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La tristeza trágica de Rusia: Murió el escritor e historiador ruso Alexander Solzhenitsyn
Actualidad literaria
Premio Nobel de Literatura en 1970 y autor de “Archipiélago Gulag”, Alexander Solzhenitsyn (1918-2008) sufrió persecuciones y exilio en tiempos del estalinismo. Recién fue “rehabilitado” el año pasado, cuando Vladimir Putin le entregó el Premio Estatal de Rusia. En España tuvo su particular polémica al ser entrevistado por José María Iñigo en TVE en 1976, cuando comparó la falta de libertades de la Unión Soviética y la supuesta libertad del régimen franquista. A su intervención respondió el escritor Juan Benet en los siguientes términos: “Creo firmemente que mientras exista gente como Solzhenitsin deberán existir los campos de concentración. Incluso deberían estar mejor vigilados para que personas como él no puedan salir.” (Cuadernos para el diálogo, 27 de marzo de 1976)

Redacción Actualidad Literaria

La intervención de Solzhenitsyn en el programa “Estudio abierto” gustó al régimen y un par de días después se repitió la emisión. Sus palabras habían sido:

“¿Saben ustedes lo que es una dictadura? (…) Los españoles son absolutamente libres para residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier lugar de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo en nuestro país. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial). Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme a tal o cual población (…) Los españoles pueden salir libremente de su país para ir al extranjero (…) En nuestro país estamos como encarcelados. Paseando por Madrid y otras ciudades (…) más de una docena, he podido ver en los kioskos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros se verían inmediatamente docenas y docenas de manos tendidas luchando por procurárselos (…) También he observado que en España uno puede utilizar libremente las fotocopiadoras (…) Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así en nuestro país. En su país (dentro de ciertos límites, es cierto) se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los sesenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años del poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladora. (…) Si nosotros gozásemos de la libertad que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos”.


La tristeza trágica de Rusia

Por Silvina Friera

Las arrugas surcaban de este a oeste su frente ancha; la barba tupida color ceniza se escapaba del mapa de esa cara de gestos adustos apuntando sus picos al sur de su cuello. En contraste, los ojos hundidos, chiquitos, acumulaban capas de cansancio, de una tristeza tan trágicamente rusa como sólo él podía atestiguar. Esos ojos que vieron y revelaron al mundo la realidad del sistema soviético de los campos de trabajo forzado se cerraron ayer en su casa de Moscú. El escritor e historiador ruso Alexander Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970 y autor de Archipiélago Gulag, murió a los 89 años. Hijo de un terrateniente cosaco muerto poco antes de que él naciera –el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk (Rusia)– y de una maestra, a los 10 años comenzó a llenar de poemas y cuentos las hojas de sus cuadernos escolares de cubiertas estampadas con el retrato y los lemas de Stalin. Su primer relato, La flecha azul, es una historia de “policías y ladrones”, según comentó su biógrafa Liudmila Saráskina, que refleja “una colosal experiencia humana”. A los 16, había planeado sus obras completas y las había editado, manuscritas en cuadernos. “Comprendí que esa persona sólo podía ser escritor porque estaba infectado por la literatura”, señaló Saráskina.

En 1941, Solzhenitsyn, que estudió en la Universidad de Rostov matemática y física, sirvió en el Ejército Rojo y fue detenido en febrero de 1945 en el frente de Prusia Oriental. Condenado a ocho años de trabajos forzados y a destierro perpetuo por opiniones antiestalinistas que había escrito a un amigo, el escritor pasó sus años de cautiverio en varios campos. “Liberado” y rehabilitado en 1956, Solzhenitsyn pudo publicar Un día en la vida de Iván Denísovich (1962) gracias al deshielo provocado por la denuncia de Nikita Kruschov contra las purgas masivas y el culto a la personalidad del estalinismo. Pero la apertura duró poco y el escritor tuvo que poner a salvo de la KGB sus archivos y manuscritos, muchos de ellos difundidos por toda Rusia en samizdat, copias rudimentarias clandestinas. Un día en la vida de Iván Denísovich fue prohibida, y el original de El primer círculo, del que el autor había hecho varias versiones, fue confiscado, así como todos sus papeles.

