso del tiempo y la transformación que opera en las relaciones humanas, la detallada descripción de plantas y pájaros, la reivindicación política y los recuerdos de infancia completan este memorandum coherente y honesto en su compromiso con la verdad. Tiempo y materiales que mantienen limpia la mirada de Robert Hass.

Gijón, septiembre de 2008.


La guerra de Bush

Tecleo el escueto sintagma “La guerra de Bush”
A la cabecera de un folio de papel blanco,
Con el impulso no muy firme de que un poema
Me ayude a esclarecer,
Aunque no estén a mi alcance,
Los hechos de forma ordenada.
Berlín es una ciudad del norte. En mayo,
A finales del siglo veinte,
En los frondosos barrios de Dahlem Dorf,
Al sur de Grunewald, cerca de Krumme Lanke,
Se levanta el viento del norte antes del amanecer
En medio de una algarabía de pájaros, luego los mirlos,
Una variedad de tordos negros europeos, logran que se desperece el sol
Como si tiraran de una enorme maraña
De alambre dorado. Hay dos tipos
De castaños florecientes, los rojos y los blancos,
El húmedo pavimento aparece moteado
De pétalos con las incandescentes púas
De sus flores; los zapatos en las paradas del metro
Con restos también. El verde de los robledales de la ribera,
Las espiguillas de los abedules, el tenue verde de los arces,
Y el aroma de las lilas está por todas partes.
En la estación Oskar-Helene-Heim un granjero
Vende espárragos blancos en una mesa atestada.
Dentro de un mes estará vendiendo setas;
Al mes siguiente, fresas
Y pequeños cangrejos rosáceos del Spree.
Las pilas de tallos de los espárragos
Son alarmantemente fálicos, fálicos, tiernos
Y mortalmente pálidos. Su apariencia de temporada
Debe de ser el remanente de algún ritual de fertilidad
De las tribus germanas. Al vapor, adquieren el color
Del marfil envejecido. En mayo, en los restaurantes,
Se sirven en rebosantes fuentes blancas
Con patatas cocidas y salsa mayordoma,
O raspaduras de jamón de Parma y zumo de limón,
O ramitos de acedera y salmón ahumado. Al
Volver a casa bajo la dilatada luz oblicua
Y brillante del norte,
Sobre los abedules de hoja nueva y los olmos
Cantan ruiseñores al primer atisbo
Del crepúsculo, una treta de la mente
Que el pasado se nos ponga por delante
Como si fuera el sobrevoltaje
de un cambio de vía del funicular.
Chispa: las bombas incendiarias sobre Hamburgo,
Cincuenta mil muertos en una sola noche,
“Los cuerpos de los niños al día siguiente
En la calle en hileras como un mercado
De pollos carbonizados”. Chispa:
Las bombas incendiarias sobre Tokio, cien mil
En una noche. Chispa: la matanza de
Cuarenta y cinco mil oficiales polacos a manos de
Del ejército ruso en los Hatyn Woods,
Labor de media jornada. Chispa:
Dos millones de prisioneros de guerra rusos
Asesinados por el ejército alemán a lo largo de todo
El frente del Este, casi sin provisiones,
invierno de 1943. Chispa: Hiroshima.
Chispa: Auschwitz, Dachau, Thersienstadt,
El tambaleo del tren y la revoltura de estómago
Pasada la exhibición de cataratas de cabello, las pilas
De maletas con iniciales, a la vista de todos. Chispa:
Los gulags, siete millones en Bielorrusia
Y Ucrania. En la inocente Europa una noche
De primavera, entre los abedules velados por la luz,
Pasean unos estudiantes de la mano. Uno de ellos
Lleva una novela, la traducción al alemán
De un breve libro de Marguerite Duras
Sobre una historia de amor en la parte vieja de Saigón. (Chispa:
Dos millones de vietnamitas, cincuenta y cinco mil
Jóvenes americanos, especies enteras
De pájaros tropicales extinguidas con tal cantidad de bombas).
El tipo de libro que encanta a los jóvenes,
Amor en tiempos de guerra.
Cuarenta y cinco millones, todo dicho, en la II Guerra Mundial.
En Berlín, la bella Berlín, en primavera,
Nunca te preguntas cómo pudo
Haber ocurrido, y estos alemanes, tampoco,
Niños entonces, o aún no nacidos, se lo
Preguntan nunca. ¿Será que nos gusta besar
Y bombardear a la vez, en perspectiva
Al menos, a las chicas con sus vestidos de flores?
Alguien querrá siempre movilizara la
Muerte en escala masiva para lograr el dominio
Económico o por pura venganza. Y la misión, asumida
Como tal, apela a la imaginación.
La carrera militar es una profesión de estrategas.
Mira cómo juegan los chicos: les encanta
Encontrar la forma de hacer saltar las cosas.
Pero el resto de nosotros tenemos que seguir.
¿Por qué lo hacemos? Sin duda existe un tipo de ira
Que busca herir lo que nos ha herido. Las guerras
Se llevan a cabo por ese motivo.
Los lectores atentos de las noticias leen las razones
En el aire. Y los que nos consideramos ofendidos,
Nos identificamos siempre con la virtud. Y eso
–creerse cargado de razones para justificar
la ira y causar dolor– nos convierte en asesinos.
El joven Arab se depiló a sí mismo como acto
De purificación antes de dirigir el avión
Hacia la torre de oficinas. No es sólo
Violencia, es un gusto por el poder
Que se suma al desprecio del cuerpo.
El resto tenemos que actuar como creamos oportuno.
Las mujeres muertas entre los escombros de Bagdad
Que no depositaron un voto por sus muertes
O el blanco crudo de los huesos a la vista
En los cuerpos de sus hombres y sus hijos
Es el regalo de libertad que les estamos ofreciendo,
Que es nuestra virtud, los injuriados.
Es difícil decir qué es peor, la indolencia
Moral o la vergüenza intelectual.
¿Y de qué les sirve la indignación a los muertos?
¿O nuestras apacibles formas de resistencia racional?
Y la muerte purificadora, la dulce muerte
De Walt Whitman, la purgadora, la tierna
Amante, la que cierra los párpados, convierte
Los cuerpos apilados en fruta de verano,
Urracas comiendo oscuras bayas al atardecer
Y el polen de los abedules maculando las aceras
Del dorado más pálido. Bald nur –Goethe– no,
Warte nur, bald ruhest du auch. Espera un momento.
Encontrarás la calma muy pronto. En Dahlem,
Bajo los castaños, en la frondosa primavera.

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