
Montaigne, el magnífico: Nuevas ediciones de "Los ensayos" y otros libros confirman la actualidad del pensador
Publica El Mercurio
Por Patricio Tapia
Reconoce todas las oposiciones en su alma: "tímido, insolente; casto, lujurioso; charlatán, callado; sufrido, delicado; ingenioso, obtuso; huraño, amable; mentiroso, veraz; docto, ignorante; y generoso y avaro y pródigo. Todo lo veo en mí de algún modo según donde me vuelvo" (II,1).
Su obra
Los ensayos, por su parte, son una recopilación de extravagancias humanas vistas o leídas, y un ejercicio introspectivo cuyo método es la digresión azarosa. Tan problemática es la unidad de la obra como la sucesión de sus capítulos, que no parecen guardar relación. En el libro primero va de "la ociosidad" (I, 8) a "los mentirosos" (I, 9) y del "habla pronta o tardía" (I, 10) a "los pronósticos" (I, 11). Y el orden al interior de cada capítulo no es menos incierto, dejándose llevar por sus digresiones. En "Los cojos" (III, 11) comienza comentando el calendario, para hablar luego de la verdad y la mentira, los milagros, de un proceso sobre impostura y terminar analizando una antigua creencia según la cual las relaciones sexuales con una persona coja son la mayor de las delicias.
Heredero de la tradición clásica, Montaigne hizo de la amistad un culto, según demuestra la devoción por Étienne de La Boétie, su amigo muerto a los 33 años, en 1563. Montaigne es un filósofo escéptico -como expone sobre todo en el más largo de los ensayos, una apología del teólogo Ramón Sibiuda (para él, Raymond Sebond) del que había traducido un libro por encargo de su padre- y hay quienes lo consideran un adelantado moderno, por su actitud ante los dogmas de la Iglesia, su defensa de los salvajes, su respeto por los animales, por carecer de todo fin edificante.
Biografías
Su vida se reduce a unos pocos datos. Michel Eyquem López, señor de Montaigne (1533-1592), descendiente de la burguesía con pretensiones nobiliarias y de judíos conversos, muy joven participa en el Parlamento de Burdeos. Conoce a La Boétie. Se casa y tiene varios hijos (sólo una sobrevive). En 1568, a la muerte de su padre, hereda sus bienes. A los 38 años se recluye en su torre-biblioteca circular y se dedica a escribir su obra que sólo la muerte interrumpe. Antes y después de su repliegue, Montaigne participa en la vida política de su país, como consejero de príncipes, como alcalde, como mediador entre católicos y protestantes.
La "biografía" editorial de Los ensayos es un poco más compleja. Montaigne publicó en 1580, los dos primeros libros y en 1582 -tras un viaje a Italia- otra edición con añadidos (que es lo que los estudiosos llaman estrato a). En 1588 publica un tercer libro más los "alargamientos" de los dos primeros (conocido como estrato b). A esto se suma la edición póstuma de 1595, que hizo su joven protegida, Marie de Gournay, recogiendo las notas manuscritas, agregados y marginalia (estrato c). Hay que anotar que después de que Los Ensayos fueron "fortuitamente puestos en sus manos" (en 1588, a los 22 años) hasta su muerte, en 1645, Marie de Gournay se reclamó la "madre adoptiva" de ellos. Escribió un largo prefacio a su edición de 1595, que luego eliminó, pero reincorporó (aligerado) en su edición definitiva de 1635, como un verdadero monumento a la gloria de Montaigne. Éste la menciona como su "hija de alianza" en "De la presunción" (II, 17) con un largo elogio -ella, dice, es "ciertamente amada por mí mucho más que paternalmente, e implicada en mi retiro y mi soledad, como una de las mejores cualidades de mi propio ser"-, que no figura en la edición de Burdeos, por lo cual hay quienes han dudado de su autenticidad. (Philippe Desan ha comparado las ediciones de 1595 y 1635, donde el pasaje citado se reduce a "ciertamente amada por mí paternalmente", quizá para evitar toda suspicacia de orden amoroso).
