Actualidad LiterariaEscuelaDeLetras.com/ActualidadLiteraria/09-12-2009Francia recuerda el legado del dramaturgo Eugène Ionesco en el centenario de su nacimiento

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 Francia recuerda el legado del dramaturgo Eugène Ionesco en el centenario de su nacimiento

Eugène Ionesco
"¿Absurdo yo? ¡Qué absurdo!", solía decir Eugène Ionesco cuando los periodistas y críticos trataban de encasillar el tipo de teatro que lo hizo famoso desde 1950, cuando estrenó su célebre La cantante calva. A pesar del disgusto que le provocaba semejante forma de describir su trabajo, el adjetivo difícilmente ha podido desprenderse de su nombre, y no sólo porque en los colegios y universidades se sigue enseñando "el teatro del absurdo". La celebración misma del centenario también es digna del calificativo, ya que no se sabe realmente si nació en 1909 o 1912. Se dice que, al parecer, fue él mismo quien modificó la fecha de su nacimiento para hacer creer al mundo que era más joven. Lo cierto es que Francia eligió este año para celebrar su cumpleaños número 100 con una gran exposición en la Biblioteca Nacional, donde unos 300 objetos personales del dramaturgo francés de origen rumano están siendo exhibidos, mientras que varios montajes y coloquios se están realizando en su honor.

Publica El Mercurio

Por Evelyn Erlij

El centenario, sin embargo, no es una excusa para recordarlo, ya que Francia, al menos, nunca lo ha olvidado: cada noche, desde 1950, "La cantante calva" y "La lección" se han presentado ininterrumpidamente en el pequeño Théâtre de la Huchette del Barrio Latino de París. Así también, más de una veintena de teatros en todo el país galo ofrecen u ofrecerán algunas de sus famosas piezas teatrales, desde la clásica "El rey se muere" (1962), hasta "Macbett" (1972).

¿Y la cantante calva?

No obstante, la popularidad y el respeto que hoy goza este dramaturgo -el único autor que fue incluido en vida dentro de la legendaria Pléiade, colección de Gallimard que consagra a los más grandes escritores- no siempre fue tal. Mientras unos se fascinaban con sus juegos de lenguaje, su manera de entender la tragedia a través del humor -"sólo lo cómico es capaz de darnos la fuerza para soportar la tragedia de la existencia", solía decir- y veían en su trabajo obras maestras sobre la incomunicación, la soledad, el miedo a la muerte, la angustia y la incertidumbre de la vida; otros vieron carencia de mensaje, escapismo, sinsentido y superficialidad.

"Apareció finalmente un autoproclamado defensor del anti-teatro: explícitamente anti-realista y, por consecuencia, anti-realidad. He aquí un escritor dispuesto a declarar que las palabras no tienen sentido y que toda la comunicación entre los seres humanos es imposible", escribió en 1958 un crítico del London Observer, advirtiendo que se trataba de una visión personal válida, pero peligrosa de ser imitada. Le Figaro, por su parte, llamó sin rodeos a sus lectores a sabotear sus funciones.

"Su trabajo se caracterizó por la negación de las formas establecidas y su reemplazo por un diverso, original y nuevo lenguaje teatral. El clásico teatro realista que lo precedió, que ya estaba en decadencia y cuyos supuestos estéticos y culturales fueron borrados por la guerra, fue reactivado por Ionesco con la energía de un teatro novedoso y diferente", señala Juan Aguilera, académico de la Escuela de Teatro UC. Esto explicaría, en parte, el rechazo que generó su estilo, que lo emparentó con otros célebres dramaturgos de la época, como Samuel Beckett, Arthur Adamov, Harold Pinter o Fernando Arrabal.

Sin embargo, no sólo el absurdo aparente de sus obras explica el desprecio inicial de muchos hacia su trabajo, actitud que se reflejó en el fracaso de "La cantante calva" en 1950, donde, por cierto, no aparecía ninguna intérprete sin pelo -"¿A propósito, y la cantante calva?, pregunta en la obra el personaje del bombero, a lo que los señores Smith responden: "Se peina siempre de la misma manera"-. Fue también su rechazo al teatro militante lo que lo convirtió en el blanco de críticos y colegas como Arthur Miller, Bertolt Brecht y Jean-Paul Sartre, según Ionesco, "representativos del conformismo de la izquierda, tan lamentable como el de la derecha".

