NoticiasActualidadLiteraria/EDL/28-01-2010El final del pez plátano: Murió Jerome David Salinger en New Hampshire

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 El final del pez plátano: Murió Jerome David Salinger en New Hampshire

J. D. Salinger
Jerome David Salinger (1919-2010) fue un escritor estadounidense conocido principalmente por su novela El guardián entre el centeno, que se convirtió en un clásico de la literatura moderna estadounidense casi desde el mismo momento de su publicación, en 1951. La publicación de El guardián entre el centeno supuso un escándalo en la sociedad estadounidense que por aquél entonces se aferraba a los valores del «sueño americano», en el que todo se presentaba como posible, y la visión del protagonista acerca de la hipocresía social, el sexo, el alcohol, las drogas, la prostitución etc. Todos asuntos sobre los que no se hablaba abiertamente, y menos aún con el lenguaje puesto en boca de un adolescente.

Informan Agencias

Reclusión voluntaria

A partir de aquí Jerome D. Salinger dedicó su empeño a permanecer oculto y defender su vida privada hasta unos extremos que muy poco hemos podido saber de él. Sumido en la reclusión que eligió desde el comienzo de su carrera, y sin publicar un trabajo en más de 40 años. «Me gusta escribir. Amo escribir» -dijo Salinger en 1974 en una de sus raras entrevistas con «The New York Times»- ,«pero escribo sólo para mí mismo, y para mi placer».

La noticia de su muerte fue anunciada por el periódico The New York Times.

Este desdén por la publicidad y la empecinada defensa de su vida privada, tan alejada del culto a la exhibición y la fama de la cultura actual, rodearon a Salinger de un «misterio» que los medios han retratado en artículos ocasionales. Salinger tenía ya 32 años cuando debutó en 1951 con «El guardián entre el centeno», una historia de un adolescente rebelde y sus experiencias quijotescas en Nueva York, que encumbró al escritor a la cima de la escena literaria.

Su descripción de la alienación del protagonista, Holden Caufield, y la pérdida de inocencia de los adolescentes y su paso a la vida adulta, ha probado su perdurabilidad: aún ahora se venden cada año unos 250.000 ejemplares. La primera edición de la novela, que fue controvertida por la libertad con la que describía la sexualidad y la rebeldía adolesente, puede encontrarse en eBay a precios que superan los 1.300 dólares. La fama envió a Salinger a la evasión de la atención pública, su reticencia a las entrevistas y su rechazo del escrutinio de su vida privada. Aún hoy se venden cada año unos 250.000 ejemplares de «El guardián entre le centeno».

Salinger no publicó otro trabajo literario con su firma desde la novela Hapworth 16, 1924, que apareció en «The New Yorker» en junio de 1965. Y no concedió entrevistas desde 1980. El autor, hijo de un judío próspero importador de quesos kosher y de una escocesa-irlandesa convertida al judaísmo, creció en un apartamento de Park Avenue, en Manhattan, estudió durante tres años en la Academia Militar de Valley Forge y en 1939, poco antes de que lo enviara el Ejército a la guerra, tomó una clase sobre cuentos cortos en la Universidad de Columbia.

Como soldado de infantería, Salinger participó en el desembarco aliado en Normandía, en 1944, y durante sus primeros meses en Europa se las arregló para escribir cuentos. De sus mayores, Salinger consideraba a Ernest Hemingway, a quien conoció en París, y a John Steinbeck como escritores de segunda categoría, pero expresó su admiración por Herman Melville. En 1945, Salinger se casó con una médico francesa de nombre Sylvia, de la cual se divorció. En 1955 se casó con Claire Douglas, unión que concluyó también en divorcio en 1967, cuando se acentuó la reclusión del escritor en su mundo privado y su interés en el budismo zen.

Las primeras historias cortas de Salinger se publicaron en revistas como «Story», «Saturday Evening Post», «Esquire» y The New Yorker en la década de 1940, y la primera novela «El guardián entre el centeno» se convirtió de inmediato en la selección del Club del Libro del Mes y le atrajo enorme elogio internacional. La fama envió a Salinger a la evasión de la atención pública, su reticencia a las entrevistas y su rechazo del escrutinio de su vida privada que se han mantenido hasta el momento de su muerte.

En 1953 publicó «Nine Stories», una colección de cuentos cortos; en 1961 otra novela, «Franny and Zooey», y en 1963 una colección de novelas cortas llamada «Raise High the Roof Bean, Carpenters and Seymour: An introduction». Durante la década de 1980, el escritor estuvo envuelto en una prolongada batalla legal con el escritor Ian Hamilton quien, para la publicación de una biografía, usó abundante material epistolar de Salinger.

Una década después, la atención mediática que tanto rehuía volvió a posarse en el autor, debido a la publicación de dos libros de memorias escritos por dos personas allegadas a él: su ex amante Joyce Maynard y su hija Margaret Salinger.


El amor y la asfixia

Publica Página/12

Por Juan Forn

La consagración de Salinger empezó con la espléndida crítica que escribió Eudora Welty para The New York Times sobre los Nueve cuentos. Titulada "Criaturas de Dios", decía en determinado momento que los jóvenes protagonistas de los cuentos de Salinger estaban "condenados" al amor, a ser amados. Diez años después, y también en The New York Times, John Updike escribió la que sospecho es la más lapidaria de las críticas que recibió Salinger en su carrera. Comentando Franny & Zooey, Updike decía: "Salinger ama a la familia Glass más que Dios. Los ama con tanto celo que ha quedado encerrado sin llave ahí dentro".

Creo que ambas frases son igualmente ciertas y que marcan, la una y la otra, el inicio y el ocaso de la relación que uno establece con Salinger. La epifanía al descubrirlo; los diez años de leer y releer sus cuatro libros, y de conseguir los cuentos que no quiso reunir en libro, y encontrar ahí más fogonazos de genio (cuando se reediten "The Inverted Forest" y "The Varioni Brothers", acuérdense de mí), el comienzo entretanto de la decepción (en dos direcciones paralelas y simultáneas: ¿por qué no publicó más? y ¿por qué publicó ese mamarracho llamado "Hapworth 16, 1924", el último cuento que mandó al New Yorker, antes de llamarse a silencio?). Mientras tanto uno se va acercando a los cuarenta y, como sucede con tantos otros ritos de pasaje, un día, sin darse cuenta siquiera, manda a Salinger al desván de los recuerdos, de los buenos recuerdos de juventud.

Obviemos piadosamente los libros que escribieron sobre él la golfita Joyce Maynard y la propia hija de Salinger, Margaret. Obviemos también la pomposa y tramposa biografía que le dedicó el británico Ian Hamilton. Y especialmente, tratemos de olvidar, al menos hoy, el día de su muerte, sus desafortunadas, neurasténicas apariciones finales en la escena pública, exigiendo a través de millonarias querellas judiciales que se lo dejara en paz. El tipo descansa en paz, finalmente. En poco tiempo sabremos si siguió escribiendo todos estos años, o no. Y si, antes de morir, mandó quemar todos esos papeles inéditos o se publican póstumamente. Quizá vuelva a maravillarnos, quizá vuelva a decepcionarnos. Pero ni lo uno ni lo otro borrarán el relámpago de gloria que produjeron y seguirán produciendo "Para Esmé" o Levantad, carpinteros en la persona que los lee por primera vez.

Noticia nº: 3361 | 28-01-2010
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