La edición de 1595 fue considerada canónica hasta que, en el siglo XX, fue relegada por el descubrimiento de un ejemplar con anotaciones de Montaigne de la edición de 1588, conocida como edición de Burdeos. Por otra parte, las ediciones francesas del siglo XX habían modernizado la ortografía, transformado la puntuación y dividido el texto en párrafos (los capítulos de Montaigne se presentaban como un texto continuo). Sin embargo, los especialistas, en un arranque de purismo, han comenzado a pensar que la edición de 1595 parece ser la más completa y fiel a la última voluntad de Montaigne. Así, la nueva edición de La Pléiade, a cargo de Jean Balsamo y sus colaboradores, opta por ella. Pero ofrece no sólo el texto de 1595, sino también la puntuación de 1595 (sin la división en párrafos), lo que vuelve la lectura indudablemente más ardua. Además, tampoco distingue los estratos del texto, lo que impide seguir los meandros y las capas sucesivas de su pensamiento: por ejemplo, quizá su más famosa frase, en la que responde por qué quería a su amigo La Boétie: "Porque era él, por que era yo" (I, 27) fue un agregado de 1595.
La espléndida traducción y edición de Jordi Bayod (con prólogo de Antoine Compagnon) de editorial Acantilado ofrece el texto de 1595 pero no abandona la división en párrafos ni la indicación de estratos (ni incorpora el prefacio de De Gournay). Es la quinta traducción completa al castellano, después de las de Román y Salamero, De Luaces, Azcoaga y Picazo/ Montojo (más los proyectos en curso de Lemarchand y de Jacomet). Estas versiones fueron tardías (tal vez porque Los ensayos, ya en 1676, figuran en el índice de libros prohibidos).
Posteridad
Montaigne ha atravesado indemne los siglos como indemne atravesó los tiempos turbulentos que le tocó vivir. Por más de 400 años ha tenido lectores entusiastas: Cervantes, Shakespeare, Quevedo, Voltaire, Emerson, Gide. Pascal y Descartes dialogaron con su obra. Para Sainte Beuve, él no era un sistema filosófico, sino simplemente la naturaleza. "Que un hombre así haya escrito", señaló Nietzsche en Schopenhauer educador, "ciertamente ha aumentado el placer de vivir en este mundo". Lévi-Strauss lo ve como el padre de las ciencias humanas. Fue, según Étiemble, uno de los pocos europeos de su época que no fue racista. Borges lo llamó "el inventor de la intimidad". Otro admirador fue el escritor austríaco Stefan Zweig, quien, en 1942, cree estar en un época parecida a la de Montaigne. Lo considera su consuelo y compone un recuento de su vida, en un texto muy breve, hecho con los pocos libros que tenía a mano en su exilio brasileño y que dejó inconcluso, pues se quitó la vida en febrero de 1942, quizá teniendo en mente la defensa que hace Montaigne -a pesar de que postulaba la aceptación del mundo tal como se nos presenta- de la muerte voluntaria (II, 3): "la vida es esclavitud si se carece de libertad para morir". Es difícil no sucumbir al genio de Montaigne, que demuestra que un solo hombre encierra todas las formas de la condición humana.
Fichas:
"Los ensayos"
Michel de Montaigne
Traducción de Jordi Bayod B.
Editorial Acantilado
Barcelona, 2007,
1.728 páginas
"Les Essais"
Michel de Montaigne
Edición de Jean Balsamo et al.,
Editorial Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade
París, 2007
1.975 páginas.
"Montaigne"
Stefan Zweig
Traducción de Joan Fontcuberta
Editorial Acantilado
Barcelona, 2008,
112 páginas
Noticia nº: 2985 | 14-08-2008
ActualidadLiteraria/EDL/14-08-2008


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