
Lord Dunsany, leyenda de la literatura fantástica: Alfabia publica sus mejores cuentos
Publica La Vanguardia
Por Antonio Lozano
Quizás lo del título nobiliario lo convirtió a ojos de los suyos en un vendido a la Pérfida Albión. Para que su nombre no cause tampoco desconcierto entre los lectores españoles, la editorial española Alfabia ha recogido en un solo volumen dos de sus más famosas colecciones de relatos, El libro de las maravillas y Cuentos asombrosos, piezas de culto para los gourmets del fantasy de Japón, Estados Unidos y Alemania, principalmente.
A cuarenta minutos en coche de la capital, escondido entre los serpenteantes caminos pedregosos y los ahora mustios campos de labranza que caracterizan el condado de Meath, se levanta desde 1180 el castillo de los Dunsany. Para las enciclopedias, una de las edificaciones más longevas en perfecto estado de revista de la historia de Irlanda y residencia, entre otros, del arzobispo mártir St. Oliver Plankett y de John William, el hombre que instaló el primer sistema telefónico del país. Para el cinéfilo, escenario de algunas escenas de Braveheart. Para los actuales moradores, el pintor y XX lord Dunsany (nieto del escritor) y su esposa, la arquitecta brasileña lady Dunsany, una combinación de retiro aristocrático y lucrativo negocio. Este último, por la vía de visitas concertadas para los fans del autor y la venta on line de elementos decorativos y una colección de menaje para el hogar (la Dunsany Home Collection).
Además de un primoroso creador de centauros, magos y divinidades, Edward John Moreton Drax Plankett fue soldado en la guerra de los Bóer y en la Primera Guerra Mundial, campeón y teórico del ajedrez, consumado cazador en Áfricae India, ilustrador y artesano, conferenciante de éxito y habitual de radios y televisiones de Estados Unidos... De mantener encendida la llama de su leyenda se encarga con celo la actual lady Dunsany, Ma Plunkett, albacea de su legado literario y guía entusiasta por las innumerables estancias de un castillo en el que uno debe conservar puesta la bufanda y pierde enseguida la cuenta de sus armaduras, rifles, cabezas de ciervo, alfombras de tigre, óleos de Van Dyck, retratos de sucesivas generaciones de lores, candelabros, relojes de pared y manuscritos de estilizada caligrafía y delicadas acuarelas. El brillo que uno detecta en los ojos de lady Dunsany cuando habla del escritor evoca al del ama de llaves de la película Rebeca."Era un excéntrico encantador, un ser embriagado por la imaginación. A pesar de su fortuna, era un liberal y un socialista, un tipo humilde que diseñaba medallas para los hijos de sus criados. Solía llevar las plumas de ganso y los tinteros embutidos en sus bolsillos todo el día, y escribir en toscas casetas de madera desperdigadas por su propiedad". En un comedor desde el que nos contemplan varias generaciones de ciervos decapitados, lady Dunsany comenta que acaba de ceder los derechos de una obra de teatro a una universidad canadiense y cobrado por los de un poema a un cantante de pop cuyo nombre no puede revelar.
En un momento cargado de suspense, sortea la palabra plagio al referirse a El Señor de los Anillos con un sutil "dejémoslo en que Tolkien supo cómo utilizar a Edward John". Coleccionista de libros de Cervantes y de cristalería francesa, entusiasta de los paneles de cuero cordobés, poseedor de un precioso juego de ajedrez hindú fabricado expresamente para él... Edward John bien podría haberse resistido a abandonar este castillo. Los que lean sus cuentos donde todo es posible seguramente desearán acercarse a buscar su fantasma. Por conocer a su nieta política, ya merece la pena la visita.
Noticia nº: 3372 | 16-02-2010
ActualidadLiteraria/EDL/16-02-2010


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