En 1970 no acudió a la entrega del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo por temor a que las autoridades soviéticas no le permitieran regresar y, también, para ultimar su obra más conocida, Archipiélago Gulag, en la que entrevistó a más de 200 sobrevivientes de los campos de trabajo soviéticos y en la que mezcló hechos históricos con testimonios personales. La primera parte fue publicada en diciembre de 1973 en París, después de que una copia del manuscrito se perdiera al caer en manos de la KGB y su portadora, secretaria del autor, se suicidara tras haber sido torturada. “Con el corazón oprimido –explicó en la primera página–, durante años me abstuve de publicar este libro ya terminado. El deber para los que aún vivían podía más que el deber para con los muertos. Pero ahora, cuando pese a todo ha caído en manos de la Seguridad del Estado, no me queda más remedio que publicarlo inmediatamente.” Acusado de traición y despojado de su nacionalidad soviética, en febrero de 1974 se lo expulsó de la URSS. Desde entonces vivió exiliado en Alemania, Suiza y Estados Unidos, antes de volver a Moscú en 1994, tras la caída de la URSS. “Al final de mi vida, me atrevo a esperar que el material histórico que he recogido en mis libros entre en las conciencias y la memoria de mis compatriotas”, dijo Solzhenitsyn el año pasado cuando el entonces presidente Vladimir Putin le entregó el Premio Estatal de Rusia. “La memoria era el único escondrijo donde se podía guardar lo escrito”, escribió en el tercer tomo de Archipiélago Gulag (1978), en donde, entre otros episodios, contó cómo burló a sus guardianes del campo de concentración para poder seguir escribiendo.

Fuente: Página/12


Carta abierta de Mstislav Rostropovich a los periódicos Pravda, Izvestia, Literaturnaya Gaseta y Cultura Soviética

“Al jefe de redacción:

No es ya ningún secreto que A. I. Solzhenitsyn vive, durante la mayor parte del tiempo, en mi casa cerca de Moscú.

Fui testigo de su expulsión del Sindicato de Escritores, cuando estaba trabajando en su novela Agosto, 1914 y, recientemente, he sido testigo de su recepción del premio Nóbel y de la campaña periodística subsiguiente. Es para referirme a esta última que le escribo esta carta.

Por lo que recuerdo, es la tercera vez que un escritor soviético recibe el premio Nóbel. Respecto de dos de esos casos, consideramos la concesión del premio como una sucia maniobra política y, en uno de ellos (el de Sholokhov) como el merecido reconocimiento de la relevancia mundial de nuestra literatura. Si, en ese momento, Sholokhov se hubiese negado a aceptar el premio de manos de aquellos que lo otorgaron a Pasternak, ‘por motivos relacionados con la guerra fría’, hubiera comprendido que, en lo sucesivo, no podíamos confiar en la objetividad ni en la honestidad de los miembros de la Academia Sueca.

Pero, ahora resulta que, actuando selectivamente, en ocasiones aceptamos el premio Nóbel de literatura con agradecimiento y, en ocasiones, lo rechazamos. Pero, ¿qué sucedería si la próxima vez el premio fuese concedido al camarada Kochetov? Debería ser aceptado, ¿no es así? ¿Cuál fue la razón por la que, un día después de que fuese otorgado el premio a Solzhenitsyn, nuestros periódicos publicaron un extraño relato de la conversación entre el corresponsal X y un representante del secretariado del Sindicato de Escritores, a fin de que toda la nación (incluyendo obviamente, todos los hombres de letras, todos los músicos, etc.) apoyaran su expulsión del sindicato? ¿por qué Literaturnaya Gazeta seleccionó tendenciosamente, entre muchos periódicos occidentales, sólo aquellos que publicaron los diarios americanos y suecos comunistas, pasando por alto diarios comunistas mucho más populares y significativos, como Humanité, Les Lettres Françaises y Unitá, sin mencionar a los no comunistas? Si confiamos en la opinión de cierto crítico llamado Bonovsky, ¿por qué no tener en cuenta la opinión de escritores destacados, tales como Böll, Aragon y François Mauriac?

Recuerdo, y desearía que ustedes lo recordaran, nuestros periódicos de 1948. Cuántas diatribas se publicaron contra S.S.Prokofiev y D.D. Shostakóvich, ahora reconocidos como gigantes de nuestra música. Por ejemplo:`Camaradas D. Shostakóvich, S. Prokofiev, V. Shebalin, N.Myaskovsky, et al. Vuestra música atonal y cacofónica es ORGÁNICAMENTE AJENA AL PUEBLO... Consideramos que la música de Shostakóvich, Myaskovsky y Prokofiev es completamente inaceptable. No posee orden ni armonía y carece de tonalidad y melodía´...

Cuando hoy leemos los periódicos de aquellos años, la vergüenza nos abruma. Porque durante tres décadas no pudimos escuchar la ópera Katerina Izmailova. Porque S.S. Prokofievno pudo escuchar, en vida, la última versión de su ópera `La guerra y la paz´ o su `Concierto sinfónico para violoncelo y orquesta´. Porque existía una lista oficial de las composiciones prohibidas de Shostakóvich, Prokofiev, Myaskovsky y Khachaturian.