La ideología era para él lenguaje fosilizado, lo mismo que el lenguaje de la sociedad, al que describía como un cúmulo de "clichés, fórmulas vacías y eslóganes". "Ninguna sociedad ha sido capaz de abolir la tristeza humana, ningún sistema político puede librarnos del dolor de la existencia, de nuestro miedo a la muerte, de nuestra sed por lo absoluto", afirmó Ionesco, llegando a decir que una obra ideológica no es otra cosa que la vulgarización de una ideología.

Ni absurdo ni irreal

Si bien hace más de medio siglo que el dramaturgo rumano-francés desordenó las estructuras del teatro tradicional con su hilarante propuesta, el paso del tiempo parece no hacer envejecer a sus obras o, al menos, a los tópicos y los estilos que engloban. "Su legado está en la contradicción, el contraste, la no linealidad y el quiebre, que si bien son características que vienen desde antes en la dramaturgia, Ionesco les dio un cierto aspecto propio. Su teatro tiene que ver con un absurdo en el que el ser humano vive entre lo cotidiano y la trascendencia, y eso es, de alguna manera, la gran contradicción que propone", explica Héctor Noguera, quien actuó en 1996 junto a Bélgica Castro en una de las versiones chilenas de "Las sillas" (1952).

Los cientos de montajes que han tenido sus trabajos en el mundo reflejan, a su vez, que sus temas son tan universales -la mayor parte del dinero que generan los derechos de su obra provienen de fuera de Francia- como actuales. "Él comenzó a tratar muy bien el problema de la incomunicación, que se convirtió en uno de los tópicos capitales del teatro contemporáneo. Y lo hizo a través de juegos con palabras, los que serán, de algún modo, tomados por gran parte de los escritores posteriores. De muchas maneras, Ionesco sigue presente", explica el crítico de teatro Agustín Letelier.

Una opinión similar tiene Nissim Sharim, cuya cercanía con Ionesco se ha dado a nivel de espectador, actor e "intentos de dirección" -según explica-. "Sus obras no sólo conservan su vigencia, sino que además el estilo ha servido de base para la creación de múltiples trabajos de calificados dramaturgos modernos", afirma. A esto, Letelier agrega la influencia que ha tenido en lo meramente teatral, en el sentido de no entender esta disciplina artística como una forma de representar la realidad.

"Lo interesante de él fue decir que el teatro es una irrealidad siempre y, en vista de eso, lo mejor era acentuar la teatralidad. Eso lo están haciendo ahora de diversas maneras muchos dramaturgos", señala el crítico.

Entender al teatro simplemente como teatro y no como una ficción de la realidad fue uno de los legados que dejó Ionesco, pero también fue una de las razones que provocaron la incomprensión de sus contemporáneos, que lo acusaban de alejarse de la realidad. "Él no hacía un teatro del absurdo, por el contrario, hacía casi un hiperrrealismo en el que se percibían muy claramente las inconsecuencias del mundo", explica Letelier.

De aquí que líneas como "se puede demostrar que el progreso social está mucho mejor con azúcar" -dicha por el señor Martin en "La cantante calva"- no sea una simple bufonada sin sentido, sino un síntoma de un mal universal y vigente: hablar y hablar para no decir nada. Una prueba más que demuestra que el padre del anti-teatro o más bien su rey -para citar una de sus obras- no ha muerto.

Su influencia en el teatro chileno

De acuerdo con Juan Aguilera, " el primer estreno en Chile fue "La Cantante Calva" en 1959 por el Ictus. Posteriormente los teatros de la U. de Concepción, de Chile y de la U. Católica hicieron lo propio con este autor", señala el académico sobre la irrupción de Ionesco en Chile. El dramaturgo que mostró de manera más evidente su influencia fue Jorge Díaz (1930-2007) , "de quien se pensaba que era seguidor de él. Asimismo, m uchos de los juegos teatrales que hizo el programa de televisión "La manivela" de Ictus estaban siguiendo modos de Ionesco ", explica Agustín Letelier.

