Actualidad Literaria:
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proveniente del ámbito europeo y americano, desde febrero de 2003. Editor: Ernesto Bottini.

Joseph Roth: La Universidad Autónoma de México le dedicó un coloquio a setenta años de su muerte

Cualesquiera que hayan sido los factores sicológicos, sociales y económicos del nazismo, en el fondo permanece "un hecho abrumador: la ciudad de Joseph Roth, Sigmund Freud y Gustav Mahler, fue también la de Adolf Hitler", señaló José María Perez Gay durante la conferencia magistral que impartió el lunes en la inauguración del coloquio dedicado a Roth, periodista y novelista austriaco, a 70 años de su muerte. El acto se realizó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ante un grupo numeroso de estudiantes, seducidos por la agitada vida del autor de La leyenda del santo bebedor (1936), pero, sobre todo, por las ideas con las que "dibujó el rostro del tiempo", como solía decir.
Publica La Jornada
Por Mónica Mateos-Vega
"Se trata de uno de los escritores que nos han conmovido en el Colegio de Letras Modernas", señaló la catedrática Ana Elena González, integrante de ese grupo académico, al dar inicio al coloquio, que concluyó este martes.
Pérez Gay narró en detalle los últimos momentos de Roth, en cuya biografía se tejen versiones contradictorias que el propio escritor propagó, sobre su lugar de nacimiento, la identidad de su padre, su participación en la Primera Guerra Mundial o su religión.
El especialista recordó que el funeral del periodista austriaco (efectuado en París) devino mitin político: "todos estaban ahí, anarquistas y comunistas, escritores y artistas reconocidos, exiliados de Viena, Praga y Berlín, políticos desterrados y periodistas de diferentes diarios europeos, diputados socialistas franceses y abogados del Ministerio de Asuntos Extranjeros; también un grupo de alcohólicos pobres, alemanes y polacos a los que Joseph Roth había ayudado con el papeleo en las delegaciones de policía".
El difícil arte de ser y no ser judío
La versión más aceptada por diversos biógrafos es que Roth nació en la ciudad de Brody, ubicada en 1894 en la región de Galitzia, entonces perteneciente al imperio austro-húngaro, cerca de la frontera con la Rusia zarista (hoy, en esa zona, se encuentra parte de Polonia y Ucrania).
Su familia era judía; no obstante, a muchos de sus amigos dijo que era católico y según ese rito se realizaron sus funerales.
"Como muchos otros judíos, Roth recurrió a la ficción y a su capacidad histriónica para ser aceptado y sobrevivir; su personalidad se dividió en tantas otras como fuese necesario, el difícil arte de ser judío, pero también el de no ser como un judío", detalló Pérez Gay.
Roth fue alcohólico, pero, más que eso, un "cronista de tantas desgracias" en diversos diarios. Murió atado con correas a una cama del hospital Necker de París, el 27 de mayo de 1939, luego de 12 horas de delirios provocados por el síndrome de abstinencia al que lo obligaron los médicos: "El diagnóstico es que sufría de delirium tremens y neumonía, no reconocía a sus amigos, gritaba que Hitler era el Anticristo y la guerra inevitable. Los médicos del hospital cometieron una falta gravísima, le suspendieron el alcohol. Nadie conoce bien ese puente entre la siquiatría y la bioquímica; la mala suerte hizo lo demás", continuó el filósofo.
De 1923 a 1932, Joseph Roth fue corresponsal del Frankfurter Zeitung, lo cual le permitió viajar por toda Europa, incluida la Unión Soviétiva en 1926. Su mujer padecía esquizofrenia y fue recluida en varias instituciones de salud mental a partir de 1929, hecho que los sumió en una profunda crisis, tanto emocional como financiera.
Pese a todas sus dificultades personales y económicas se convirtió en uno de los más afamados escritores de la Europa de entreguerras, principalmente por la publicación de sus novelas Job (1930) y La marcha de Radetzky (1932): "su pasión fue la literatura; era un excelente narrador, uno de los mejores novelistas en alemán del siglo XX".
En 1933, con la llegada del nazismo al poder en Alemania (donde sus obras fueron quemadas), tuvo que exiliarse. Vivió en Amsterdam y en París, en un hotel de la calle Tournon, el cual, cuando fue demolido, causó gran pesar en el autor.
Cuando en 1938 Viena recibió a Hitler, cientos de miles de hombres y mujeres lo vitorearon hasta el delirio y Roth describe en sus reportajes esos gritos al führer: "bienvenido, por fin volviste a casa". Añade que en la capital austriaca esa intimidad entre el trabajo intelectual y artístico y la barbarie politica, esa vecindad entre la experiencia mesiánica y la bestialidad del nazismo "eran lo que hacía de Viena a principios del siglo XX la fuente de nuestra historia contemporánea, nuestro futuro anterior", concluyó Pérez Gay, también traductor al español de las obras más representativas de Roth.
El desarraigo como destino
Por Fabiola Palapa Quijas
Joseph Roth fue uno de los grandes literatos que enriquecieron la literatura con su mundo perdido, y soñó, infructuosamente, con una promesa de redención. Formó parte de una generación literaria despojada de sus raíces territoriales y espirituales, que asumió el desarraigo como un destino.
La definición del novelista austriaco fue realizada por la socióloga Gilda Waldman durante su participación en el coloquio Dibujando el rostro del tiempo: Joseph Roth a 70 años de su muerte, que se desarrolló en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Waldman explicó que Roth fue un gran cronista de la desintegración del imperio austro-húngaro, profundamente ligado a la cultura alemana: "Llevó siempre en el alma sus raíces judías ancladas en la cosmovisión de las pequeñas aldeas judías de Galitzia, Rusia, Polonia, Lituania y Rumania. Su vasta obra literaria constituye, por un lado, el nostálgico ajuste de cuentas con el derrumbado mundo del imperio —del cual nunca formó parte cabal— y, por otro, el doloroso duelo por la desintegración de las comunidades judías de Europa Oriental y de quienes en ella vivían".
En opinión de la socióloga, la literatura y el desarraigo están profundamente relacionados porque, más allá de que el desarraigo sea parte constitutiva de la historia literaria, el escritor mismo constituye la voz más límpida de los desterrados y desposeídos de nuestra época.
"Los personajes de Joseph Roth —dijo Waldman—, exploradores hasta el límite de su propio yo fracturado, sólo se encontrarán en la patria perdida de la memoria, donde reside también la esperanza de redención. Ubicado en la irreversibilidad del tiempo, la literatura es, para el escritor, memoria que cristaliza en la palabra para recuperar un pasado escamoteado por la violencia de la realidad."
En su intervención, el escritor Héctor Orestes Aguilar, al igual que Javier García Galiano, se refirió a la biografía de Roth, que David Brosen, germanista de la Universidad de Washington, escribió en 1974.
"A partir de anécdotas aisladas, Brosen intenta armar un rompecabezas, pero no sabemos exactamente qué pasó. Esta biografía se convirtió en una obra canónica, a la que todos los críticos culturares recurren a falta de una obra más completa."
Orestes Aguilar detalló que en 1993 comienzan a surgir libros sobre Roth, que lo convierten finalmente en un mito, ya que había pocos documentos históricos confiables. Asimismo hizo un recuento de los volúmenes relacionados con el novelista austriaco escritos por Wolfgang Müller Funk, Claudio Magris y Heinz Lunzer.
Noticia nº: 3294 | 21-10-2009