¿Es posible que el tiempo transcurrido no nos haya enseñado a ser más prudentes cuando se trata de destruir a personas talentosas? Sin mencionar a toda la nación. ¿Por qué obligar a la gente a emitir opiniones sobre cosas que jamás han leído o escuchado? Recuerdo con orgullo que no asistí a la asamblea de los artistas en el sindicato central de trabajadores del arte, cuando B. Pasternak fue denostado y yo debía criticar su libro `Doctor Zhivago´, que aún no había leído.

En 1948 existían listas de obras prohibidas. Hoy preferimos PROHIBICIONES verbales, sobre la base de que ‘existe la opinión de que esto no debe ser recomendado’. Pero es imposible saber dónde está esa opinión o quién la sustenta. ¿Por qué, por ejemplo, se le impidió a G. Vishnevskaya (una de las más importantes cantantes de ópera, esposa de M. Rostropovich) cantar, en un concierto en Moscú, el brillante ciclo de canciones de Boris Tchaikovsky, basado en un texto de Joseph Brodsky? ¿Por qué, en varias ocasiones, impidieron la audición del ciclo de Shostakóvih, basado en un texto de Sasha Cherny, aunque el texto había sido publicado en este país? ¿Por qué hubo extrañas dificultades para la audición de la Decimotercera y Decimocuarta sinfonías de Shostakóvich?

Obviamente, ‘existía la opinión...’ ¿Quién concibió la ‘opinión’ de que Solzhenitsyn debía ser expulsado del sindicato de escritores? No he podido averiguarlo, aunque me interesa mucho.

Es poco probable que cinco escritores de Ryazan se atreviesen a hacerlo, si no existiera una misteriosa ‘opinión’.

Es evidente que, esa OPINIÓN ha impedido a mis compatriotas ver el filme de Tarkovsky Andrei Rublev, que fue vendido al exterior y que tuve la fortuna de ver, junto con los embelesados parisienses. Fue evidentemente, la OPINIÓN la que impidió la publicación de Pabellón de cancerosos de Solzhenitsyn, que ya había sido impreso en Novy Mir. Pero, si hubiese sido publicado en este país, hubiese sido comentado abiertamente, para beneficio del autor y los lectores.

No he de referirme a los problemas económicos o políticos de nuestro país, ya que existen personas que los conocen mejor que yo.

Pero, dígame, por favor, ¿por qué es que, en lo que respecta al arte y literatura, la palabra decisiva la emiten personas que nada tienen que ver con esas disciplinas? ¿Por qué se les otorga el derecho de desacreditar nuestro arte ante la opinión pública?

No me estoy refiriendo al pasado para quejarme, sino para que, en el futuro, digamos, dentro de veinte años, no debamos esconder avergonzados, los periódicos de hoy.

Toda persona debería tener el derecho de expresar sus puntos de vista sin temor y con independencia, acerca de aquello que conoce, sobre lo que ha pensado y analizado; y no ofrecer débiles variantes de una OPINIÓN que le es impuesta.

Nuestro deber es el de discutir libremente, sin insinuaciones ni rechazos.

Sé que mi carta provocará la aparición de una OPINIÓN acerca de mí. Pero ello no me infunde temor; estoy expresando mi pensamiento abiertamente. Los talentos que constituyen el orgullo de nuestra nación no deben estar sujetos a preconceptos. Conozco muchas de las obras de Solzhenitsyn. Me agradan y pienso que, a través del sufrimiento, se ha ganado el derecho de expresar por escrito su visión de la realidad. Tampoco veo porqué debo ocultar mi opinión sobre él, cuando se desata una campaña en su contra.

MSTILAV ROSTROPOVICH,

Octubre 31, 1970

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La Fundación Hispano-Brasileña ha organizado por segundo año consecutivo su programa de Escritor Visitante, que en la anterior edición trajo a España al poeta Ferreira Gullar (1930, São Luís, Maranhão). Esta vez fue el turno de Milton Hatoum, narrador de ascendencia libanesa que inició su obra con la premiada novela "Relato de un cierto Oriente" (Companhia das Letras, 1989 – Akal, 2001). La traducción al castellano corrió a cargo de Juana María Inajeros Ortiz y es pertinente señalar el mérito del trabajo por la compleja dimensión poética que propone Hatoum en la narración, un lenguaje que caracterizaría a partir de entonces el resto de su producción novelesca: "Dos Hermanos" (2000), "Cenizas del Norte" (2005) y "Huérfanos de Eldorado" (2008).
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