Frente a esto, Nissim Sharim, actual director del teatro que lleva ese nombre y antiguo miembro de ese grupo de actores, señala: "Es efectivo que en él ha influido el estilo del absurdo, desde que emergió Jorge Díaz como el gran dramaturgo que durante sus primeros años ejerció determinante influencia en las obras de Ictus y que, a su vez, tenía gran influencia de Ionesco". Esto quedó de manifiesto en obras como "Réquiem para un girasol" o "El Velero en la botella" , entre otras. Héctor Noguera también menciona a Díaz como el dramaturgo en el que el creador de "La cantante calva" tuvo mayor impacto, al menos durante el comienzo de su carrera.

"Hoy, Juan Claudio Burgos (1966), entre otros dramaturgos contemporáneos, está siguiendo un poco líneas que marcó Ionesco al principio", afirma Letelier. Noguera, en tanto, agrega el nombre de José Ricardo Morales (1915). "Él dice que no está influenciado por él, ya que comenzó a escribir sin conocer sus textos. Sin embargo, cuando uno lo lee, lo encuentra muy similar en algunos aspectos".


Ionesco según actores, directores y dramaturgos

Héctor Noguera
Actor y director de teatro. Actuó en la versión chilena de 1996 de "Las sillas".

"Desde la perspectiva de un actor, son personajes en los que no hay que basarse en la psicología, porque no nacen de ahí, sino que de las contradicciones mismas del ser humano y de su mundo imaginario. Lo interesante es que no se trata de estudiar caracteres. Son más bien algunos estereotipos que están movidos por su imaginario. "El rey se muere" es la pieza que más vigencia tiene en la actualidad".

Nissim Sharim
Actor y director de teatro. Actuó en la versión del grupo Ictus de "La cantante calva".

"El legado de Ionesco a la dramaturgia actual puede sintetizarse en el auge y profundidad que durante un lapso no desdeñable del siglo pasado ha tenido el llamado teatro del absurdo, que ha logrado una dimensión crítica adicional a las estructuras y formas de convivencia de la sociedad moderna. Una de las dificultades para un actor en sus obras es la tentación de ilustrar el absurdo, tratando de construir personajes falsamente ridículos. Creo que es más serio y artísticamente válido esperar que tu conducta escénica, al chocar con la ridiculez de algunas circunstancias, sea lo que produzca el absurdo".

Benjamín Galemiri
Dramaturgo chileno. Entre sus obras están "Déjala sangrar" y "Edipo Asesor".

"Ionesco fue un tsunami en la historia de la dramaturgia universal, puso "patas para arriba al mundo del teatro". Dio vuelta la visión de la escritura, la visión de la escena, y se involucró especialmente en el mundo del lenguaje. Fue ahí donde se manifestó de mayor manera la insurgencia, la rebelión de Ionesco. Sus obras permanecen muy vigentes, al igual que su influencia, que es muy grande. Siguen apareciendo "ionesquitos" chicos en el mundo. En Chile, de repente, la gente escribe al estilo de él y muchas veces ni se dan cuenta. Su influencia durará hasta el fin de los tiempos".

El dramaturgo que odiaba el teatro

"Leí ficción, ensayos, fui al cine con placer. Escuché música de vez en cuando, visité galerías de arte, pero casi nunca fui al teatro", confesó Ionesco en 1958 en su ensayo "Experiencia del teatro", donde explicaba que le daba vergüenza ajena presenciar la actuación de los repartos sobre un escenario. "Ir al teatro era para mí ir a ver gente, aparentemente seria, haciendo un espectáculo de sí mismos". La disciplina teatral, en definitiva, le disgustaba.

Según cuenta el crítico literario Martin Esslin en "El teatro del absurdo" (1961), nada indicaba en su vida temprana que se convertiría en un dramaturgo, menos aún en uno famoso y respetado. Cuando niño soñaba con convertirse en un santo y luego quiso ser un gran guerrero, afán que lo llevó a escribir a los 13 años -a pesar de su fuerte rechazo hacia el teatro- un drama patriótico, su primera obra.

Nacido en Slatina, Rumania, Ionesco fue llevado al año de edad a Francia, donde vivió gran parte de su infancia. Posteriormente regresó a su país natal para estudiar en la universidad, pero luego se radicó definitivamente en Francia. Esto explica la disputa que el país galo y Rumania han tenido frente al tema del legado de Ionesco, sobre todo a causa de su centenario: mientras su tierra natal intenta homenajear a "al gran dramaturgo rumano", su hija Marie-France alega que su padre era francés.

Noticia nº: 3334 | 09-12-2009




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